UNA INVESTIGACIÓN DEL DR. RICARDO FEDERICO MENA

Las calles de Salta y sus nombres: Calfucurá

El Intransigente comenzó este especial que enorgullece a los salteños. Cada semana una entrega para saber sobre aquellos que nos identifican

  • sábado, 12/05/2012 | 23:02 hs
Calfucurá



CALFUCURÁ

CALLE DE NUESTRA CIUDAD

UBICADA SEGÚN PLANO MILENIUM EN

24-C3






Juan Calfucurá o Callvucurá (del mapudungun Kallfükura, "azul" y kura "piedra", "piedra azul") fue nacido en Llaima -Araucanía-. Se trataba de un cacique mapuche del siglo XIX, que según la tradición, nació al oeste de los Andes en Llaima , más precisamente en el Ngulu Mapu, aunque también existe otra versión que sitúa su nacimiento en Cólico -cerca de Pitrufquén- en el actual territorio chileno. Calfucurá y su gente pertenecían a la parcialidad huiliche, asimilados desde hacía muchísimo tiempo por sus vecinos mapuches. Por aquellos tiempos se encontraban ya totalmente asimilados a la parcialidad araucana. Fue uno de los grandes caciques que tuvo la pampa argentina, que combatió en defensa de su territorio con bravura, contra los ejércitos criollos comandados sucesivamente por los generales Mitre y Sarmiento.


La historia del poder ostentado por Calfucurá comienza cuando Juan Manuel de Rosas en el año 1829, declara la guerra a los indios rebeldes, manifestando su voluntad de negociar con los aborígenes pacíficos. El entonces cacique rebelde era Toriano, perteneciente a la parcialidad de los Pampas, que eran por aquellos tiempos secundados por Calfucurá y su hermano Antonio Namuncurá. Toriano fue finalmente derrotado por las tropas de Rosas en Tandil. La campaña de Rosas contó con la ayuda de los indios “borogas”. Tras el fusilamiento de Toriano, los borogas comenzaron a perseguir a los vencidos hasta que, luego de tres años, Calfucurá les tiende una emboscada, matando a lanza viva a unos mil guerreros. No contento con esto, se llevó cautivas a todas sus mujeres. El escarmiento como vemos fue brutal, y ensombrece la figura de este caudillo de las pampas.


Rosas aprovechó esta circunstancia para avanzar sobre la pampa, matando a cuanto cacique se le ponía enfrente. Esta situación sacudió a Calfucurá llamado también “Piedra Azul”, como ya lo habíamos comentado, obligándolo a tomar el mando de la indiada, para formar la “Confederación Araucana”, aunque para tomar el mando debió previamente matar al cacique chileno Railef.


Corría el año 1829-1830 cuando Rosas lo convoca, como integrante de las fuerzas de Toriano para combatir a los ranqueles. Posteriormente Calfucurá no ataca a los ranqueles, sino que masacra como habíamos comentado al grupo chileno de los borogas, aliados de los realistas hermanos Pincheira. Rosas le otorgó el rango de Coronel del ejército de la Confederación Argentina y entró en alianza con él, firmando un pacto por el que debía recibir anualmente 1.500 yeguas, 500 vacas, bebidas, ropas, yerba, azúcar y tabaco. Estas mercancías eran redistribuidas por él entre sus aliados, particularmente entre los del oeste de la cordillera, que defendían sus espaldas de un posible ataque de rivales.


En 1832 Calfucurá y su hermano mayor Antonio Namuncurá eran capitanejos del cacique Toriano cuando éste fue vencido y fusilado en Tandil luego de ser derrotado por los borogas. Entre sus jefes estaban caciques Rondeau, Melín e Ignacio Coliqueo.

Posteriormente los borogas entraron en alianza con el jefe de los rankülches, Yanquetruz, por lo que Rosas alentó a Calfucurá para enfrentarlos. Esto de acuerdo a lo dicho por Calfucurá en una carta del 27 de abril de 1861:

“También le diré que yo no estoy en estas tierras por mi gusto, ni tampoco soy de aquí, sino que fui llamado por don Juan Manuel, porque estaba en Chile y soy chileno; y ahora hace como 30 años que estoy en estas tierras”.

Augusto Guinnard, francés que fue cautivo y ganó la simpatía de Calfucurá hasta llegar a ser su secretario, lo describe como representando no más de sesenta años (Guinnard asegura que tenía más de un siglo) y agrega: “su cabellera negra todavía daba marco a una vasta frente sin arrugas, que los ojos vivos y escrutadores hacían muy inteligente. El conjunto de la fisonomía de este jefe, aunque con cierta dignidad, recordaba perfectamente, sin embargo, al tipo de los patagones occidentales a quienes remontaba su origen. Como ellos, era de alta estatura, tenía los hombros muy anchos, arqueado el pecho; la espalda un poco agobiada; el paso pesado, casi dificultoso… pero gozaba todavía de todas sus facultades; con la excepción de los dientes perdidos en un combate en que le habían partido el labio superior, este viejo los poseía todos, todavía intactos”.

Calfucurá junto a 200 guerreros se presentó ante los caciques borogas en señal de paz pero traicionándolos durante una reunión comercial en Masallé, los mató a lanza viva en septiembre de 1834. Allí murieron unos mil borogas, entre ellos Rondeau, Melin, Alun y Callvuquirque. Logró escapar el cacique Coliqueo. Mató a los caciques boronas, pero perdonó a sus subalternos notificándoles a los caciques de la región que, por la voluntad del dios Guenechén él se había erigido en Jefe Supremo del gobierno de las Salinas Grandes, enviando a su hermano Antonio Namuncurá a entrevistarse con Rosas en Buenos Aires. Esto demuestra que entre los pueblos de la Pampa no había unidad sino un estado de paz armada entre las tribus, que se quebraba al menor indicio de desconfianza. La venganza llevada a cabo por Calfucurá contra los borogas, fue el origen de la Campaña al Desierto realizada por Rosas. Calfucurá posteriormente conformó una federación en Chillué o Chilihué ("Nueva Chile") en las Salinas Grandes, como está dicho en el párrafo anterior.

Reiteramos que, entre sus hechos guerreros, derrotó y mató al cacique mapuche boroga procedente de la Araucanía, Railef junto a 500 de sus guerreros en el lugar llamado Quentuco sobre el río Colorado. Había realizado previamente un malón sobre Córdoba, Buenos Aires y Santa Fe con una indiada compuesta con aproximadamente 2000 hombres. Volvían a la Araucanía con 100.000 cabezas de ganado. Calfucurá dominó un extenso territorio con la mayor parte de la Provincia de Buenos Aires y las de Neuquén, Río Negro, La Pampa, San Luis y el sur de Mendoza, recibiendo el apodo de “Emperador de las Pampas” . Controlaba con eficiencia las rutas comerciales de los Mapuches y la ruta de la sal que en aquellas épocas era de primordial importancia para la conservación de la carne.


El año 1840 fue el año en que Calfucurá pactó con Rosas, e hizo alianza con los indios ranqueles del cacique Painé y con los manzaneros de Valentín Sayhueque, además de Casimiro Biguá, cacique principal de los tehuelches. De esta manera también logró el dominio del norte de la Patagonia. También estableció una alianza con los wenteches (arribanos) de la Araucanía comandados por el cacique Quilapán y por medio de estos con los pehuenches de Purrán, quienes controlaban los pasos cordilleranos. Estas fuerzas fueron las que le dieron el poder y la confianza para enfrentar a los ejércitos argentinos y chilenos, como así también a sus rivales aborígenes. Entre ellos se encontraban los caciques Colipí, Catriel y Coliqueo en la Pampa.


Participó en la batalla de Caseros el 3 de febrero de 1852, donde Rosas perdió la batalla a manos del General Urquiza. Hizo la guerra en forma discontinuada al gobierno posterior.


No obstante ello, envió a su hijo Manuel Namuncurá, convertido luego al catolicismo a parlamentar con él y para reafirmar su voluntad, arrasó la ciudad de Azul con 5000 guerreros. El botín fue grande: 150 cautivas y 60.000 cabezas de ganado. Murieron en la refriega 300 personas.
 

En represalia Mitre salió en su busca siendo vencido en la Batalla de Sierra Chica en las proximidades de Olavarría. Recibió entonces el mote de “Napoleón del Desierto”. Derrotó asimismo al comandante Nicolás Otamendi en San Antonio de Iraola. También derrotó al General Hornos que venía al mando de 3000 soldados y 12 piezas de artillería en la localidad de San Jacinto el 29 de octubre de 1855.


Ensoberbecido por el triunfo atacó también los pueblos de Cabo Corrientes, Azul, Tandil, Junín y Melincué. También Olavarría, Alvear, Bragado y Bahía Blanca.


En marzo de 1872 tras el ataque a las tolderías de los caciques tehuelches Manuel Grande, Gervasio Chipitruz y Calfuquir por el coronel Francisco de Elías, comandante de la frontera sur con el que había firmado un acuerdo de paz en 1870, entró en 25 de mayo y se llevó a todos los indígenas que se habían rendido al gobierno, por lo que el presidente Domingo Faustino Sarmiento ordenó atacarlo. Calfucurá declaró formalmente la guerra a Sarmiento y saqueó la ciudades de 25 de mayo, Alvear y 9 de julio con 8.000 lanzas, resultando 300 civiles muertos, 500 cautivos y 200.000 cabezas de ganado robadas, pero el 11 de marzo de 1872 fue derrotado en la Batalla de San Carlos de Bolívar, actualmente en el partido bonaerense de Bolívar, por el general Rivas y los guerreros de Catriel.

Calfucurá murió el 4 de junio de 1873, siendo sucedido por su hijo Manuel Namuncurá. En 1879 durante la Conquista del Desierto, (Roca) su tumba fue profanada por soldados del teniente Levalle, en venganza por los muertos en manos del cacique. Son muchas las vidas de pobladores rurales que murieron asesinados por lanceros de Calfucurá en sus reiterados ataques a las poblaciones gauchas de la pampa argentina y no pocos de los que padecieron estos ataques, se enrolaron en el ejército buscando represalia. Sus restos fueron más tarde transportados al Museo de Ciencias Naturales de La Plata a fines del siglo XIX, en donde permanecen aún. Hay varios pedidos en conflicto para que sean devueltos a sus descendientes.


Su nieto Ceferino Namuncurá murió en Roma cuando estudiaba para sacerdote católico en 1905, fue elevado a los altares como beato.


En torno a la figura de Calfucurá se han tejido numerosas leyendas, incluso mientras estaba con vida. Se decía, por ejemplo, que tenía dos corazones o que tenía a su servicio a un witranallwe (jinete fantasmal) que le ayudaba en las batallas. Según creían sus seguidores cuando Calfucurá era niño recibió una pequeña piedra de color azul de manos de un Huecuvu (espíritu maligno), convirtiéndolo en invencible.


Dentro de la historia de Calfucurá no podemos dejar de mencionar lo acontecido entre el Cacique y el Cura Bibolini, recopilado por el historiador Horacio J. Guido, el cual en el encabezamiento de su trabajo relata:


“¡Está loco padre! Le gritó el Sacristán en medio de la disparada. ¡Calvucurá, lo degüella en cuanto lo vea!

¡Vamos Padre, abandone la iglesia y lárguese con nosotros! Le gritó otro vecino.

¡Padre, le cuesta la cabeza…!

Mirá hijo, le contestó finalmente Bibolini, terminando el nudo del Pehual y estirando después el sobrepuesto con sus manos gringas-

A la vida nadie la tiene comprada, pertenece a Dios, y Él dispone…

Ahora voy a parar a la indiada…

“Después sin mirar a nadie, se arremangó la sotana, voleó la pierna con aspaviento, y tratando inútilmente de arreglar el trote de su famoso tordillo, enfiló hacia la polvareda que indicaba la cabeza del malón ”.  





Esto ocurría el 29 de octubre de 1859, a las puertas de la iglesia del pueblo de 25 de mayo. Calfucurá había asolado con dos mil lanzas toda la zona del oeste. No se sabe bien porqué, quedó parado frente a este germen de poblado, cuando todo estaba a su favor, pues la tropa de la Comandancia estaba perdida buscando un falso rastro. No tenía ningún peligro. Las fortificaciones vecinas, carecían de caballadas, y sufrían la impotencia del célebre Mayor Baldebenítez, cuyo coraje legendario y su fama de antiguo bandolero de los hermanos Pincheira-líderes de aquella famosa guerrilla realista desarrollada en Chile, asimismo asaltantes y cuatreros para servir a la causa-, en esta ocasión, no servía para nada. La población despavorida corría refugiarse en cualquier lugar ya sea en la parroquia, en las afueras o dentro del mismo caserío, esperando el minuto fatal.


Calfucurá desde que consumara su ingrata traición en Masallé, que le consagrara como jefe indiscutido no había cosechado nada más que triunfos habiendo doblegado a todas las tribus tehuelches y vorogamas, también habiendo federado a los ranqueles, a los pehuenches y a los huilinches, siempre con el respaldo de sus hermanos del otro lado de la cordillera. Era un hábil negociador y cobraba suculentos tributos para garantizar una paz que no siempre era cumplida. Además se carteaba con hombres como Urquiza y Mitre a los que juraba eternas lealtades. También era un orador incansable.


Recordemos que le declaró formalmente la guerra al presidente Sarmiento y fue derrotado en la batalla de San Carlos, en el actual Partido de Bolívar (Buenos Aires), y nunca más volvió a guerrear. Recluido en Salinas Grandes, Calfucurá pasó en adelante sus días inmerso en una profunda tristeza, hasta que el 4 de junio de 1873 dejó el legado de "no abandonar Carhué al huinca", porque ese era el paso obligado hacia el centro de la Confederación. El tiempo le daría la razón.



Lo que no se sabe es el porqué de su titubeo frente a débil población de 25 de Mayo. Hay varias versiones, una de ellas es la que sostiene Justo P. Sáenz, que en su obra “Baguales” que, habiendo apresado los soldados a un chasqui indio, le encontraron una carta cuyo texto decía: “Señor General Juan Calfucurá, Emperador de los Pampas/ Apreciado hermano: Deseo que al recibo de la presente se encuentre bien de salud en compañía de todos los suyos. Yo bien por ahora y esperando la visita de su gente que usted se sirvió anunciarme en su anterior. Ya sabe que el momento es aparente (sic), pues el Coronel Machado salió para adentro y el Tres de Línea se movió para Azul la semana pasada. Todo está como para que vengan ustedes. El negocio de Abregó, surtido como nunca; en el campo de Davel y en el de Juan Galíndez, recogerán yeguadas hasta decir basta. La azotea de Morales está muy poblada y no se han de hallar menos de tres mil vacas. Con que lo espero para el mes que viene, con la luna llena y cuide apreciado hermano de recomendar bien a sus lanzas que respeten mi casa”. La carta carece de firma.


Por otra parte, para Antonio González Rodríguez, en su libro “Crónica Histórica de 25 de Mayo”, la presencia de Calfucurá era en razón de una venganza pues en una pulpería fue muerto Juan de Dios Veloz a manos de don Pedro Besabé. El primero era muy amigo del Cacique Calfucurá. En realidad las razones podían ser muchas, pero lo cierto es que el malón estaba a las puertas del pueblo, y Calfucurá miraba con asombro algo se movía en su dirección. Se trataba de un personaje estrafalario montado en un tordillo medio mancarrón. Se trataba del padre Francisco Bibolini, nacido en Spezia en Italia en el año 1827. Fue un hombre de cierta preparación, fuerte y audaz, tan generoso como impulsivo. Era además poeta y gran conversador. Según cuentan algunos testigos era autor de algunos versos detestables, y sus sermones estaban a la altura de sus versos. Lo que sí no podía negársele es su condición de hombre de empuje, de decisiones y de gran heroísmo. Construyó de la nada su iglesia y, al lado de la misma una casa muy grande con sus propias manos, para alojar a los indigentes. Era un hombre singular y sin inhibiciones, al punto que se le inició un sumario judicial debido a que el obispo en una de sus visitas, encontró sobre la tumba del Rdo. Padre Rodríguez Soto, que decía así: “El finado cura Soto dejo 30.000 pesos para los pobres y el cura Seijo se los quitó”.Firmado, Francisco Bibolini . Luego de graciosas y sabrosas declaraciones de los testigos, el caso terminó con los huesos de Bibolini en la cárcel de Mercedes. Pagó su fianza su amigo Andrés Grillo. Luego de ello continuó con gruesos epítetos que le valieron un año de cárcel. Participó en política y presentó su candidatura a intendente, lo que naturalmente le costó el curato. Fue prestamista, ejecutó hipotecas y vendió propiedades y con el producto de esto mantenía a los pobres. Debió haber gastado todo durante su original ministerio, pues presentó una petición por una pensión vitalicia. Cumplió su ministerio tan especial, pero según el historiador Horacio Guido, supo jugarse el pellejo en los momentos de apremio para el pueblo.


Siguiendo con el relato, el cura Bibolini se situó frente a Calfucurá, y al hacerlo la indiada pretendió atravesarlo con sus lanzas. Su tordillo presa de gran susto lo tiró junto a la laguna que se llamaba “Médano partido”, pero desde aquél hecho pasó a llamarse “Laguna del Cura”. Hubo un parlamento en que no se sabe qué es lo que hablaron en sus diferentes idiomas. Pudo entenderse que fue el único malón pacífico que se registra en la historia. El cura le había prometido vicios, aguardiente, dinero, víveres con tal de que no agredieran a la población ni se llevaran cautivas. El cacique Calfucurá pernoctó esa noche en casa del cura, y se alejó junto a la indiada a la mañana siguiente, en medio de atronadores griteríos. Fue un hecho milagroso y sin explicaciones. Murió el 24 de mayo de 1907, y sus antiguos feligreses, con autorización eclesiástica levantaron en el atrio de la iglesia un monumento a su memoria.


“ Calfucurá fue sepultado con los honores de un gran cacique y en su tumba fueron enterrados sus ponchos, sus armas, su platería, sus mejores caballos, sus mejores mujeres- tenía tres docenas de ellas- y varias cautivas huincas, y unas veinte botellas de anís y ginebra, que fueron bebidas por sus saqueadores años después. El teniente Levalle fue entonces el encargado de recolectar los huesos y las pertenencias de quien había sido el temerario dueño y Señor de las pampas, los que finalmente recalaron a fines del 1800 en el museo platense”.









 Calfucurá III





Por el Dr. Ricardo Federico Mena
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Currículum abreviado del Dr. Federico Mena
 
El Dr. Mena- Martínez Castro es odontólogo y ha escrito dentro de su profesión diversos trabajos de investigación clínica, como asimismo acerca de variadas materias: Historia, Genealogía, Poesía, Novela, Teatro y Cuento. Pertenece a distintas instituciones académicas de la región y de Buenos Aires, entre ellas es Miembro de Número del Centro de Estudios Históricos y Genealógicos “Gens Nostra” (Centro de Estudio Hispanoamericanos) con sede en Buenos Aires, Miembro correspondiente del Centro de Estudios Genealógicos de Tucumán, Miembro Fundador y de Número del Centro de Investigaciones Genealógicas de Salta, Miembro Correspondiente del Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos, Miembro de los Institutos Güemesiano, Belgraniano y Sanmartiniano de Salta, etc. Es autor de importantes trabajos dentro del cancionero popular, dos veces ganador en el Concurso Nacional de la Zamba ( zambas destacadas). Ha recibido numerosos premios provinciales y nacionales en su quehacer, entre los que se encuentran, el Primer Premio de Novela en el año 2000. Ha recibido de la Provincia de Salta el Premio al Mérito Artístico, etc. Colabora con EL INTRANSIGENTE en su columna
“Las Calles de Salta y sus Nombres”.












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