Demasiados caudillos y aspirantes a dictadores absolutos hemos tenido en apenas dos siglos de vida
ARGENTINA.- Cada fecha patria es una nueva oportunidad, siempre actuada formalmente como tal, pero que en los hechos, a partir del día siguiente, comienza a exhibir su rostro farsesco.
Los discursos de quien encabeza el gobierno de turno, fatalmente sugieren que ese turno tendrá que ampliarse para, por fin, consumar la más inmensa gesta redentora del destino para el que nació Argentina. La “ampliación”, obviamente, significa la reelección o la re-reelección” del orador. Es el viejo y dañino artificio del que vale el personalismo -hijo natural del caudillismo- para justificar su apetito de poder sin fronteras.
Allí, creo, está el origen de la dificultad endémica de la Argentina para convertirse de una vez y para siempre en una república, cuyo funcionamiento está reglado por una Constitución que todos respeten. Demasiados caudillos y aspirantes a dictadores absolutos hemos tenido en apenas dos siglos de vida independiente.
La hora de temblar
Son demasiados escasos los ejemplos de hombres con vocación democrática y noción de las limitaciones temporales en el de la máxima magistratura. Cada vez que algún elegido de la Historia, o sus adláteres más íntimos, comienzan a hablar de profundizar la experiencia, tiemblan la Constitución, los jueces y cualquier ciudadano amante de las libertades.
A veces, cuando las capas sociales entran en calentamiento por fricción y la temperatura del país entero indica la proximidad de una fiebre, nos atormenta la cercanía o el peligro cierto de una ruptura de la marcha. Entonces concluyo que mientras los argentinos no sepamos honrar la sacralidad de la ley, seguiremos atados a la desventura de las aventuras.
Los militares
Antes, buena parte de la población derramaba culpas sobre la excesiva influencia militar ya politizada. Raúl Alfonsín, con admirable paciencia, empezó a desmontar ese andamiaje y Carlos Menem le dio el golpe presupuestario, obligado por el brutal caso Carrasco. Pero el gobierno actual sigue argumentando sobre grupos muy peligrosos para la estabilidad institucional.
¿A quiénes se refiere? Tal vez habla del sindicalismo, ese brazo implacable que el peronismo utilizó para combatir a otros gobiernos. Nadie lo sabe. Así de extraño y exótico es el momento.
Un reposo sin guerrero
Otro tramo para la polémica y el conflicto en el manejo de resortes básicos de la Justicia, ha quedado inaugurado con la decisión de Cristina de Kirchner de proponer a Daniel Reposo como procurador general de la Nación, es decir como el jefe de los fiscales federales. Pero así como la sola mención de Norberto Oyarbide en cualquier asunto que vaya a lastimar la honorabilidad de un funcionario ligado al gobierno pone los pelos de punta en la oposición, este nuevo nombramiento ya levantó crispación.
No es para menos: los primeros datos del curriculum de Reposo no son alentadores acerca de su probidad: se recibió de abogado en la UBA con un promedio de 4,7 puntos, lo que define palmariamente su mediocridad como estudiante, como para ser el jefe de las fiscalías. Por otro lado en la carta de antecedentes para competir por tan alto cargo en la justicia, está plagado de falsedades sobre sus méritos académicos.
Los ámbitos de la Justicia superior se sienten ofendidos una vez más. La institucionalidad argentina dio un paso más hacia su denigración.
El INTRANSIGENTE.COM ©
Copyright