ARGENTINA. - Hace unas horas nada más,
Cristina Fernández, embriagada del triunfalismo por la
estatización de YPF, declaró que “Hay que llamar a la memoria y dar vuelta la historia del país”. Momentos antes nada más, el
historiador Osvaldo Bayer en la Feria del Libro al presentar su libro “Historia de la crueldad argentina y el genocidio de los pueblos originarios”, pide quitar el
monumento de Roca emplazado en el centro porteño y enviarlo a la estancia de sus descendientes para que “lo contemplen los domingos cuando se levantan a las once de la mañana”.
En ambos casos hay un evidente desprecio por la ciencia de la Historia, que es ciencia particular, porque si bien tiene un objeto definido que es el hombre y sus circunstancias, tiene la particularidad de que el resultado final de su estudio pocas veces es objetivo, por lo que resulta necesaria una gran cuota de honestidad intelectual para conducirse en este terreno de la ciencia histórica.
La Historia propone el desafío de llegar a la Verdad sobre hechos del pasado para conocer de qué manera fueron las cosas, estudiar sus antecedentes y consecuencias que son irreversibles, que no se pueden cambiar, porque así fueron hechas las cosas.
El revisionismo histórico es muy saludable siempre y cuando vaya en busca de esa verdad histórica y no se utilice para darle a esos hechos del pasado matices ideologizados según el parecer y la conveniencia política de la coyuntura actual, sencillamente porque no es serio ni mucho menos científico.
Adelanto que he valorado siempre la obra de Osvaldo Bayer, considero magistral su relato sobre la expoliación a que fueron sometidos los primeros inmigrantes desarrollado en “La Patagonia Rebelde”, en mi humilde opinión una de las obras más significativas que retratan ese periodo fundacional de la Argentina moderna, luego de las Presidencias Históricas y antes del periodo democrático instaurado por Hipólito Yrigoyen.
Ciertamente que nadie puede negar los excesos que se cometieron durante aquella expedición comandada por Julio Argentino Roca, como tampoco se puede negar los negociados que se hicieron con las tierras tomadas a los aborígenes que dieron origen a los grandes latifundios luego colonizados por los inmigrantes.
De aquella expedición surgieron las más grandes fortunas argentinas que luego dilapidaron en París los descendientes de los protagonistas de aquellos días.
Tampoco se puede dejar de recordar que bajo la presidencia de Roca se dictó la Ley de Residencia, sin duda un baldón para una Argentina que había consolidado su pujanza y modernización mediante la consolidación de esa clase media formada por la mixturación de criollos e inmigrantes. Mediante esa ley se permitía expulsar del país en cuestión de horas a todos aquellos que el gobierno considerara “indeseables”, categoría en la que revistaban generalmente los líderes del anarco-sindicalismo.
Lo que preocupa entonces es esta resignificación que de la Historia Argentina se pretende hacer. Ya tenemos los últimos treinta años contados no sólo a medias sino de manera parcializada y malintencionadamente subjetiva.
Ahora parece que estamos inaugurando un revisionismo histórico dispuesto para justificar un régimen que busca la negación de los hechos de la historia y su reemplazo por interpretaciones antojadizas que pretenden utilizarse como libros de texto en las escuelas –según el propio Bayer-, lo cual no sería otra cosa más que una desfiguración de la Historia Argentina.
Lamentable espectáculo el de este Osvaldo Bayer que rinde su ciencia al servicio de una militancia ideológica utilizándola como instrumento o bandera política.
Los hechos de la Historia deben ser evaluados en su tiempo y en su contexto, lo cual no significa negarlos o distorsionarlos como lo hizo en su momento la llamada “Historia Oficial” o como trató de hacerlo el revisionismo liberal de la derecha católica. Siempre los extremos son malos.
Lo que hizo Roca no es muy distinto de lo que hicieron todos los pueblos desde la antigüedad más remota y lo siguen haciendo actualmente aunque los modos hayan cambiado.
Vienen ajustadas al caso para responder a la pretensión de Bayer de demonizar la historia las palabras escritas por un compañero de ideología suyo como es el Ministro de la Corte Suprema, Eugenio Zafaroni, quien en su trabajo “Positivismo, Eugenenia y Política: “Clases Peligrosas”, dice: “(…)Todo evoluciona por catástrofes, triunfan los más fuertes y así se reproducen éstos y mejoran las razas, mientras sucumben los más débiles, cuya supervivencia haría que la raza involucionara y desapareciera. En esta línea trabajaron los antropólogos que legitimaron los genocidios neocolonialistas; entre éstos, uno de los más terribles fue, en la entrada del siglo XX, el de Leopoldo II de Bélgica en el Congo, que acabó con más de dos millones de seres humanos. Hoy tiene un museo y monumentos ecuestres en Bruselas.”
La historia debe enseñar como es y los monumentos son expresiones de esos momentos históricos. Señalan cómo pensaba y actuaba esa sociedad en un momento determinado de su desarrollo. Es propio de los pueblos civilizados y avanzados intelectualmente asumir su historia y crecer cambiando rumbos a partir de ella, pero no convertirla en folletos políticos.
Lamentablemente, ésta es la Historia, así se realiza y avanza. Norteamérica levanta su poderío y su acendrado nacionalismo sobre el genocidio de Sioux, Pieles Rojas, Cherokee, Cheyenne, Comanches que comenzó con la compra de La Lousiana por Thomas Jefferson, y nadie ha planteado borrar su efigie del Monte Rushmore.
Esa expresión de la Presidente, “Hay que llamar a la memoria y dar vuelta la historia del país” revela que más bien están dando vuelta la historia para que el país pierda la memoria.-
Por Ernesto Bisceglia
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Breve CV de Ernesto Bisceglia
Periodista, escritor y docente de Filosofía, Formación Ética y Ciudadana, Historia del Pensamiento Jurídico y Político, Historia de las Religiones.
Ha publicado "Estampas de Salta" (1997); "Salta, el Capítulo de la Fe" (1998); "Masones, liberales y jacobinos, la otra guerra de Belgrano" (2005); "Formando Ciudadanos, un desafío cívico" (Manual, 2009); "El Pueblo debe saber de qué se trata - Doscientos años de Periodismo en la Argentina" (2009); "El Alma Franciscana de Salta" (2010); "Compendio de Historia de la Iglesia y la Evangelización americana, en las Provincias Unidas y en el Obispado de Salta" (2010). En el género de Novela, ha publicado "Su Santidad, el Anticristo" , premiada en los Concursos Literarios Provinciales 2010. Tiene publicados varios trabajos de investigación sobre temas docentes y jurídicos