El Gobierno ya no tiene compactación alrededor de la figura que lo lidera. La Casa Rosada dejó de tener un solo despacho relevante
ARGENTINA.- De sólo estar, fue como una “vuelta de campana” lo que puso al país en un trance hasta hace poco impensable. Algunos movimientos llamativos en el elenco ministerial -el de Julio De Vido dejó varios ceños fruncidos y otros gestos que más bien eran triunfales- dispararon la noticia de que el gobierno ya no tiene compactación alrededor de la figura que lo lidera. La Casa Rosada dejó de tener un solo despacho relevante, único. Ahora, según versiones sólidas que se repiten y crecen, la sede del Poder Ejecutivo adquirió esa atmósfera tan especial que envuelve a los ambientes donde se cuecen ingredientes delicados.
El horno y los bollos
La propia agitación de Cristina Fernández, traducida en su presencia directa en actos públicos menores, en los que nunca deja de ensayar un discurso obstinadamente progresista, ratifica el “algo pasa” de los rumores. Randazzo ganó terreno; el senador Aníbal Fernández -antiguo jefe de Gabinete- se permitió definiciones ultraístas sobre el tema del dólar y los pesos que terminaron en una dura reprimenda; el impresentable postulante a jefe de los fiscales federales de todo el país resbaló hasta el ridículo en el examen que le tomó el Congreso y debió abdicar antes de asumir; en fin... hay suficientes señales que indican que “el horno no está para bollos”, como decimos en el norte.
Asesores lúcidos
Algunos asesores iluminados, de esos que por 40.000 pesos son capaces de honrar a la patria, sugirieron a la Presidenta reconocer que la crisis económica y política que tiene a mal traer al Primer Mundo, ha de llegar inexorablemente hasta nuestras costas. Una deducción lúcida y estremecedora, si no fuera que ya la previeron Uruguay, Brasil, Chile, Perú, Paraguay, es decir todo el vecindario de Sudamérica. Los gobiernos de todas esas naciones, desde 2011, están abocados, a proceder con medidas concretas de previsión. La Argentina, no. La Presidenta, recién en estos días, está resignándose a mencionar la situación, mientras Obama anunciaba la eliminación de todas las ventajas adicionales que productos argentinos recibían por exportarlos a Estados Unidos. En económicas palabras, se puede afirmar que en la sortija en la que se engarzan los momentos ingratos, Cristina debió contabilizar en muy poco tiempo demasiados sinsabores.
Orden de Olivos
Sin dudas, el más hiriente fue el de Daniel Reposo, porque por primera vez y de manera palmaria, la oposición legislativa le hizo saber, con mucha claridad que los antojos autoritarios, a partir de ahora, pueden chocar con límites, con frenos y algunas lecciones dolorosas. La forma en que Reposo decidió “per se” el retiro de su postulación no convenció ni al más incauto ciudadano. Fue demasiado nítido que la orden vino de arriba, luego del papelón en el Congreso, en cuyo transcurso el mendocino radical Ernesto Sanz asestó varios mandobles que dieron en el blanco, para desesperación de los kirchneristas encargados de proteger al candidato. Desde Tucumán donde se hallaba participando de un Congreso, Reposo no pudo hacer honor a su propio apellido: no tuvo ni un minuto de tranquilidad.
Casillero lleno
Por si acaso a la Presidenta le faltaban fichas para el casillero de las desventuras, en los últimos días aparecieron reuniones amables del camionero Hugo Moyano con Daniel Scioli (dos enemigos “condenados” por Cristina) y un sector del radicalismo. ¿Qué se proponen, en el fondo?. Por lo pronto ya consiguieron un objetivo, que es el de mellar la sensación de seguridad que acubó en los últimos años la Presidenta, a la sombra de aquel antológico 54% de octubre. Varios encuestadores aseguran que ese volumen electoral comenzó a disgregarse. Habrá que discutir en qué proporción.
Por Dardo Nofal para
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