SAN MIGUEL DE TUCUMÁN
ARTERIA DE NUESTRA CIUDAD EXTENDIDA SEGÚN PLANO 18 A2-19 B2, B5-20 C2-GUÍA MILANO
La historia de San Miguel de Tucumán, comienza cuando fue fundada en el sitio de
Ibatín, lugar así llamado por los indígenas. Esta ciudad arquetípica de la conquista, desempeñó un papel fundamental en el afianzamiento de los conquistadores españoles en todo lo que hoy es nuestro país.
Es precisamente al sudoeste de la provincia de Tucumán en el mencionado paraje de Ibatín, en los faldeos del Aconquija, junto al
Río de Pueblo Viejo, que baja por la
Quebrada del Portugués, el lugar donde se emplaza la primera San Miguel, constituyendo de esta manera una de las primera ciudades fundadas por los españoles durante los primeros y gloriosos años de la conquista y de la colonización del noroeste argentino. Aquí rescatamos la figura de un valeroso
Capitán, don Diego de Rojas, que fuera el primer español que, a fines del año 1543, al mando de sesenta hombres, llegó a este territorio denominado
Tucma por los indígenas, al que los hispanos luego, por deformación fonética, denominaron Tucumán. Esta voz Tucumán, puede decirse que es un misterio, y se han dado decenas de versiones acerca de su etimología. Según
Páez de la Torre el padre Guevara decía que: Tuca, significa “todo” y “mana” que es una negación, o sea que vendría a ser “nada de todo”, que es lo que habrían contestado al Inca, los emisarios que había mandado a averiguar si había oro. Para
Adán Quiroga, sería: “dirección donde acaba”.Este valiente Capitán, de quién estamos hablando había militado anteriormente en la conquista del Perú, siendo querido entre la tropa, por su naturaleza bondadosa y recta, además de sus grandes cualidades militares. Los expedicionarios llegaron a la frontera del Tucumán en 1542, o sea diez años después de haberla atravesado la expedición de
“Los Césares”. Los pueblos indígenas se habían retirado al interior de las montañas, y el señor de los indios, muy poderoso por la cantidad de vasallos, se opuso a su entrada haciendo una raya en el suelo y prohibiendo pasar adelante, so pena de ser castigados. Mientras don Diego hablaba con el jefe, la tropa española comenzó a correr por los campos inmediatos, y los indios presa de gran temor, le prometieron vasallaje. Don Diego esperaba a otro valeroso Capitán, don Felipe Gutiérrez que, al mando de setenta hombres se incorporó para seguir con la conquista. Los aborígenes se defendieron bravamente, al punto que don Diego de Rojas al recibir una herida provocada por una flecha emponzoñada, muere a los pocos días, en el pueblo de Macay, en el año 1543, en medio de horribles dolores.
A la muerte de Rojas, la expedición quedó al mando de don Francisco de Mendoza y de
don Felipe Gutiérrez. Hicieron ciento cincuenta leguas hacia el este hasta encontrar territorio desértico, para volver sobre sus pasos y llegar hasta las márgenes del
río Soconcho.
(Río Dulce)
Posteriormente a esto, Mendoza toma prisionero a Gutiérrez, para quedar como único jefe de la expedición, pero éste logra escapar para dirigirse al Cuzco, donde lo sorprende la guerra civil. Allí es ejecutado por Gonzalo Pizarro.
Nicolás de Heredia, Maestre de Campo de Mendoza, intentó seguir a su jefe hasta el Paraguay, pero desconfiando el primero de la fidelidad de este último, lo reemplaza por
Rui Sánchez de Hinojosa. Heredia, disgustado por la medida lo asesina a traición, tomando el mando supremo desde aquel momento. Luego de Heredia, vendría Juan
Núñez del Prado (1549-1553).
El Presidente del Perú don Gonzalo de la Gasca, le confiere el mando en mérito a importantes y anteriores servicios prestados, y una importante cantidad de linajudos caballeros le siguieron, entre los que se encontraban, el Maestre de Campo Miguel de Ardiles, Alonso Abad, y Alonso Díaz Caballero, personajes de lucida actuación en la conquista. Aquí se produce el famoso conflicto entre las jurisdicciones de Chile y del Perú. Como consecuencia de ello la conquista del Tucumán se concedería don
Pedro de Villagra, ocupándose
Núñez del Prado a conquistar algunas de las tribus calchaquíes.
Posteriormente se intentaron realizar tres fundaciones en el mismo lugar, por razones estratégicas, dada la proximidad con Chile y la vecindad del camino por donde venían las corrientes conquistadoras desde el Perú. Eran estos los lugares donde el poder español ya se había afianzado. Otras de las razones de tanta insistencia era que la región tanto montana como pedemontana del Aconquija y de sus faldeos, era más fértil que las regiones semidesérticas que las rodeaban. Estas eran por demás aptas para la cría de las especies traídas de Castilla, abundante en vegetales, caza, frutos silvestres e ideal para la cría de ganados mayores y menores.
La primera fundación de la ciudad de San Miguel de Tucumán, se produce el 29 de septiembre de 1565. Los indios de la región venían siendo reducidos por
don Francisco de Aguirre, a la sazón Gobernador del Tucumán, pero tropezaba con el escollo de la belicosidad de los Calchaquíes, por lo que decidió fundar una ciudad que los contuviera, cerca de la ciudad de
Monteros, sobre la ribera del río denominado ahora de
Pueblo Viejo en memoria de aquel pueblo. Encomendó el Gobernador la fundación de dicha ciudad a su sobrino
don Diego de Villarroel. Se dio comienzo a los trabajos un
29 de septiembre de 1565, día de San Miguel Arcángel y en reverencia del cual la ciudad se denominó
San Miguel de Tucumán.
Entre los fundadores figuraban
: don Diego de Villarroel, Bartolomé Hernández, Fernando Quintana de los Llanos, González Sánchez Garzón, Hernán García de Miraval, García Medina, Luis Medina, Juan de Artaza, Miguel de Ardiles, (padre e hijo) y Santiago Sánchez.
El término
Ibatín, según el historiador tucumano,
Manuel Lizondo Borda, también conocido como Ebatín, es un vocablo perteneciente a la lengua tonocoté, derivado de
“eatym” que significa chacra o sementera de maíz.
El Tucumán de los primeros siglos del coloniaje comprendía la extensa región que abracaba más o menos las provincias actuales de Jujuy Salta, Tucumán, Santiago del Estero, Córdoba, Catamarca y la Rioja. Sus habitantes estaban relacionados entre sí por familias amigas, que tenían necesidad de defenderse o a veces encubrían odios irreconciliables que se manifestaban en contiendas sangrientas. Merecen especial mención
los Calchaquíes, que sobresalieron por su cultura y por su valor que tuvo a raya durante largos años a los conquistadores españoles, muchos de los cuales murieron en esta epopeya.
Los primeros españoles que atravesaron el Tucumán, fueron cuatro aventureros de la compañía de
Sebastián Gaboto, quienes al mando del oficial César, salieron de la fortaleza de
Sancti Espíritu, sobre la desembocadura del Río Carcarañá, y cruzando la región meridional del continente, lograron llegar hasta el Cuzco, dando noticias de los pueblos recorridos. Se llamó la excursión de
“Los Césares” en memoria del jefe de la expedición. Lo que hicieron durante un siglo los soldados españoles en América, en ningún tiempo, jamás se hizo. Nadie pudo desplegar esa altivez de desprecio ante la muerte ni nadie ha desplegado esa atrocidad de heroísmo durante todos los días de tantos años.
Persistía la idea de fundar en la zona, y el segundo español en penetrar en estos lares fue como decíamos anteriormente
don Juan Núñez del Prado, que siguió el mismo camino abierto por don Diego de Rojas, fundando la ciudad de
Barco de Ávila. Luego de algunas discrepancias sobre límites jurisdiccionales con la
Capitanía General de Chile, conservó su nombre hasta que en 1553 recibió el de Santiago del Estero, ciudad esta, que hasta 1558 fue la única que existió en la inmensidad geográfica de lo que hoy es el territorio argentino.
Para levantar
la ciudad de San Miguel de Tucumán en Ibatín, se eligió un lugar distinto, de donde se levantaron
Barco de Ávila y Cañete. Estaba en todo de acuerdo con las disposiciones de las Leyes de Indias, en lo relativo a fundación de ciudades; estaba al sur de la Quebrada del Portugués, y su clima registraba “buen temperamento”, por no tener temperaturas extremas, con
“bosques y arboledas muy crecidas”.
El 31 de mayo de 1565, como decíamos,
don Diego de Villarroel fundó la ciudad de Tucumán por encargo de
don Francisco de Aguirre, su tío, a la sazón Gobernador de Tucumán, habiendo mandado con anterioridad someter los indios comarcanos que habían quedado alzados, luego de la destrucción de la ciudad de Cañete. La planta de la primitiva San Miguel de Tucumán, luego de desmontado el terreno, abarcaba un cuadrilátero de siete cuadras de lado y 49 manzanas, de las cuales la central estaba reservada para la plaza pública. La cuadras tenían “sesentaiseis baras (sic) de largo y las calles un ancho de doce varas. (Las cuadras medían 138.76 metros de largo y las calles 10.04 metros de ancho). Esta jurisdicción abarcaba los distritos de
Choromoros al norte,
Chicligasta al centro y de Catamarca al sur y al oeste. Fue esta la única ciudad destinada a conservar el nombre genérico de la región y también una de las pocas destinadas a permanecer. La primitiva fundación de San Miguel de Tucumán en una descripción de Ricardo Jaimes Freire, citado en un texto del
Dr. Carlos Páez de la Torre decía (…)
Algunos grupos de casas aquí y allá, casi todas techadas de paja, con piso de tierra, pocas ventanas y extensos cercados para animales domésticos. Entre una casa y otra, anchos espacios vacíos (…) los edificios en su mayor parte hechos de barro y cañas. (…) En el centro del caserío un terreno vasto y cuadrado en medio del cual se elevaba la picota. (…) alguna construcción un poco mayor que servía de convento, y un edificio siempre en construcción destinado a las reuniones de Cabildo. La ciudad fue incendiada por los indios liderados por el
Cacique Gualán, indio de gran estatura y valor. El
Teniente de Gobernador Gaspar de Medina, en singular encuentro personal, enfrentó a Gualán, y logrando vencerlo, le cortó la cabeza con su espada. El historiador jesuita Pedro Lozano escribió que, en lo más fragoroso del combate se dejaron ver los santos patrones de la ciudad los
santos apóstoles Simón y Judas, que pusieron terror a los enemigos. Luego de morir su jefe, los indios huyeron en desbandada.
Los primeros tucumanos en realidad no la pasaban tan mal, pues la tierra era fértil y, al contrario de lo que ocurría en Santiago del Estero, las lluvias eran harto frecuentes, y los indios salvo el episodio de Gualán, eran pacíficos.
Al fundar la ciudad
don Diego de Villarroel, puso en alto el rojo estandarte real, circunvaló la plaza en señal de toma de posesión, seguido por una comitiva de 25 vecinos que formaron probablemente el plantel de la nueva ciudad; se plantó en un hoyo mandado a hacer para tal fin, el
Árbol de la Justicia, rollo o picota. A continuación dijo que en nombre de Dios, del Rey y del Gobernador del Tucumán, poblaba la ciudad de
San Miguel de Tucumán y Nueva tierra de Promisión, cuya Iglesia Mayor estaría dedicada a la advocación de la
Virgen de Nuestra Señora de la Encarnación. En ese momento probablemente se plantó la recia cruz de quebracho conservada en la Iglesia Catedral de la actual ciudad de San Miguel de Tucumán. La población de la ciudad en el año 1582 era de 25 vecinos, aumentando y en 1607, a 32 vecinos.
La ciudad quiso trasladarse desde su ubicación en Ibatín a una nueva ubicación, debido a múltiples factores entre los que se encontraban el nuevo trazado de la ruta al Perú, y a los desbordes del río ahora denominado de Pueblo Viejo.
El Gobernador Juan Diez de Andino pide permiso al rey para hacer el mencionado traslado en el año 1679, más específicamente en el mes de julio. El desborde del río hacía que el agua corriera por medio de las calles, y los habitantes al beber de esa agua contraían bocio, deteriorando además sus viviendas, careciendo los mismos, de los medios necesarios para arreglarlas. El sitio elegido para trasladar la ciudad era denominado
La Toma. Así es que, a pesar de algunas protestas entre ellas la de
don Claudio de Medina Y Montalvo, cabildante y vecino principal, el traslado se efectuó igualmente un 24 de septiembre de 1685
, “como a las ocho de la mañana más o menos”. El Teniente de Gobernador don Miguel de Salas y Valdés, acompañado por miembros del cabildo, caminó hacia la plaza, arrancó de allí el Árbol de la Justicia y lo metió en la carreta, junto con la caja del archivo de los papeles de esta ciudad y del Cabildo.
El Rey Carlos II dio permiso para el traslado en 1680, pero como vimos el mismo no se realizó hasta 1685. El día 27 entraría el
Alférez Real don Felipe García de Valdés en el nuevo sitio de la Toma. La nueva ciudad fue calcada de la vieja ciudad de Ibatín, distribuyendo para la Iglesia Matriz los dos solares que tenía frente a la plaza, como así también el solar para el cabildo que sufriera una modificación. En Ibatín estaba al oriente, pero los cabildantes siempre se quejaron del sol salvaje que hería sus ojos por las tardes. Se lo colocó finalmente en la ubicación que tiene la actual
Casa de Gobierno. Desde entonces los habitantes tucumanos se dedicaron con tesón a construir una nueva ciudad y una nueva esperanza, como lo revelan las actas del cabildo. Con los injustos altibajos de los últimos tiempos, esperemos con fe, que la ciudad siga construyéndose sin pausa, como lo pergeñaron sus fundadores.
Por el Dr. Ricardo Federico Mena
para

Currículum abreviado del Dr. Federico Mena
El Dr. Mena- Martínez Castro es odontólogo y ha escrito dentro de su profesión diversos trabajos de investigación clínica, como asimismo acerca de variadas materias: Historia, Genealogía, Poesía, Novela, Teatro y Cuento. Pertenece a distintas instituciones académicas de la región y de Buenos Aires,
entre ellas es Miembro de Número del Centro de Estudios Históricos y Genealógicos “Gens Nostra” (Centro de Estudio Hispanoamericanos) con sede en Buenos Aires, Miembro correspondiente del Centro de Estudios Genealógicos de Tucumán, Miembro Fundador y de Número del Centro de Investigaciones Genealógicas de Salta, Miembro Correspondiente del Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos, Miembro de los Institutos Güemesiano, Belgraniano y Sanmartiniano de Salta, etc. Es autor de importantes trabajos dentro del cancionero popular, dos veces ganador en el Concurso Nacional de la Zamba ( zambas destacadas). Ha recibido numerosos premios provinciales y nacionales en su quehacer, entre los que se encuentran, el Primer Premio de Novela en el año 2000. Ha recibido de la Provincia de Salta el Premio al Mérito Artístico, etc. Colabora con
EL INTRANSIGENTE en su columna
“Las Calles de Salta y sus Nombres