En estos días se está debatiendo en el Congreso Nacional la
despenalización de la tenencia de estupefacientes para el
consumo. Hoy, el consumo en su faz privada no está penalizado, de acuerdo con distintos fallos de la Corte en ese sentido. Sí lo está consumir o poseer drogas ilegales en la vía pública.
Desde hace tiempo cambió la naturaleza del negocio del narcotráfico en la Argentina: pasó de ser de logística ilegal a ser un negocio de consumo masivo. El narcotráfico hizo de la Argentina el primer consumidor de cocaína y marihuana por habitante de América latina. El 2,8% de las personas adultas en nuestro país consume cocaína con regularidad (aproximadamente 1 millón de personas) y más del 8% consume marihuana, niveles de prevalencia líderes en la región y similares a los de Estados Unidos y España.
El consumo de sustancias tóxicas, la drogadicción y la drogodependencia no son prácticas privadas sin consecuencias para el entorno social
Numerosos accidentes de tránsito que involucran a adictos afectan todos los días a terceros inocentes, la reiterada violencia y desesperación que genera el síndrome de abstinencia, la inducción a robar y hasta matar para conseguir más drogas. Los actos individuales privados requieren libertad y razonabilidad para su ejercicio y disfrute.
Está demostrado claramente que el consumo de estupefacientes deteriora la corteza cerebral, la sinapsis neuronal y el lóbulo frontal del cerebro, afectando la razón, los límites inhibitorios, la voluntad y los sentidos del consumidor, generando dependencia y cercenando su libertad de decisión.
Hay un explosivo crecimiento en el consumo, abuso y dependencia de sustancias tóxicas, medicamentos, sustancias psicoactivas legales que está ocurriendo durante las últimas décadas a lo que se han sumado nuevas conductas anormales que afectan hoy al ser humano como la adicción a la tecnología, al sexo, al juego (= ludopatía), al trabajo y a las compras (=consumismo).
Por Leonardo Strejilevich
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