ARGENTINA.- Desde hace semanas, la mente del titular de la ANSES, Diego Bossio, se enrojece cada tanto, cuando otros funcionarios directa o indirectamente relacionados con el tema de las jubilaciones, lo ametrallan con nuevas ideas para acceder a una salida que libere al gobierno -a este y los del futuro- de una carga tan incómoda como es la inmensa deuda que millones de pasivos sobrellevan sobre espaldas cada vez más débiles.
La cuestión es de doble filo. Por un lado está la vigencia del régimen legal del célebre 82% móvil que el propio Bossio reconoce como imposible de pagar sin que la ANSES pueda eludir la quiebra. Y por otro, el zumbido constante de los asesores que sugieren acometer un proyecto de modificación de esa norma, considerada una conquista histórica, de brillo internacional en la materia.
El doble riesgo
La encrucijada es terrible para el gobierno -que entró en ella sin que nadie se lo pidiera y sólo por fe populista- que deberá afrontar un juego de furibundo riesgo electoral. Algunos creen a pie juntillas (qué expresión vieja, por Dios) que cualquier opción que aprobase Cristina le significaría un quebranto político, justo en una etapa que no alcanza para tamaño lujo. Pondrían el grito en el cielo aquellos que iniciaron litigio y que cada día -de puros confiados nomás- se sienten en la víspera de la victoria.
Pero también están aquellos miles y miles que habiendo trabajado años, nunca gozaron de la responsabilidad patronal de depositar sus aportes y -peor aún- jamás tuvieron un puesto estable (o tuvieron varios en esa condición) sin que nadie se haya preocupado por su porvenir.
A toda esa gente el gobierno kirchnerista le otorgó un salario. A muchos miles, que no tenían hecho aporte alguno, se les descuenta un porcentaje de su ingreso para abonar sus aportes iniciales. Hasta ahí, todo bien, pero está hecho con la generalización, el apuro político y la improlijidad típica de un estilo de manejo de la cosa pública en lo que lo razonable es tachado de burócrata o de burgués.
República ridícula
Si ese estilo tan prepotente se ejercita en la plenitud del deseo del victorioso, entonces la condición republicana se torna una cuestión ridícula, porque el 54 % se traduce en “vamos por más” o simplificando “vamos por todo”.
Vayamos apuntando al centro del asunto. Lo que no se puede disimular más es que el organismo recaudador, garante natural del reparto jubilatorio, ha sido y cada vez lo es más, violado como ente administrador exclusivo del tema previsional. Cualquier capricho surgido en el seno de un Poder Ejecutivo inconexo, sin otro rumbo que el de la voluntad instantánea, es motivo suficiente para que las arcas de la ANSES sean saqueadas alegremente y sus dineros redistribuidos sin otra razón que la sinrazón.
Triunfo tardío
Entonces, queda claro, los fondos no son suficientes para cumplimentar el deber esencial de la entidad responsable. Frente a ese déficit creciente de fondos, los jubilados, abandonados a un costado del camino, hicieron juicio. Los ganaron porque tenían razón. La Justicia los avaló como correspondía, pero al ritmo de pago de la ANSES, gran parte de los beneficiaros morirán sin ver el fruto de su triunfo.
“Pese al fallo de la Corte, no actualizarán las jubilaciones”, dice un titular reciente del diario La Nación. Y es la síntesis de la cuestión. Pero no sólo de este problema, sino del mayor déficit operativo de un gobierno nacional, que consiste en arrojar, barranca abajo, toda estructura institucional que se oponga a la voluntad omnímoda de quien debe velar por la dignidad de las personas que caminan maltrechas el último segmento de su vida.
Por Dardo Nofal para