El Naranjo, la tierra salteña que fue
habitada por las más diversas etnias
A tan sólo 18 kilómetros de la ciudad de Rosario de la Frontera, y a 8 kilómetros de la Ruta Nacional número 34, que une a esta con la capital de la provincia; se encuentra el maravilloso paraje de El Naranjo. Como su nombre lo indica este sitio constituye un suelo optimo para el cultivo de esta sabrosa fruta, y es por este razón que este lugar adopta este nombre. En tiempos en que los jesuitas habitaban esta tierra, y que cultivaban en ella este cítrico; sus quintas eran tan cautivadoras, que de una u otra forma debían dejar sus huellas en este lugar.
Este lugar salteño se singulariza por ser uno de los que más antiguamente fue habitado en la zona. Entre el 500 AC y el 1000 AC, tribus nativas, que pertenecían a la Civilización Candelaria, poblaban estas tierras. A estos les siguieron diferentes tribus chaqueñas, en su mayoría diaguitas: tonocotes y lules. Y posteriormente ingresaron los incas, y seguidos, por poco tiempo de diferencia, lo hicieron los conquistadores españoles.
De la mano de los exploradores europeos hicieron su entrada los jesuitas, quienes le otorgaron su nombre a este paraje, gracias a que a que el clima de esta tierra, que es similar al de Metan Viejo; es ideal para la siembra de cítricos. Estos creyentes además de instalar molinos harineros y aserraderos, brindaron trabajo a sus nativos.
Asimismo de tratarse de una pintoresca localidad de densa y exuberante vegetación, El Naranjo posee una hermosa capilla, construida en el año 1617, también por estas legiones religiosas. Y esta, hasta que se creó la Iglesia Parroquial de Rosario de la Frontera, funcionó como la principal parroquia de toda la región, inclusive el año 1784. Y a pesar de que en la actualidad su relevancia ya no es la misma, la Capilla de El Naranjo posee un hermoso atractivo. Una obra tallada en madera por los indios a mediados del Siglo XVII, que figura a un Cristo articulado, se resguarda en el interior de esta ermita y atrae a muchas visitas a verla.
Un lugar con un excelente clima, en el que en que gran parte del año predomina una térmica primaveral, es este agradable paraje. Al Oeste del mismo se levantan imponentes y hermosos cerros que corresponden a las últimas estribaciones serranas de Metán, que dividen al Departamento de Rosario de la Frontera con el de Guachipas.
De estas altas montañas se origina el principal afluente del lugar: el río Naranjo. Y este no sólo sirve como fuente de agua pura, sino que también en sus orillas se originan gran cantidad de útil arena y ripio. Y tal es así que incluso empresas camineras han utilizado este material para asfaltar rutas y para obtener ripio para el pueblo.
Las aguas de este torrente son ideales para los baños y la diversión de los pobladores de El Naranjo y de quienes lo visitan. Y no solo sumergirse en ellas, que son frescas y cristalinas, es una entretenida distracción, sino que también, gracias al fascinante paisaje que las rodea; esparcirse y relajarse gratamente allí es una garantía inigualable.
La flora y la fauna de El Naranjo son muy completas y variadas. Interesantes especies animales como la vizcacha, los caranchos, la pava del monte, la corzuela, el tucán, la perdiz, el charata, el loro, y ciertas víboras; son muy muy fáciles de encontrar. Y a estos ejemplares se le suman esplendidas clases de arboles como el jacaranda, el algarrobo, la tipa, el quebracho, el álamo, el sauce, el guayacán, el bejuco o el ceibo.
Con toda esta variada y fecunda vegetación, claramente de El Naranjo se puede afirmar que es un lugar idóneo para el verdadero encuentro con la naturaleza más típica de nuestra provincia salteña. Pisar estas tierras, significa estar sobre el territorio en el que alguna vez habitaron una gran diversidad de tribus y grupos que de alguna u otra manera fueron una pieza muy importante en el pasado de nuestra provincia.
Por Rosario Torino Solá
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