Juan Bautista Alberdi, una de las muchas
ciudades que creció a orillas del ferrocarril
A una distancia de 110 kilómetros de la capital tucumana, se encuentra una de las ciudades más relevantes de toda la provincia y la cabecera de su departamento homónimo: Juan Bautista Alberti. A más de 340 metros sobre el nivel del mar, se levanta esta, que con más de 40 mil habitantes concentra el 79% de todo el departamento de Alberdi. Viajando en dirección sur oeste por la Ruta Nacional número 38 se accede a ella, que es una más de las muchas localidades argentinas que nacieron y crecieron a orillas del ferrocarril.
En el año 1888 y como consecuencia de la llegada del ferrocarril a esta tierra se funda este centro urbano que no tardó en poblarse tanto de individuos como de edificaciones públicas rodeando la plaza principal. Pero la verdadera historia de este sitio va más allá de este suceso clave y es bastante más extensa. Durante plena época del virreinato, en pleno siglo XVII, a tan sólo 1, 5 kilometro de la ciudad de Alberdi, existía un escenario que fue posta obligada para todos los movimientos que ocurrían en aquel entonces, conocido como la posta de Naranjo Esquina.
Por esos tiempos los caminos que unían Buenos Aires con Lima, eran los mismos que alguna vez habían trazado los primeros pobladores de estas tierras, los aborígenes; y que luego fueron utilizados por los españoles durante la época de la conquista, conocido como el “camino real”. Por su cercanía a este sitio, la localidad de Alberdi fue fiel testigo de numerosos pasos y sucesos que atravesó toda la historia de nuestro país. Conquistadores, colonizadores, misioneros, guerreros de la independencia y combatientes de numerosas guerras civiles; fueron, progresivamente, quienes alguna vez transitaron por estas vías.
A todo esto se le suma también la actividad comercial. Ya que pasaban por allí carretas con tabaco, charqui, cueros, harina y tejidos con destino a Buenos Aires; y estos a su vez, regresaban nuevamente con novedosas mercancías que obtenían del puerto. Pero fue recién con la llegada del ferrocarril, y por los constantes pedidos, al gobierno de la provincia, por parte de los residentes del lugar; que se fundó la ciudad de Juan Bautista Alberdi.
Denominada en un principio como Villa Alberdi, gracias a su gran crecimiento económico y urbano, el 5 de julio de 1937, mediante la ley número 1704, Alberdi alcanzó el grado de municipio. Y esta misma, que debe su nombre al destacado político, justita y escritor tucumano: Juan Bautista Alberdi, fue planificada por el británico profesional vinculado a la empresa ferroviaria, Noé Eddowes, quien también creó la ciudad de La Plata.
Una ciudad que vivió muchos años de historia y hechos de nuestra Nación, resplandeció recién varios años más tarde por el auge que se vivió con la llegada de este medio de transporte. Y a pesar de que en un principio fueron los empleados y obreros del mismo quienes apostaron a este sitio, no tardaron en prestarle atención también, un poco más tarde, diversos comerciantes y agricultores vecinos. Una más de las ciudades argentinas que se percibió gracias a la llegada de este artefacto fue Alberdi, pero a diferencia de muchas otras esta, por medio de la fuerza y fe que supieron poner sus pobladores en su tierra, hoy continua en pie y luchando por una realidad mejor.
Y a pesar de que hoy por hoy la gran mayoría de quienes la habitan son descendientes de inmigrantes, y esto queda demostrado en los apellidos y rasgos étnicos de sus pobladores, uno de los atractivos más pintorescos del lugar es el Museo Arqueológico, que conserva en su memoria a quienes fueron los primeros en pisar este territorio. El mismo aún conserva y presenta a sus visitas elementos de los indígenas de la zona, como urnas funéreas, utensilios y puntas de flechas, encontradas en las excavaciones que se hicieron para realizar el Dique Escaba.
Por Rosario Torino Solá
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