ARGENTINA.-
¿Hacia dónde va la Argentina? Apenas siete meses después de un resonante triunfo del 54% que parecía consolidar el Proyecto “K” proyectándolo hacia un futuro sin término, al menos en el corto plazo, se han encendido varias luces rojas.
Por más que se quiera pintar la realidad de color rosa, el malestar viene creciendo. El 11 de marzo de este año se publicaba una encuesta de la Consultora Magament & Fit, que reflejaban los periódicos europeos y que señalaba que “el 42,1 por ciento de los ciudadanos tiene un buen concepto de la jefa del gobierno. Pero del otro lado, para el 53,8 por ciento su imagen es regular o francamente mala”.
Atrás comenzaba a quedar ese histórico récord de octubre del 2011 del 63% de aceptación, que exaltó los ánimos del entorno “K”, tanto como para que por entonces hablaran públicamente de reformar la Constitución a fin de habilitar a Cristina Fernández para un tercer periodo en la Casa Rosada.
Un mes y medio después, hacia fines de abril, con la expropiación de YPF, la popularidad de la Presidente daba un salto hacia un 60%, con picos de hasta un 74%, de respaldo de la población a la medida. Apenas un sueño de una noche de verano porque las encuestas publicadas por medios del exterior –buscando una óptica más objetiva- coinciden en señalar para el mes de junio/2012 una significativa caída en la imagen del Gobierno y en la credibilidad de su representante, que ronda entre el 38% y el 40%.
En el orden de temas que llevan a esta condena de la sociedad puntean la inseguridad, la corrupción, el control para la compra de dólares y la inflación. Es curioso, porque en el año 2000, las cacerolas comenzaron a sonar cuando se tocaron los fondos de la clase media/alta; ahora –siempre al decir de las encuestas-, las preocupaciones son otras más de tono social.
Ahora bien, hasta aquí los números y las situaciones que denotan un marcado descontento social y a la vez demuestran cuánto de voluble somos los argentinos a la hora de calificar una gestión de gobierno. El pasaje del exitismo frenético a la depresión es sumamente veloz y subjetivo.
Por lo tanto, sería interesante ponerse a pensar si las cosas que pasan en este país son realmente culpa de los que gobiernan, o resultado de la falta de preparación política de un pueblo que vota la mayoría de las veces sin saber qué vota, a quién vota ni mucho menos para qué vota.
Por lo tanto, criticar al
Gobierno de Cristina Kirchner es una tarea facilista que tiene mucho de mirar la paja en el ojo ajeno y nada de la viga en el propio. Sencillamente porque desde los tiempos de la antigua República romana hasta la actualidad, es decisión del pueblo quién ocupará el sillón del poder.
El problema, entonces, no es Cristina, ni el desaforado de Guillermo Moreno, o el ampuloso y soberbio Aníbal Fernández; el problema es quién los votó y quien acepta que en una década, por ejemplo, haya una generación y media de argentinos que nunca vio trabajar y que no tiene intenciones de hacerlo.
Son los mismos que aceptan que las escuelas echen a las calles niños y adolescentes cada vez más cercanos al semianalfabetismo. Los que aceptaron que un Hugo Moyano se enriquezca con el Gobierno y ahora comienzan a aplaudirlo cuando va contra sus antiguos amigos.
Los números mandan sobre las opiniones y aquí no se puede hablar de “progres K” ni de “fachos” ni de ninguna otra calificación que valga. Una revista a los sitios de las consultoras más conocidas denuncia el incremento exponencial del gasto público realizado por el Gobierno nacional en los meses previos a las elecciones de octubre del año pasado con el fin de acaudalar votos.
Una visita a la página web del BCRA (www.bcra.gov.ar) mostrará en sus balances que en los últimos nueve años la deuda pública se incrementó en 516.595 millones de pesos. A esos números hay que agregar el endeudamiento con organismos del Estado como ANSES, Banco Nación y otros que lleva la cifra a un redondeo de 600.000 millones de pesos; toda plata que en algún momento habrá que pagar, lógicamente. Un viejo dicho entre los economistas reza que: “En economía se puede hacer cualquier cosa menos evitar las consecuencias”.
Estas maniobras agrandaron el déficit fiscal con su consecuente incremento de inflación, dato éste último para el cual no hay que recurrir al Indec sino que basta con ir de compras.
Si esto es así, ¿entonces, qué pasa que en las esferas del poder no se reacciona? Porque nuevamente gravita el factor “voto popular”; ese 54% que en opinión de la Presidente y su séquito lo justifica todo. Basta con detenerse en los discursos de Cristina y se comprobará que “ese” dato aparece siempre a modo de “ustedes lo quisieron”. Una soberbia que impide ver la realidad.
Ahora comienza el tiempo donde precisamente la única verdad será la realidad, y paradójicamente será su aliado más cercano del primer periodo –Hugo Moyano- quien golpee donde más duele.
El golpe asestado por el camionero la semana pasado ha encendido todas las alarmas en la Casa Rosada. Informes de inteligencia filtrados hablan de conversaciones en el Edificio Centinela (Gendarmería) para poner en práctica la Ley Antiterrorista que ellos mismos se votaron y el cuestionado “Proyecto X” para hacer inteligencia contrainsurgente. ¿Acaso no fue la Gendarmería quien enfrentó este primer levantamiento de Moyano? En política las casualidades no existen.
Afuera las cosas no van mejor; apenas en el día de ayer, en Santiago de Chile, en el Seminario organizado por la Administradora de Fondos Moneda, donde disertó el Director del FMI para el Hemisferio Occidental, Nicolás Eyzaguirre, el economista José Luis Daza, Presidente de Moneda dijo sobre Argentina que: “la probabilidad de que los números de inflación sean ciertos en Buenos Aires es “más baja que un meteorito le pegue a una persona dos veces en la cabeza. ¿Quién quiere invertir en un país así? Si ponen a un chimpancé de Ministro de Hacienda en Argentina, les habría ido mejor”.
Por eso, todo esto no es culpa de Cristina Kirchner, ni de Moreno, ni siquiera de Moyano. Es de la sociedad que les ha permitido llegar hasta donde han llegado.
La culpa de que el panorama social comience a desestabilizarse y puedan salir a operar grupos armados como los de Milagro Salas en Jujuy, es de quienes refrendaron abrumadoramente el modelo.
Es la mayoría de los argentinos la que ha consagrado como Vicepresidente a un sujeto que ahora tiene que caminar esquivando denuncias como si fueran minas antipersonales.
De nada vale tampoco alertarles, mostrarles que se abrió la Caja de Pandora porque la mayoría (54%) espera continuar recibiendo su ración de planes “no trabajar”, tinellizándose en las noches y debatiendo sobre “Fútbol para todos”, mientras el país continúa “cuesta abajo en su rodada”.
Al menos, cuando se escriben estos análisis y uno se expone a la lapidación pública, quedan en beneficio dos cosas: la primera es el consuelo de poder decirlo libremente, y luego, algún día, que se pueda decir que ya lo habíamos dicho.
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