POR DARDO NOFAL PARA EL INTRANSIGENTE

La angustia de Sudamérica

Casi todo el planeta, se halla en estado de ebullición, de impaciencia enfermiza. Basta con mirar el mapamundi más básico

  • miércoles, 27/06/2012 | 10:56 hs
Dardo Nofal
ARGENTINA.- Es como si en el mundo se hubiera secado todo signo de pensamiento; como si apenas cuatro o cinco países (los nórdicos, naturalmente, los más fríos) mantuvieran a salvo la capacidad para convivir.

El resto, es decir casi todo el planeta, se halla en estado de ebullición, de impaciencia enfermiza. Basta con mirar el mapamundi más básico para que el rojo de la alerta inicie su danza en la que se cruzan, a ritmo frenético, el desconcierto y la impaciencia.

La vieja Europa, hasta ayer nomás orgullosa de su cultura democrática y su robusta vocación libertaria, ahora tiembla y transpira, cada patria por su cuenta, en el intento de huir de la crisis. La China y la India, ansiosas, esperan su turno en la Historia para sentar reales y dictar sin apelación posible los mandatos de su poderío que todos presienten imposible de neutralizar. Estados Unidos siente debajo de sus pies que la tierra se mueve y que todo lo que construyó con pertinacia, disciplina y afán imperial se va transformando en el “gran concierto del desconcierto”.

Nuestra América

Y la América latina, nuestra pobre América de la larga esperanza, no sabe aún dónde depositar el crédito de su porvenir. Ahí anda, revuelta y afligida, desterrando sus antiguas dictaduras; organizando a tropezones sus producciones regionales; buscando mercados confiables y soñando con formar un bloque armónico que ejerza su presencia en los años venideros. Nuestro mapa sudamericano también está tenso. Bolivia, Chile, Paraguay y la propia Argentina viven los nervios de ríspidas internas. Brasil, es obvio, quiere manejar el timón y Venezuela, con el petróleo hirviendo su riqueza bajo sus plantas, también quiere apostar a la preeminencia mientras su obstinado y enfermo líder ahora reza y llora, algo que no estaba en sus planes.

A partir de Boudou

Ya que hemos tocado nuestro país, aquí el momento es políticamente indescifrable por ahora. La Presidenta Cristina, cuyas últimas apariciones televisivas denuncian de manera irrefutable el esfuerzo sobrehumano al que se somete -porque quiere controlarlo todo- es casi una sombra de la mujer vigorosa y espléndida que lucía hasta hace pocos meses. Quizá desde Boudou, al que eligió para vicepresidente, parece desconfiar de todo y de todos. Su agenda de actividades mezcla tópicos muy importantes con pequeños actos más propios de un delegado comunal que de una jefa de Estado.

Por momentos, en ella muchas cosas y gestos se asemejan a la sin razón. Su marido era un gran juguetón de la política, que parecía divertirse pergeñando maniobras ingeniosas que desconcertaban a propios y extraños. Hasta la vida pareció para él un gran juego, osado y fatal, pero juego al fin.

Es el momento

Ella, en cambio, es el revés del espejo. Cada vez con mayor fuerza, su rostro parpadea tristeza, angustia y un rictus parecido a los de una actriz de tragedias. Eso me preocupa y sospecho que a millones de argentinos les sucede algo similar. El “no llores por mí, Argentina” de la ópera me suena como una semejanza terrible. Sólo quiero, con todo fervor, que alguien amanse su espíritu. Un pueblo entero necesita esa transmutación. Este recodo, tan lleno de entreveros, pide a voz en cuello, algo de lucidez y generosidad.

Por Dardo Nofal
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