A pesar de sus éxitos literarios, nunca dejó de lado el periodismo. Saltaba del reportaje al artículo con la maestría de un veterano y la agilidad de un muchacho
ARGENTINA.-La sola mención del nombre de
Tomás Eloy Martínez tiene una inmediata y necesaria connotación a una serie de valores que viven y sustentan el imaginario colectivo. Esencialmente es un nombre que es sinónimo de periodismo, de muy buen periodismo.
Porque Eloy Martínez fue un periodista completo, seguramente porque fue un hombre completo, y esto significa haber contado con una formación cultural plena.
Su nombre trascendió más allá de las fronteras literarias de su país con
«Santa Evita» (1995), la historia novelada de Eva Duarte. Hombre de palabra y obra, tenía el mundo y la historia en la cabeza y el corazón.
Fue un decano de su profesión, tanto que en Argentina y buena parte de Iberoamérica la sola mención de su nombre - una marca registrada- bastaba para que todo el mundo supiera que se hablaba de él. Con «Santa Evita», la novela argentina más traducida de todos los tiempos, logró tocar el cielo del éxito literario con las manos.
Todas y cada una de sus páginas, tanto las de ficción como sus crónicas terminaron confundiéndose con la realidad. Alguna vez dijo que
«Me he cansado de desmentir que Evita nunca le dijo a Perón el día que le conoció: «Gracias por existir». Fue una frase que se me ocurrió pero la gente prefiere creerla antes que a mí».
Otra página fundamental para comprender los misterios de esa forma de vivir y gobernar que es el peronismo encuentra en
"La novela de Perón" muchas de sus claves, fruto de sus varios encuentros con el líder en Puerta de Hierro durante su exilio.
Para pintar ese complejo panorama, Martínez solía recordar una anécdota en la que el general, ante un mismo asunto, respondió cosas totalmente opuestas a dos visitas que había recibido por separado. Él, sorprendido, le preguntó la razón. La respuesta fue sencilla: «Hay que decirle a la gente lo que quiere oír».
Pero en un día como hoy, porqué recordar a
Tomás Eloy Martinez; porque a pesar de sus éxitos literarios, nunca dejó de lado el periodismo. Saltaba del reportaje al artículo con la maestría de un veterano y la agilidad de un muchacho. Entusiasta, generoso con los jóvenes periodistas y escritores, fue un pilar imprescindible en la fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano que tutela
Gabriel García Márquez.
Cultivó las letras y dentro de ellas el periodismo, pero más practicó la virtud de la humildad, Tomás Eloy Martínez no se daba importancia. Siempre encontraba un hueco para recibir a un periodista o dar consejo a un escritor.
Tuvo todas las virtudes que un gran hombre debe contar: generoso, alegre, divertido, culto, fue sobre todo y antes que todo una gran persona.

Dejó escrito un legado de alto valor ético y moral: el "Decálogo del Periodista" que es usado en las redacciones de los diarios mas importantes del mundo.
1- El único patrimonio del periodista es su buen nombre. Cada vez que se firma un artículo insuficiente o infiel a la propia conciencia, se pierde parte de ese patrimonio, o todo. Hay que defender ante los editores el tiempo que cada quien necesita para escribir un buen texto y el espacio que necesita dentro de la publicación.
2- Una foto que sirve sólo como ilustración y no añade información alguna no pertenece al periodismo. Las fotos no son un complemento, sino noticias en sí mismas.
3- Hay que trabajar en equipo. Una redacción es un laboratorio en el que todos deben compartir sus hallazgos y sus fracasos.
4- No hay que escribir una sola palabra de la que no se esté seguro, ni dar una sola información de la que no se tenga plena certeza.
5-Hay que trabajar con los archivos siempre a mano, verificando cada dato y estableciendo con claridad el sentido de cada palabra que se escribe.
6- Hay que evitar el riesgo de servir como vehículo de los intereses de grupos públicos o privados. Un periodista que publica todos los boletines de prensa que le dan, sin verificarlos, debería cambiar de profesión y dedicarse a ser mensajero.
7- Hay que usar siempre un lenguaje claro, conciso y transparente. Por lo general, lo que se dice en diez palabras siempre se puede decir en nueve, o en siete.
8- Encontrar el eje y la cabeza de una noticia no es tarea fácil. Tampoco lo es narrar una noticia.
9- Nunca hay que ponerse a narrar si no se está seguro de que se puede hacer con claridad, eficacia, y pensando en el interés de lector más que en el lucimiento propio.
10-Recordar siempre que el periodismo es, ante todo, un acto de servicio. Es ponerse en el lugar del otro, comprender lo otro. Y, a veces, ser otro.
Su Funeral
No se pudo hacer todo lo que Tomás Eloy Martínez dejó previsto -por escrito- para su funeral. Pero casi.
Estuvo la música que él quería, los libros que había elegido, el gin tonic tal como él lo tomaba todos los días a las 7. Casi sale todo al pie de la letra, pero falló, al final, lo de estar contentos, lo de reír y charlar. Sobre todo cuando, con la urna ya en tierra, con los nudos ya en las gargantas, habló su hijo Gonzalo: "El decía que la muerte le daba una gran curiosidad; ahora debe estar develándola".
Con la entereza de quien ha mirado a la muerte a los ojos incluso en la certeza de la derrota, Tomás -nadie lo nombraba de otra manera- pensó en su partida. Que después de enterrarlo, quienes lo querían se fueran a comer y beber. Pronto vio que eso en estos pagos no era posible y entonces imaginó una larga despedida, en un cementerio privado de Pilar. No una fiesta, sí una reunión. Así fue.
Había dos salones enormes y una sala más chica donde descansaba el cuerpo. Con el cajón cerrado Tomás Eloy Martínez sonreía desde un retrato en la pared. Nunca solo: en dos mueblecitos lo acompañaban algunas de sus obras: Santa Evita,
La pasión según Trelew,
La novela de Perón,
El vuelo de la reina,
El cantor de tango y Purgatorio, entre otras.
Sonaba Piazzolla, sonaba Keith Jarrett. A eso de las 12.30 empezó a sonar Mozart. Desde el salón donde estaba el escritor llamaron a la familia: estaban sus siete hijos. Las puertas se cerraron; el cuerpo partió y empezó la espera.
Una señora sirve sandwichitos. Gonzalo Martínez sale de la cocina con una bandeja de gin tonic y un paquete de papas fritas. Otro de sus hijos, Ezequiel va contando anécdotas, de grupo en grupo.
Cuenta, por ejemplo, que aunque en el último tiempo el autor estuvo mucho con los ojos cerrados, la última semana no fue así: "Quiero morir con los ojos abiertos, como vi la vida", le dijo. Cuenta que ese hombre, que tuvo cuatro esposas, en la cama pedía que lo perfumaran. ¿Para qué? "Nunca se sabe, Ezequiel", le sonreía. Cuenta que sus hijos pasaron el último día rodeando su cama. Leyéndole poemas de Rimbaud, cuentos. Así hasta que su respiración se fue haciendo más espaciada, más espaciada. Había dejado instrucciones de no ser conectado; acunado por palabras, abrigado por sus hijos se fue apagando. A la antigua.
En la sala, más café. Masitas. Pasa Juan Granica, quien en 1973 editó La pasión según Trelew. Pasa la hora, hay que enterrar las cenizas.
Del salón al lugar entierro sale una discreta procesión. El hijo mayor, Tomás, sostiene la urna. Unos metros más adelante, la pasa a uno de sus hermanos, que la lleva un trecho y la pasa a otro. Van tomados de los brazos los hermanos, sus hijos, sus amores. De las manos. De los hombros.
El entierro será en un cuadrado debajo de un gazebo. Abrazados, Gonzalo y Ezequiel se paran junto al pozo, junto a la urna. No hay discursos previstos, dice Ezequiel. Porque, dice, "ya le dijimos todo lo que le queríamos decir, él nos dio su amor. Le queremos dar el último beso, decirle que lo vamos a extrañar pero igual va a estar siempre dentro nuestro. Chau pá".
La Fundación Tomás Eloy Martínez
Hacia el final de su vida, Tomás Eloy Martinez tuvo la idea de crear una fundación para promover la literatura y el periodismo joven de América Latina; le preocupaba que los jóvenes de la región, también en el campo de lo creativo, gozarán de tanto más talento que oportunidades.
Así, la Fundación (TEM), se propone, como objetivo general, custodiar el legado y la obra de Tomás Eloy Martínez, y promover la literatura y el periodismo latinoamericano, en especial aquel que está haciendo -o están por hacer- los más jóvenes.
Las autoridades de la TEM, son:
Ezequiel Martínez
Presidente,Margarita García Robayo
Directora Ejecutiva,Gonzalo Martínez
Secretario,Blas Eloy Martínez
Tesorero,Tomás Eloy Martínez (h)Paula Martínez Javier Martínez y Sol Ana Martínez del
Consejo Consultivo
http://www.fundaciontem.org/
Federico Mena Saravia
para
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