TUCUMÁN.- Los más entusiastas hablan de 50 mil personas en el Hipódromo. El objetivo era 40, pero se rumorea que apenas pasaron las 30. Igualmente, el descomunal despliegue de recursos del Estado se comportó como una maquinaria de perfecto funcionamiento a la hora de destacar lo realmente importante de la fecha patria: el Gobierno de turno.
A diferencia de otros años, y otras décadas, éste festejo fue el de las redes sociales. El clientelismo y el monstruoso despliegue del aparato ya no forma parte del imaginario colectivo, ya dejó de ser una teoría conspirativa de difícil comprobación. La asistencia al acto del hipódromo fue abierta, descarada y orgullosamente dirigida y financiada con los recursos humanos y económicos del Estado.
La Independencia, una ironía
Si se suponía que los pueblos debíamos celebrar el concepto de “Independencia”, la idea quedó como algo menos que una gran ironía histórica.
El acto central en el Hipódromo jamás fue disfrazado de una celebración de los valores revolucionarios del Siglo XIX, no hubo referencias a la emancipación de los pueblos. O por lo menos, no se lo hizo explícito: el cuadro de asistentes llevados, retribuidos y uniformados hablaba por sí solo.
Manifestantes sin alguna identificación partidaria o alguna referencia de lealtad a un Concejal, Legislador o funcionario fueron honrosas excepciones en un mar de banderas y pecheras plagadas de gratitud hacia algún miembro del Gobierno. Las cámaras de la Televisión Pública debieron desplegar un trabajo casi de exploración para recoger imágenes que luego serán mostradas en programas oficialistas, las clásicas de familias entusiastas identificadas sólo con banderas argentinas. En este caso, fueron honrosas excepciones.
Si había algo que algo podía salvar el día para que no cayera en una mera demostración de fuerza y autocomplacencia, era el discurso central de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Sólo con algo de voluntad, la Mandataria podría haber echado un manto de olvido al espectáculo del clientelismo político que cualquier tucumano pudo ver a plena luz del día.
Podría haber hablado, por ejemplo, de la fecha que se conmemoraba. Podría haber iluminado a toda una generación que sufrió la desnutrición y las carencias educativas a cerca de lo que se estaba celebrando. Pero eligió no hacerlo, eligió en lugar de hablar del 9 de julio de 1816, hablar de la misma fecha pero del año 2004, cuando el ex presidente Néstor Kirchner visitó la Provincia por primera vez. En aquella oportunidad (no hace falta gran esfuerzo de memoria) la movilización del aparato fue similar a ésta.
Sin embargo, ni Cristina ni Alperovich disimularon el objetivo del acto del 9 de julio: celebrar al Gobierno sin ningún tipo de críticas y marcar territorio con los enemigos políticos. Entre ellos se encuentra la prensa no oficialista, a la que se hizo amplia referencia y que cosechó sonoros abucheos. Es la misma prensa que en esos mismos momentos, recogía las imágenes y los testimonios de quienes estaban allí a cambio de una prebenda.
Así se curó en sano el acto: a sabiendas de que más tarde se difundirían los datos del descomunal gasto y la extorsión colectiva para llenarlo, desde el vamos la línea estaba bajada: Según Cristina, los comunicadores sociales conspiran contra la Patria a favor de los empresarios.
Los convencidos, los que ya saben a quién votar y los encargados de conseguir votos, ya tienen la respuesta al despliegue de compra-venta que se vio el lunes: los que lo denuncien, conspiran contra la Patria.
Fuente: Semanario
de Tucumán, Edición Impresa.