POR ARMANDO PÉREZ DE NUCCI

Reflexiones acerca de la espera y la esperanza en medicina

La medicina ha ido evolucionando favorablemente para el paciente a lo largo de siglos de existencia

  • sábado, 14/07/2012 | 19:23 hs
Armando Pérez de Nucci. Foto: Elisea Mena Saravia
TUCUMÁN.- La medicina ha ido evolucionando favorablemente para el paciente a lo largo de siglos de existencia, hasta llegar a una – más o menos pero no deseable – ciencia exacta que permite efectuar diagnósticos muy acertados y tratamientos curativo antes nunca imaginados . 

El descenso de los índices de mortalidad materno infantil y la prolongación de la vida útil de los seres humanos así parece confirmarlo. Uno de los perfiles que ha caracterizado el siglo XX, ha sido el desarrollo de lo que se ha dado en llamar “técnicas superiores” entra las que, por supuesto, se halla la medicina. Desde el siglo XVIII , en que se comienza a desarrollar la división entre arte y ciencia exacta, pasando por el XIX en que se reafirma esta tendencia, se va produciendo en el campo médico un crecimiento vertiginoso de las técnicas superiores, que van afinar el diagnóstico hasta límites nunca alcanzados por los profesionales pero que reducen la relación médico paciente , hasta llegar al siglo XXI que nos plantea el desarrollo de la técnica, la creencia en el ´progreso indefinido, la deshumanización de la relación entre el médico y su paciente, la instrumentificación y objetivización del mismo, lo que lo cosifica y lo hace desaparecer como “sujeto”de la medicina. Otros fenómenos conexos son la desacralización del cuerpo del enfermo, la desaparición del antropocentrismo cultural y médico y la suposición de que los problemas de la medicina son solamente técnicos, no éticos ni antropológicos. Se trata de un desarrollo meliorativo que ha dejado atrás algunos valores que hacían de la medicina la mas excelsa y humana de las ciencias .

Esta iniciales reflexiones nos llevan a preguntarnos ¿es éste el mejor de los mundos posibles?. Creo que existe en nuestro hábitat planetario una crisis de expectativas fundamentada racionalmente en la falta de creencia. Hace algunas décadas, el esfuerzo constituía la medida de todas las cosas , que podían obtenerse con tiempo y paciencia y que constituían la base del crecimiento social y económico de las personas, con carácter de perdurabilidad y mantenimiento en el tiempo . Dicho de otra forma, las cosas costaban , pero permanecían en el tiempo y permitían el crecimiento de las personas y las familias. La vida consistía en encontrar dificultades y el hombre se esforzaba por vencerlas para lograr los objetivos que se proponía.

Las cosas fueron cambiando gradualmente con los años, el hombre entró en una etapa de facilismo que incluyó la caída de la creencia, la que fue reemplazada gradualmente por el mito del progreso indefinido y permanente. Pero el fenómeno de la globalización fue reemplazando también gradualmente también gradualmente este concepto, desapareciendo lo que se había dado en llamar “ascendentes”, el pobre quedo pobre y casi sin esperanzas, aumentando considerablemente su número, al tiempo que los ricos eran más ricos y pocos. La desesperanza abatió al hombre común y le impidió ser feliz; esta es la realidad.

Y los médicos, ¿qué? .También hemos sufrido el impacto económico de la globalización, que viene a gravar el desleimiento de las creencias, que la ciencia con su conocimiento y avances intentó reemplazar .

Cuando empezó este procesos no lo tenemos en claro. La ciencia, con la vertiginosa evolución que ha experimentado las últimas décadas, ha ido desdibujando entre otras cosas el límite del misterio, esa misma instancia que hacía que esperaramos por algo que habría de llegar en ésta u otra vida. El científico se acostumbro a que lo difícil podía ser superado casi inmediatamente y que lo imposible lleva algo más de tiempo, pero llega al fin.

Los problemas de la ciencia actual no son técnicos, son éticos. Ya lo he mencionado en otras oportunidades al comparar la adquisición de la cultura médica con el mito de Prometeo, aquel que robara el fuego a los dioses – la cultura, el conocimiento - , para donárselo a, los humanos, los mortales. 

Los problemas de la medicina y de la ciencia moderna pasan justamente por delimitar los alcances de la técnica, por saber si todo lo que podemos hacer se nos está permitido hacer y si es posible reemplazar la espera por la esperanza en nuestras salas, en nuestros quirófanos, en nuestra práctica diaria.

No hay ejercicio de la medicina sin compromiso social y trascendente. El médico cura poco, alivia mucho y consuela siempre. Su inserción en el mundo social y personal del paciente es ineludible, porque no se enferma solamente en forma biológica, se lo hace familiar y biográficamente .

El problema actual es que la ciencia en general y la medicina en particular, se han convertido en procesos sin sujeto, practica de órganos pero no de hombres integrales.

¿Existe una solución para este proceso de deshumanización, de despersonalización de la ciencia médica? . Creo que si. Ya he señalado que uno de los caminos es el de la ética . A través de ella podemos modificar el mito que la ciencia puede revertir y solucionar todos los problemas del hombre. También es necesario una toma de conciencia del científico acerca de su responsabilidad social y ecológica, tratando de integrar en él el pensamiento que no es posible disociar conocimiento de moral .Es decir, plantear lo que con Mainetti proponíamos hace ya casi treinta años, de la necesidad de introducir el sujeto moral en medicina, base de la Bioética, tan declamada pero al mismo tiempo tan poco aplicada en la práctica diaria .

A todo esto, ¿qué espera con esperanza el paciente confiado a nuestra conocimiento y accionar médicos? .¿Que hace que la espera se transforme en esperanza?. Y, ¿Qué hace que ambas cosas sean la profunda bas ética sobre la que debe cimentarse la relación médico paciente? .En primer lugar, solamente espera con esperanza quien tiene fé. Cuando se ´piensa que se espera frente a un prvenir inauténtico , solamente existe expectaiva, no esperanza ; es la actitud del hombre frente a un juego de lotería, por ejemplo. La espera con esperanza es una expectación comprensiva y proyectiva , es la del enfermo frente a sus exppectaivas de mejoría o curación .Es estar “ a la espera de…” una posible realización, no de un azar mas o menos fortuito . Aparece pues, en nuestra escena, el tema de la esperanza. Cuando se espera con esperanza, media un acto de fé . En palabras de San Pablo, “ la esperanza es de lo que no se tiene y se puede tener…”. Para Gabriel Marcel, la esperanza requiere al menos de cuatro condiciones : paciencia , disponibilidad , cautividad y carácter profético . Paciencia, porque solo un esperanzado – nuestro paciente -, sabe dar valor al tiempo . Disponiblidad, porque el esperanzado se halla abierto a la trascendencia, a la acción del médico que lo trata. Cautividad, porque solamente quien se siente cautivo en esta vida o en el marco de la enfermedad, puede acceder a una situación superadora . Y, finalmente, carácter profético tiene la esperanza, cuando se toma conciencia que ella misma no es lo que debería ser y que ello no depende de nosotros .

Finalmente, es preciso reconocer que la esperanza está en crisis en nuestros tiempos actuales, es el signo que marca el sino de una medicina distinta y cuyas notas más distintivas son justamente su negación : la des – esperanza y la in – esperanza.

La inesperanza significa una angustia inconcreta, inespecífica y hasta prerreflexiva . La desesperanza es la angustia frente a un hecho determinado, el análisis reflexivo de un hecho concreto que no puede ser resuelto por la vía de la esperanza. Frente a ella caben al menos dos actitudes: la retracción y la creación como formas de intentar la resolución del problema. La retracción es una regresión a si mismo , al centro de nuestra mismidad, pero para vaciar la propia sustancia frente a la adversidad . La creación, en cambio, implica un salto hacia delante, actitud personal e íntima volcada a los demás, generadora de vida y esperanza .

Creo que en el juego entre la espera y la esperanza, se halla el núcleo de una medicina personalizada y biográfica, que tenga en cuenta las necesidades físicas y espirituales del paciente y su propia opinión autonómica acerca de su padecimiento y las formas de resolverlo.

¿En que debemos los médico creer todavía? . Al menos, en que sea posible transformar la sala de espera en sala de la esperanza. Y esto, simplemente, constituye una gran ventana a la propia esperanza.

Por Armando Pérez de Nucci
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*Doctor en Medicina y en Filosofía. Diplomado en Geopolítica

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Comentarios (1)

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eduard | 15/07/2012 | 04:48 |
Dr.: Absolutamente cierto lo que dice. Centrado en el tema Medico, el problema de hoy, es el tratamiento que se le da a la Medicina, desde el Estado. Las OS, se han convertido en los administradores de la Medicina, por encima de los Médicos y lamentablemente, las OS, no tienen la capacidad moral para esta tarea, pues están en manos de ambiciosos personajes, que relegan a la Salud y al Paciente a terceros planos. Todo esto está carcomiendo el sistema de Salud de la población y lo que es peor está carcomiendo la ética profesional de Médico, que inexorablemente se ha internado en el mercantilismo propuesto por el Estado y las OS. Mientras las OS, sean el botín de guerra de políticos y sindicalistas, no podrá revertirse esta grave situación. Un saludo.
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