ARGENTINA.- En el universo “K” se respetan cada vez menos leyes, ni siquiera las de ellos. Porque la Ley Nº 26.522 de “Servicios de Comunicación Audiovisual, sancionada y promulgada el 10 de Octubre de 2009, en su artículo 75 establece el modo y forma de utilizar el servicio de “Cadena Nacional”, sobre el cual determina que “"el Poder Ejecutivo nacional y los poderes ejecutivos provinciales podrán, en situaciones graves, excepcionales o de trascendencia institucional, disponer la integración de la cadena de radiodifusión nacional o provincial, según el caso, que será obligatoria para todos los licenciatarios".
Es cada vez más difícil comprender qué es “grave, excepcional o de trascendencia institucional” para un Gobierno que utiliza el servicio de Cadena Nacional para difundir actos protocolares, inauguraciones o para hacer política humillando a funcionarios, mientras temas que son verdaderas preocupaciones para sociedad como la inseguridad, la caída en los porcentajes de conocimiento y cultura general, la inflación, por ejemplo, son sólo “sensaciones”. En los últimos dos meses el sistema de Cadena Nacional fue utilizado seis veces sin que ninguno de esos casos se correspondiera con la indicación del texto de la ley.
En un Gobierno tan acostumbrado a transgredir reglas, esto no sería ni siquiera llamativo, a no ser porque el uso de los medios de comunicación ha venido a instalarse como la expresión más expuesta del giro hacia una cultura fascista.
La entronización mediática de la figura dominante para trabajar la conciencia de sus súbditos es un argumento repetido desde Benito Mussolini, Adolf Hitler, Juan Domingo Perón, Fidel Castro, Hugo Chávez y ahora Cristina Fernández, que para completar el cuadro sitúa además el elemento de culto omnipresente: “Él”.
Al observar así esta escena con personajes tan variopintos, alguno podrá discutir el rótulo de fascismo y diremos que tiene razón, pues salvo la Italia de Mussolini, ningún otro régimen se proclamó así; en todo caso, lo que sí es coincidente y comprobable que derechas e izquierdas llegan a un punto convergente que es aquel que se denominado bajo el común denominador de “totalitarismo”.
Un vuelo rasante sobre las características básicas de estos sistemas de gobiernos servirá para comprobar que estamos ante un modelo democrático, sí, pero de índole voluntarista y totalitaria.
1.- Todos estos movimientos se presentan como revolucionarios, invocando ser un quiebre con el pasado.
2.- Son producto de una elección democrática mayoritaria (54%), porcentaje que invocan para hegemonizar el poder y separarse de las estructuras que los llevaron al poder, con desprecio de la voluntades representadas en el Parlamento, por ejemplo.
3.- Tienden a la eliminación de todo tipo de oposición y aniquilan a quienes expresan su voluntad de disputarles el poder (Scioli-Moyano)
3.- Buscan consagrar el pensamiento único degradando la educación y a diferencia de las dictaduras militares que se hacían ungir por la Iglesia Católica, éstos tratan de destruir a ésta también para imponer alguna otra idea voluntarista. (Repudio declarado al Cardenal Jorge Bergoglio hasta no asistir más a un Tedeum en la Catedral Metropolitana)
4.- Predican el resentimiento y el rencor hacia un sector de la sociedad (Hitler y los judíos, Mussolini y los comunistas), mientras diversifican y elevan como banderas a otros grupos minoritarios. (En este caso fueron las Fuerzas Armadas y el campo).
El régimen llega para quedarse, al precio que sea, de ser posible fundando una monarquía hereditaria, aunque en este caso la genética no parece ser muy favorable para este propósito.
El manual de propaganda para estos sistemas aconseja ofrecer una imagen atractiva del régimen, por eso si se estudian los videos de las últimas Cadenas, se notará una Presidente siempre en tono distendido, con un lenguaje coloquial. Su discurso carece de sentencias políticas o definiciones programáticas y se matiza con anécdotas personales y bromas, mientras sobrevuela siempre la escatológica mención a “Él”.
No fue un chiste de gallegos
En una de esas cadenas, propiamente a la Presidente argentina se le salió la misma cuando trató públicamente al Ministro de Economía español, Luis de Guindos, como “el pelado ése”, para hacer un paralelismo con Domingo Cavallo, cuyo recuerdo “le atragantó la tostada”.
Innecesaria burla que valió comentarios deplorables en todos los diarios del mundo, ya que no se concibe una Mandataria mofándose de otro país, porque la elíptica iba dirigida a la situación caótica de España, donde por cierto los diarios la vienen tratando muy mal desde la estatización de YPF.
Un fallido dato de color para avivar el discurso nacionalista, la impronta más representativa de estos regímenes. Hablar de recuperar la “soberanía hidrocarburífera” es una falacia, toda vez que el producto en cuestión, el petróleo sigue estando en el subsuelo argentino, o sea, sigue siendo del país que únicamente concesiona la explotación del mismo.
El discurso totalitarista tiende a la estigmatización del contrario mediante la delación pública, y a esto también se ha llegado desvergonzadamente. Otro calificativo no merece el uso de la Cadena Nacional para denunciar públicamente un ciudadano que en el uso de su derecho constitucional expresó sus ideas por la prensa (claro que “Clarín” para el modelo “K” no pertenece a ese rubro) y criticó la política económica del Gobierno.
Sin ningún prurito, Cristina Fernández dice que llamó a la AFIP y ordenó investigar a la empresa, al dicente y los “escrachó” frente a millones de argentinos y extranjeros. Algunos editoriales del extranjero se preguntaban al día siguiente, quién querría venir a invertir en un país donde la máxima autoridad denuncia un problema administrativo –no era ni evasión, siquiera- de una empresa y la inhiben.
En este punto ya, hasta la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (Adepa) lamentó que "el ejercicio de la libertad de expresión en el país se halle sujeto a la represalia estatal con fines de estigmatización y silenciamiento" y agregó que esto sucede "cada vez con mayor frecuencia", denunciando “La utilización selectiva de la AFIP o de otros organismos estatales como herramientas de persecución política (que) es condenable en tanto entraña un abuso de poder…”
Alguna vez Perón desde el Balcón de la Casa Rosada animó a “todo peronista” a matar a todo aquel que “conspire contra las autoridades legalmente constituidas” (28/08/1955); del mismo modo es muy peligroso que la Presidente utilice la Cadena Nacional para revelar la situación fiscal de particulares, que además está cubierta, por disentir con la gestión de Gobierno. Un antecedente grave que Adepa definió diciendo que "Se instala así un clima de opresión que opera como un condicionante para el libre flujo de las ideas, propio del debate democrático".
Preocupante cuadro donde desde la Presidencia se va instalando un clima de amenaza y de intimidación que avasalla los derechos y garantías de los ciudadanos, muy próximo al espíritu de lo que la “voluntad general” de la Revolución Francesa para la cual todos eran iguales, libres y fraternos, pero debían pensar como lo indicaba esa “voluntad general”, caso contrario, había que obligarlos; y así terminó en los días de “El Terror”.
La jocosidad de las apreciaciones presidenciales en sus discursos tampoco acompaña muchas veces la oportunidad. El triste chiste del “pelado ese” que le “atragantó la tostada”, da pie para el menoscabo de la propia figura, como aquél que escribió en diario nacional aquella frase que decía: “por qué la tostada no terminó lo que había empezado”.-
Por Ernesto Bisceglia
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