ASPECTOS BIOETICOS Y HUMANOS
DE LA FERTILIZACION ASISTIDA
La ciencia actual ha comenzado a recorrer el camino que la hace reconocer que uno de sus lauros mas importantes es la aceptación de la integralidad del pensamiento científico, de la unidad que se había perdido justamente por la intervención de los mismos científicos, lo que trajo una subversión de valores los que, junto a la hiperespecialización y una deficiente formación de los médicos en humanidades médicas. Este último fenómeno se debe al exceso de oferta que podemos llamar biologicista y a obsolescencia de los programas y la falta de formación adecuada de los profesionales que actúan en el área de humanidades , ya sea por falta de tiempo y oportunidades, ya sea por desinterés académico en el tema , o simplemente por un deseo humano de “ lustración” humanística, que busca logros personales en lugar de la proyección comunitaria y de extensión que deben tener las humanidades.. Ello llevó a los profesionales a vislumbrar solamente el universo de su especialidad, al tiempo que se perdía de vista al único gestor y razón de ser de la medicina, el hombre.
Los grandes logros de la medicina se comienzan a dar vertiginosamente a partir de los comienzos de la década de los ’50 del siglo pasado. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, se produce un vertiginoso incremento del saber científico y un impulso creciente de la tecnología médica, sucesos que llevaron a la vez al fuerte desarrollo de las especialidades médicas, que comienzan a ocupar un destacado papel en el universo médico.
Una de las especialidades fuertemente desarrolladas fue la ginecología la que, junto a la obstetricia, abrieron nuevas fronteras a la patología de la mujer y se internaron en campos hasta entonces vedados al médico . Uno de ellos fue el de la frontera del inicio de la vida.
Hasta la medicina de nuestros padres, el límite de la iniciación de la existencia humana estaba claramente delimitado por el comienzo de la gestación, producto la gran mayoría de las veces de un acto de amor entre dos personas, consentido en la intimidad de la conciencia de los protagonistas. Pero, a partir de 1978, este momento deja de ser privado, para convertirse en un hecho de laboratorio, público y notoriamente científico, manifestado en el nacimiento del primer niño a través del procedimiento de la fertilización in vitro. La infecundidad, la esterilidad, pasan a ser una situación develada por la ciencia y sus protagonistas adquieren una cierta relevancia: la concepción pasa a ser cosa de tres o más personas, la pareja, el médico y el equipo de fertilización .Y también pasa a ser un hecho público y comentable la situación de esterilidad que ya no se oculta en la seguridad de cuatro paredes y pasa a ser un hecho visible, vivible y padecible en una forma más comunitaria . La esterilidad pasa ser un problema social, hecho no reconocido totalmente hasta nuestros días con las restricciones que esto acarrea: falta de apoyo a los programas de esterilidad, desconocimiento de los procedimientos como “usuales” en la práctica médica cotidiana , ausencia o restricciones en los planes de salud de las empresas prepagas de salud, etc ., lo que plantea desde un punto de vista ético una situación de discriminación y aislamiento de la pareja estéril.
Ahora bien, cuando la ciencia tiene como valor supremo al hombre – más allá del hecho de haberlo hecho desaparecer del horizonte profesional - , la relación de la medicina con la antropología y las ciencias sociales – la misma ética -, se va haciendo cada vez más urgente , para contar con una visión abarcativa del hombre que lo incluya en un horizonte humanístico el que, sin olvidar la faz técnica del problema , lo considere una pieza fundamental de una sociedad mas justa, equilibrada e integradora.
De esta forma, la relación de la esterilidad con la ética se hace cada vez mas urgente .El mismo quehacer cotidiano de la ginecología así lo exige.
La ginecología urge a la ética en torno a las respuestas y justificación sobre los caminos que había emprendido en el campo de la fertilidad y convertía a ésta en un engranaje fundamental de su devenir . El “ deber hacer “ en medicina se vuelve una necesidad imprescindible , justamente para poder marcar los límites de la propia ciencia, que siempre serán morales y no técnicos, ya que lo que hoy aparece como imposible , mañana se atisba como posibilidad y al poco tiempo como realidad concreta . Entendido desde este punto de vista, el progreso científico debe ser un medio y no un fin. El fin debe ser la consideración del hombre como ser integral, esa notable y eterna mezcla de psiquis, biología, sociabilidad y espiritualidad que habla del hombre como entidad social, política, jurídica y moral independiente de los demás, pero integrada en sociedad.
A su vez, la ciencia aporta datos a la ética que confirman lo que ya se conoce hace ya varios siglos: la persona es la medida de todas las cosas y debe existir respeto por la vida humana desde la fecundación.
Es justamente este tema, el de la esterilidad junto con el de la fecundación asistida , el que ha planteado a la ginecología numerosos problemas desde la bioética . Es un tema relacionado íntimamente con el derecho de las personas a concebir , del embrión a ser considerado una entidad independiente y del médico como vector de la pareja infértil.
Las causas que llevaron a la ginecología a profundizar el estudio y tratamiento de la fecundidad fueron varias, pero fundamentalmente lo fue el problema de la esterilidad .Los factores que la provocan son múltiples y los procedimientos para remediarla también . No habré de estudiar este tema aquí, ya que la intención es la de analizar dos de los aspectos menos considerados en el problema de la fertilización asistida, que son el antropológico y el bioético, pilares ideológicos sobre los que descansa la problemática actual sobre el tema , patentizada en los numerosos proyectos legislativos presentados los últimos años , que pretenden regularla y encuadrar su aplicación . El debate sobre la fertilización asistida se ha convertido de esta manera en un problema bioético nacional y todos los días asistimos cataratas de opiniones a favor y en contra -algunas de ellas intencionadas y parciales -, acerca de la necesidad o nó de legislar sobre el tema. En mi libro “ Bioética Temática” he comentado la experiencia de la Comisión Nacional de Bioética – que integre por diez años- , en el análisis de este problema y los resultados obtenidos . Este tema requiere una reflexión equilibrada y de ecuanimidad `para su resolución , dentro de límites que tengan en cuenta los intereses de los médicos , de las parejas y del niño por nacer, así como sus derechos jurídicos , tales como el derecho a la identidad, a la herencia, a conocer su filiación y origen y otros tantos que hacen a la dignidad de la persona, hechos que motivo un estudio interdisciplinario nuestro acerca del tema en el Congreso Mundial del Notariado Latino en Berlín (1995), donde estudiamos el problema desde diferentes facetas y proponíamos resultados equilibrados.
El equilibrio es el factor esencial a tener en cuenta en esta situación que afecta a muchas parejas que solicitan la solución a su problema , dentro de cauces normales y legislables , hecho que no puede ser desconocido y mucho menos no tratado por los responsables de dar a la ciudadanía elementos que les permitan desarrollar sus derechos y potestades.
En un primer momento, en el tratamiento de la esterilidad aparecieron las técnicas llamadas de baja complejidad , que consistían `principalmente en procedimientos ambulatorios, sin uso de anestesia y sin mayor necesidad de aparatología especializada . Entre ellas se puede mencionar a la inseminación, en sus variedades cervical, intrauterina, intraperitoneal e intratubaria , que no comentaré aquí.
Mas adelante, se comenzaron a experimentar procedimientos de fertilización asistida (FA) de alta complejidad que, como su nombre lo indica, requirieron una infraestructura más extensa , con laboratorios, exámenes especiales y diversos profesionales actuantes .Se inicia así un camino que habría de llevar a la primera fertilización in vitro (Louise Brown, 1978)y a la aparición de técnicas cada vez más complejas o variables, tales como la transferencia intratubaria de gametos,la transferencia intraperitoneal de de ovocitos y espermatozoides, la transferencia tubaria de embriones , el ICSI , la congelación de óvulos, etc .Cada uno de estos procedimientos ha planteado a la ciencia problemas técnicos que fueron progresivamente resueltos . También problemas jurídicos y bioéticos, mas difíciles de solucionar , ya que el problema subyacente es el de la despersonalización del sujeto en medicina y la consideración de la mujer como una entidad manejable en la ecuación médica .Todo este modelo va mostrando la necesidad de la ciencia en general y de la ginecología en particular de contar con modelos antropológicos y bioéticos que delimiten su campo de acción .La idea del “ anthropos” como persona bio psico social y espiritual y la unión práctica en la medicina actual de los conceptos de “ bios” ( vida) y “ethike” ( deber hacer), deben regir la conducta de médicos especialistas e investigadores a veces poco propensos a la meditación meta-física ( mas allá de la física).
La Bioética, nacida a comienzos de los ’70 es una disciplina que nos habla de valores morales, del “deber hacer” en las ciencias de la vida concebida como un estudio sistemático de la conducta humana, en tanto que dicha conducta es examinada a la luz de los principios y valores morales (Reich) . Esta disciplina plantea el nexo entre el ser y el deber ser, entre los hechos y los valores , entre la vida y la norma , y viene irrumpir en pleno proceso de la crisis médica actual, que reclama la inclusión en la decisión médica de la figura el sujeto moral en medicina.
Son muchos los problemas bioéticos que se han ido planteando a las técnicas de fertilización asistida, varios de los cuales no han sido todavía resueltos en la práctica, porque dependen de creencias, ordenaciones morales y puntos de vista diferentes . Cito entre ellos el de la adopción prenatal, las madres sustitutas, la crioconservación de óvulos y embriones, la cantidad de embriones por implantar en cada sesión, el “ descarte“ de embriones no deseados por la pareja, el destino de los embriones crioconservados remanentes ,por citar algunos de los más cotidianos.
En base a la experiencia recogida en el seno de la Comisión Nacional de Bioética, son recomendables los siguientes procederes : promover y respetar siempre el bien de la persona, reconocer el inicio de la vida desde el momento de la fecundación, respetar los derechos humanos, favorecer el acceso de toda pareja que así lo requiera a las técnicas de fertilización asistida, necesidad del consentimiento informado, posibilidad de acceder a la adopción prenatal y control de los embriones por una institución competente.
El problema de la esterilidad, es decir de la dificultad o imposibilidad de una pareja para procrear, cala hondo en la psicología de ellos, ya que mucha de la trascendencia del hombre pasa por su descendencia, por el “dejar algo de mi carne y mi hueso en este mundo....”.La falta de hijos es una herida profunda que puede llegar a derrumbar espiritual y psíquicamente a la pareja.
Se estima que entre un 10 y un 24 % de las parejas son estériles por causas variadas, que van desde la no producción de espermatozoides en el hombre hasta la agenesia o ausencia ovárica en la mujer, pasando por la obstrucción de trompas, la incompetencia del cuello uterino o los problemas tumorales .Cada caso es único e irrepetible para la pareja y el médico, que debe buscar la forma de solucionar este problema, con los adelantos científicos a su alcance.
Frente a esta problemática , la medicina ha ido aportando en forma gradual progresivos intentos de solucionar el problema, que van desde la inseminación simple a técnicas complejas de fertilización asistida , lo que ha planteado al médico y la pareja más problemas éticos y relacionados con los derechos humanos que técnicos propiamente dichos . Y digo esto porque en el devenir vertiginoso de la ciencia actual, lo imposible ha ido siendo desplazado progresivamente del horizonte médico, para ser reemplazado por la visión de posibilidad, que puede ser más o menos lejana, pero casi siempre probable.
Frente a estos y otros problemas derivados de la fertilización asistida, nuestra propuesta ante el Congreso del Notariado Latino en Berlin, fue la de la necesidad de legislar para regular .Pienso que debe ser así porque la no marcación franca de límites se presta a excesos como hemos venido observando los últimos años en nuestro país, y la potencial paciente que va a hacer uso cualquiera de los métodos disponibles a su alcance debe tener garantía de la calidad y solvencia científica de los equipos intervinientes, así también como de los límites éticos que se pueden poner a cada uno de ellos.
La técnica ha dado ya serias respuestas al problema de la esterilidad. Creo que este avance es una realidad incontrastable , sobre todo teniendo en cuenta que se calcula que un millón de argentinas son posibles candidatas a usar cualquiera de estos métodos, y la cifra va subiendo con los años , sobre todo teniendo en cuenta que son muchos los niños nacidos en Argentina a través de distintas técnicas de fertilización asistida . Lo que no ha tenido el mismo ritmo de avance es la legislación, la resolución de problemas éticos y la inserción social a través de las instituciones médicas en la sociedad, lo que plantea a mi entender problemas morales y legales que deben ser solucionados por el camino indicado .A este respecto, cabe acotar que entre 1991 y 1994, Tucumán ha sido la provincia argentina con mayor cantidad de proyectos legislativos aprobados relacionados con problemática bioética, de mi autoría, entre ellos los de investigación científica en humanos ,la constitución de comités de bioética hospitalarios, el ejercicio de la enfermería y las especialidades médica y la constitución de una comisión provincial de bioética , lo que en su momento nos puso a los tucumanos a la vanguardia de Argentina en estos tópicos.
La Bioética ha demostrado a los científicos que el gran descubrimiento del siglo XXI es el hombre mismo, como sujeto de la ciencia y como autor de decisiones morales que se refieren a ella. Su pensamiento se halla dirigido a encontrar una base racional y humana a la conducta de los hombres en el tratamiento de los problemas que la vida y la ciencia le plantean y por esta razón, los avances científicos y técnicos de la biología deben ser orientados a promocionar la calidad de vida.
Por Armando Pérez de Nucci
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Doctor en Medicina y en Filosofía. Especialista en Bioética