TUCUMÁN.- El Gobernador José Alperovich ha dicho hace unos días que para realizar el cambio por él deseado para la provincia necesita de la ayuda de la Nación. Por cierto, no se refiere a alguna ayuda de tipo espiritual, sino de dinero proveniente de las arcas que administra personalmente la presidente de la república, Cristina Fernández, para llevar adelante planes de obras públicas.
“Defina cambio, señor Gobernador”, le pediría cualquier periodista si alguna vez el inquilino de la Casa de Gobierno se dignara a formular sus declaraciones en conferencia de prensa, y no mientras realiza sus acostumbradas recorridas diarias por sitios del interior de la provincia, acompañado por funcionarios y legisladores y seguido por un pequeño enjambre de reporteros y camarógrafos.
Tanteando
Se entiende que para el Gobernador “cambio” es sinónimo de “progreso”, y en este sentido de difunden las publicidades oficiales como “Estamos cambiando Tucumán”, en alusión a obras que realiza o realizará esta administración alperovichista. Pero también podría referirse a modificar una cosa para convertirla en algo distinto u opuesto; a reemplazar una cosa por otra; o alterar un estado por otro, como apuntan algunas de las definiciones en el diccionario. Si se trata de alguna de estas últimas definiciones, entonces el gobernador ha producido recientemente al menos dos cambios importantes en la provincia, y en forma drástica, con total frialdad y sin anestesia.
Sin garantía
En primer lugar, Alperovich desechó para siempre la institución del concurso público de antecedentes y oposición, mediante el cual se garantizaba la idoneidad de quienes aspiran a ocupar cargos en la administración estatal.
Esta herramienta se ha utilizado especialmente en el Poder Judicial y en las universidades, como también en empresas privadas. Para echar por tierra esta institución, dijo simplemente, y fríamente, que a los funcionarios y legisladores les asiste el derecho a nombrar familiares y amigos en cargos públicos.
El mismo lo hizo en su momento, cuando incorporó decenas de ex colaboradores políticos en la planta de empleados de la Casa de Gobierno, nombramientos que el bautizó como sus “ojos” para vigilar la gestión.
Cifras para no olvidar
A modo de cierre de este réquiem para los concursos de antecedentes y oposición, recordemos que actualmente suman unos 83.000 los empleados estatales, según datos del mismo gobierno. Sucede que durante la gestión de Alperovich, al menos 10.000 nombramientos se produjeron particularmente en áreas vinculadas con la seguridad y con la salud.
En las municipalidades, en tanto, el nivel de empleo sigue siendo un dato celosamente guardado. Los intendentes tienen la capacidad de contratar (locación de servicios) por algún tiempo y luego dar de baja.
En los últimos años, se cree que por lo menos hubo 3.000 contrataciones. Es lo que se denomina empleo político.
Curiosa medición
El otro cambio ejecutado por el gobernador, también con pasmosa frialdad, como si tuviera hielo en la sangre, fue el de la medición de la talla de los niños desnutridos en Tucumán.
Utilizó el método indirecto de medir el talle de los delantales que se venden en los locales comerciales. Según los datos que recibió, este año se vendieron talles más grandes que los del año anterior, e infirió con ello que los chicos son ahora más altos.
En primer lugar, es poco probable que un niño que sufre desnutrición pueda ir a la escuela como cualquier vecino. Además, la cantidad de delantales vendidos no representa nada en particular. Fue un paso en falso el del gobernador, pero finalmente introdujo una variante en el método de medición de los desnutridos recuperados. Valga recordar que, en materia de seguimiento de la enfermedad de los niños desnutridos, para medir la talla se utiliza el antiquísimo y popular método de la regla, que da los mejores resultados.
Fuente: Semanario
de Tucumán, Edición Impresa.