TUCUMÁN.- Militancia 2.0, discursos por televisión, retwiteo a mansalva y cadena nacional: cuando todo hacía suponer que las manifestaciones populares se disgregaban detrás de una pantalla, Tucumán sorprende hasta a los más escépticos.
Cerca de mil quinientas personas marcharon el lunes a la noche por las calles tucumanas, exigiendo justicia por el asesinato de Mariano Ferreyra, cuyo juicio comenzaba ese mismo día.
Lo positivo: la unión de los sectores más combativos de la oposición. El Partido Socialista de los Trabajadores, el Partido Comunista Revolucionario, Libres del Sur, el Partido Obrero, el Partido Comunista y otros sectores sumaron fuerzas para reclamar por el militante asesinado.
La tristeza: los organismos de Derechos Humanos. No estuvieron presentes en la calle, como suelen estar cuando de atropellos a los derechos humanos de ayer se trata. La agrupación H.I.J.O.S. y la JP Evita, sin embargo, se sumaron a la campaña visual por Internet, difundiendo un afiche en el que expresaban su apoyo a la causa, pero su participación no excedió el retwiteo.
Quizás hubiera habido alguna presencia de los Organismos de Derechos Humanos reclamando por la muerte del joven y las graves heridas de las que aún Elsa Rodríguez se recupera, si no hubiera sido por la oportuna cadena nacional en la que la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner se atribuyó a si misma y al fallecido Néstor el mérito de haber avanzado en la investigación.
La bala que mató a Mariano Ferreyra rozó también el corazón de Néstor Kirchner. Es el pensamiento de Máximo, el hijo presidencial, quien jamás realizó declaración alguna a la prensa pero dirige el movimiento más grande y poderoso de la juventud política: La Cámpora. Así, quedaba saldada la deuda histórica del kirchnerismo de haber sostenido a Pedraza y las patotas sindicales bajo el ala del gobierno durante toda su gestión, y los jóvenes K se quedaron en casa.
Dos fueron las presencias que alentaron el pedido de perpetua a Pedraza, sindicado como autor intelectual del crimen, y de los demás responsables políticos: La Comunidad Indio Colalao y la Comisión de Familiares de Víctimas de la Impunidad acompañaron activamente la marcha. Ambos conocen de cerca la actualidad de los reclamos por las libertades democráticas y saborean en el presente la amargura de la complicidad política con los mecanismos represivos y de impunidad del estado.
Los miembros de la Comunidad Indio Colalao habían marchado por la mañana al Poder Judicial exigiendo la liberación de los dos comuneros detenidos tras el desalojo de Base Riarte. Unas cien personas acompañaron una manifestación por demás difícil, dados los escasos recursos económicos de los comuneros. No lo lograron por la mañana. Por la noche, marcharon junto a quienes exigían Justicia por Mariano Ferreyra e incluso tomaron la palabra en plena Plaza Independencia. El comunero Cipriano pidió el cese de la persecución, identificó su causa con la del militante muerto y terminó su discurso pidiendo a la Pacha Mama que ilumine la lucha. Luego rompió en llanto. Sus hermanos fueron liberados a las pocas horas.
La Comisión de Familiares de Víctimas de la Impunidad, que todos los martes exige en el paseo principal el esclarecimiento de más de 200 crímenes impunes, también dijeron presente, con las fotos de sus muertos como estandarte. Ya habían participado de la Mesa Panel organizada la semana anterior con motivo del inicio del Juicio contra Pedraza, en la que se señaló la impotencia que genera el sistema judicial a los familiares de los asesinados. En la oportunidad, se había señalado la importancia del acompañamiento popular en las causas por crímenes impunes: el Fiscal Gustav o Gómez, participante de la Mesa Panel, resumió en una sola frase la necesidad de tomar las calles para fiscalizar los procesos. “La Justicia es un asunto demasiado importante para dejarla en manos de los abogados”, señaló.
La convocatoria fue pacífica y ordenada, con diversidad de oradores y presencia de familias enteras. Terminó cerca de las 21.30 del lunes. El martes, la comunidad Indio Colalao volvió a la Paza, y por la noche los familiares de víctimas de la impunidad marcharon nuevamente. El miércoles, los Jubilados se manifestaron, como siempre, por el histórico 82 por ciento móvil.
La Plaza Independencia no descansa. Hace permanente honor a su tradición de centro político de contralor a los poderes de Gobierno. Nada hace, por ahora, suponer que el tan predicho fin de la historia reemplace a la tradicional presencia ciudadana en las narices mismas de la Casa de Gobierno.
Fuente: Semanario
de Tucumán, Edición Impresa.