GERONTOLOGÍA Y SOCIEDAD
In memoriam de Adolfo Bioy Casares (1914-1999)
Adolfo Bioy Casares (1914-1999) nació, vivió y murió en Buenos Aires. Su carrera como escritor comenzó en 1940 con la publicación de La invención de Morel (premiado con el Primer Premio Municipal en 1941). Entre sus obras más destacadas se pueden mencionar Plan de evasión (1945), El sueño de los héroes (1954), Diario de la guerra del cerdo (1969) y Dormir al sol (1975). Frecuentó el humor, la literatura fantástica, el policial y la ciencia ficción. Junto a Jorge Luis Borges, escribió bajo el seudónimo de H. Bustos Domecq y B. Suárez Lynch. En 1990 recibió el Premio Cervantes.
Se dice bien y abundan los discursos elogiosos hacia los viejos aunque quedan invisibilizados y malinterpretados otros discursos que son contradictorios con los primeros y que tienen demasiados elementos y estereotipos negativos con referencia al envejecimiento de los pueblos. Entre otros, podemos señalar las columnas de Eduardo Villar en "Los intelectuales que no envejecen" en Revista Ñ, N° 363 y Héctor Pavón en “Quién pagará nuestra larga vida” en Revista, N° 370.
Al menos sirven para visibilizar la presencia de los viejos entre nosotros y mostrar algunos de sus problemas que deberían tener soluciones más concretas y sobre todo más rápidas. Resulta doloroso, intolerable, angustiante y desesperante para muchos de nosotros verse viejos y sobre todo que la gente que nos rodea nos vea y nos juzgue mal como tales.
La adultez mayor y sobre todo el sobreenvejecimiento aún en las mejores condiciones biológicas, psicológicas y sociales es difícil de sobrellevar aún con excelentes soportes y ambiente protésico de comprensión, continencia y ayudas de afectuosos familiares y bienintencionados vecinos.
La sociedad que nos rodea ve a los adultos mayores como enfermos, seniles, deprimidos, asexuados, pasados de moda, diferentes, discapacitados, sin derechos, sin pertenencia, son los "otros", no importan mucho sus necesidades económicas y sociales, no contribuyen a la sociedad, gastan demasiado, no producen, en el fondo no interesan y son una carga, son descartables, desechables, obviamente biodegradables y no pueden reciclarse...; por todo esto y otras cosas la pregunta que se hace la Revista Ñ es “quién pagará nuestra larga vida”.
Hace poco falleció el Dr. Robert Neil Butler, que además de su talento inigualable para estudiar el proceso del envejecimiento en todas sus variables, fue un militante gerontológico e hizo escuela; acuñó a través de la palabra castellanizada "viejismo" el concepto trágico de la discriminación de las personas por su edad. La vejez para esta sociedad posmoderna es algo mal visto e intolerable; se llega a extremos límite en que menudean los abusos, el maltrato, el abandono, la exclusión y la violencia explícita hacia los viejos en todas sus variantes.
Lo había intuido el escritor Adolfo Bioy Casares cuando publicó su novela “Diario de la guerra del cerdo” (1969) y nadie le creyó. Diario de la guerra del cerdo plantea que la vejez es algo repugnante y que debe librarse una guerra generacional, de los jóvenes contra los «cerdos», epíteto dado a los viejos.
Hay competencia y recelo entre las generaciones; la lucha se vuelve explícita, una «guerra», y cuando hay una guerra gana el más fuerte, y éste suele ser el joven. Los viejos son víctimas de la violencia antes y ahora; la arrogancia de los jóvenes se ve en el libro cuando un grupo de jóvenes mata al diariero don Manuel sin ningún tipo de razón.
La violencia es una impronta a lo largo de toda la novela en la que se suceden distintos tipos de ataques, persecuciones y asesinatos, siempre de los jóvenes contra los viejos, los cuales se debaten entre los deseos de continuar su vida normal, la indignación y el miedo. Lo más interesante de la novela son algunos aspectos y reflexiones duras, absolutas e inapelables que hace Bioy sobre la vejez. Los viejos son presentados con crueldad, tanto que la publicación misma de Diario de la guerra del cerdo fracasó en Europa justamente porque los lectores tenían la misma edad que los viejos de la novela.
Podemos leer frases como: «Los viejos al hablar escupimos», «En la vejez todo es triste y ridículo: hasta el miedo de morir», «Envuelto en cuero. Todo viejo se convierte en bestia», «No hay nada peor que la vejez» y, tal vez la más demoledora, «”La enfermedad no es el enfermo” –pensó– “pero el viejo es la vejez y no tiene otra salida que la muerte”».
Por Leonardo Strejilevich
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