SALTA.- En las elecciones de renovación de autoridades de la
Caja de Seguridad Social para Abogados de la Provincia de Salta, del pasado 10 de agosto, después de tantísimos años perdieron “los faroleros “, los mismos que la regentearon - salvo insignificantes interregnos de “ pedantes de cotillón” al servicio de la “oligarquía paternalista”- desde su creación.
Un signo de sus gestiones es que no produjeron alteraciones en las políticas institucionales, instalados en su conducción como exponentes de la cultura dominante impusieron su lema “aceptar lo que hay y tratar de sobrevivir”. O sea, el statu quo. Gracias a Dios que se fueron!! Don Hipólito Yrigoyen decía que eran como las palanganas: poca cosa y mucho ruido retumbante al caer. Eran intérpretes guionados de una realidad ilusoria que metía cizaña en las mentes de los más crédulos. Hoy ya no podrán sacar a “pasear su hipocresía”, porque sus palabras exhibirán ese sabor a derrota.
El tradicionalismo de la “elite paternalista” consiste en una pose olímpica y despectiva hacia el vulgo. Algunos se jactan de su llaneza con las clases subalternas, pero la “chinita” esta allá y los “señores” acá; es una relación de persona importante a individuo insignificante. Formados en una conciencia de “circulo”, aunque entre ellos se saquen lonjas, saben que defienden los mismo intereses, sobre todo cuando se debe considerar la insignificancia de quienes están fuera de su círculo áureo.
En cada oportunidad de renovación de autoridades, envían a sus sabuesos a repartir dentelladas contra los abogados de la plebe que tienen la osadía de pretender una intromisión en la “caja” que es para unos pocos faroleros. Los abogados de tez morena (salvo algunos seguidores del ku klux klán), los gringuitos guasos del campo, los turquitos entrometidos, carecen del derecho de alcanzar funciones expectables en la “caja de la esquina”.
De allí la calificación de “oligarquía”, que no tiene ninguna intención peyorativa: son oligarcas en tanto entienden que solo los pertenecientes a esa órbita superior están capacitados para el manejo de la caja previsional de los abogados. No importa la jerarquía espiritual de las personas que integran ese estamento jerárquico.
Es importante que diferenciemos: la oligarquía no es la aristocracia. Los aristócratas griegos tenían una finesse espiritual y se llamaban a sí mismo “los veraces”, porque la verdad surgía naturalmente de sus palabras y ellos daban los nombres a las cosas. Tal era su poder. Eran lo bueno y lo bello. En cambio la oligarquía, en lo esencial, es gobierno de pocos, como los oligopolios. Sócrates se inmoló con cicuta para desenmascarar la injusticia de la aristocracia ateniense.
En su libro “Salta. El campo y la Ciudad”, Luis Adolfo Saravia describe el “paternalismo clientelar” de la oligarquía salteña: “En el imaginario colectivo de estos lugares, el poder es lo que emana del “dueño de la finca” o, si se prefiere, el poder es el “dueño de la finca”. Así, la idea del poder, en la cultura profunda de los salteños, es de origen claramente rural.. No existió una lucha entre las burguesías de las ciudades y lo señoríos rurales…”. Ya no tiene asidero histórico que una institución “urbana” como la Caja, continuara bajo la férula de un pensamiento anacrónico.
Los “salvadores morales” de la Caja, como toda oligarquía paternalista, tienen el sincero convencimiento de que “protegen a todos” y que la “masa” de abogados “queda bajo su tutela y salvaguarda”, como lo expresara Esteban Echeverría. El representante de la Joven Generación Argentina decía:”.. La democracia, pues, no es el despotismo absoluto de las masas, ni de las mayorías; es el regimiento de la razón. La soberanía es el acto más grande y solemne de la razón de un pueblo libre. Cómo podrán concurrir a ese acto.. los que por falta de luces son incapaces de discernir el bien del mal en materia de negocios públicos…?? Los que como ignorantes que son de lo que podría convenir, no tienen opinión propia y están por consiguiente expuestos a ceder a las sugestiones de los mal intencionados??...Las masas no tienen sino instintos..es preciso educarlas…”.
Para algunos de sus conductores y adláteres resulta hasta criminal dejar la Caja - sinónimo de ”Patria ”- en manos de personas no acostumbradas al métier político-institucional. Cuando empezaban a soplar vientos populares en la “caja de la esquina” los caschis salían al unísono a ladrar las didascalias: “..se viene la corrupción”, “..los advenedizos..”,…”los que se tropiezan con los muebles…”,”.. el caos”, etc.etc. Ahora sí, ellos nunca rindieron cuentas de los “desaciertos” de la gestión: los abogados todavía no recibieron explicaciones “razonables” de la comprita de la Estación de Servicio de Avda. Belgrano y Zuviría.
Reprodujeron en la conducción de la Caja el principio discriminador “cerremos el circulo y velemos sobre él”, que la prosa ligera, racista y xenófoba del dandy Miguel Cané describe en “Juvenilia” ante el temor del avance de la “marea”, la chusma ultramarina de nuestros abuelos gringos, árabes, anarquistas, ácratas, etc. No en vano la obra magna de su vida fue la Ley de Residencia, que su autor llamara “deliciosa ley de expulsión de los extranjeros”.
Ortega y Gasset describió esa pose tan característica de la elite señorial argentina, anotando que estaba inmersa en un “futurismo concreto de cada cual”, que “viven desde sus ilusiones como si ellas fuesen ya la realidad”, creen ser algo que en realidad no son pero quieren ser.
Quieren serlo con tanta intensidad que terminan convencidos. Siempre a la defensiva por temor a que sus interlocutores descubran esa dicotomía, de allí la falta de autenticidad. El maestro español afirmaba:”… Esa preocupación defensiva…deja solo en pie su persona convencional… que nos muestra su posición social como se muestra un monumento…”.
La mayoría de los abogados salteños con sensibilidad popular han captado esa inautenticidad propia de la cofradía paternalista, transformando en argot una expresión castiza: farolero. Faroleros son los inauténticos, que creen ser lo que no son, que se declaran altamente demócratas pero están convencidos de su hidalguía y sus privilegios de porfirogénetas. Los que declaman la igualdad social pero entienden que solo ellos son “gente bien”.
Cuando los “notables” concedían un crédito, aunque el necesitado peticionante haya reunido todas las condiciones para su otorgamiento, era el “circulo áulico de primus inter pares” quien decidía finalmente- según su “relato de vida” - si la bolilla era blanca o negra. Sería atinado que en la solicitudes de préstamos se transcribieran algunos versos del Martín Fierro: “ La ley es para todos/ Más sólo al pobre le rige……/ Y sólo enrieda a los chicos../la ley es como el cuchillo/ No ofiende a quien lo maneja/ y corta sin ver a quien…”.
Los cofrades que dirigieron la “caja de la esquina” en los últimos años no pensaron en las nuevas generaciones de abogados y se negaron sistemáticamente a pergeñar nuevos paradigmas de sustentabilidad previsional, limitándose solamente, con alto nivel de ingenio y generosidad, a “ renovar “ plazos fijos. Nunca convocaron a asambleas para informar a los colegas sobre inversiones, disposición de bienes, contrataciones de seguros, etc. y en la última de aprobación del balance, insistieron en reafirmar:“nuestra política es conservadora”. A esa altura ya no era necesario una “confesión de parte”.
En la reciente elección la gran mayoría de los abogados con sus sueños de una Caja de Seguridad Social para todos y no al servicio de unos pocos presumidos, votaron contra el “clasismo” enquistado. No faltaron los “conversos” que hicieron martingalas y elucubraciones de toda clase para justificar la aceptación vergonzosa del statu quo. Pero a esta gente la historia las desecha. Dos mil años después, nadie se acuerda del nombre de ningún centurión. Y sí del nombre de aquel hijo de carpintero que escandalizó al mundo con su sueño igualitario. Es que la realidad no es solo lo que es sino además lo que puede ser.
La “caja de la esquina” no debe privilegiar el interés de los grupos de presión o de poder, sino lograr la concordia interior entre el mayor números de asociados. La “amistad política por excelencia”, como la definiera Aristóteles, es aquella que deriva de la preocupación común de los amigos por los bienes que son de todos. De las nuevas incertidumbres se irá encargando la inteligencia colectiva que se sepa construir. Bajo las ambigüedades, dificultades y contradicciones del presente, se esconde la potencialidad de otra realidad que empuja para salir a la luz, como la mariposa en la crisálida.
El viernes 10 de agosto -nueva fecha histórica- los abogados que desean una Caja de Seguridad socialmente integrada con la evolución de la comunidad, donde rijan principios de igualdad, fraternidad y ética, depositaron sus votos en las urnas al son del Himno a la Alegría de Beethoven. Como decía Arturito Jauretche, nuestro maestro :”..Los pueblos deprimidos no vencen…Nada grande se puede hacer con la tristeza..”.
Como afirmara Mariano Moreno:”… si cada hombre no conoce lo que vale, lo que puede y lo que se le debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas ,y después de vacilar algún tiempo, entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte mudar de tiranos sin destruir la tiranía..”. Un nuevo tiempo histórico se inicia en la “Caja de Abogados y quienes conducirán su destino, imbuidos por el espíritu de sus abuelos en esta nueva travesía institucional, lo harán con convicciones y alegría.
CELEBRAMOS EL TRIUNFO DE “ABRAHAM” TUMA Y “PITO” MELO !!
LOS ANTICARANCHOS QUE CUIDAN EL RANCHO.
Por Nicolás Juárez Campos
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