TUCUMÁN

Pocos recuerdan lo que dijo el último defensor de las cajas previsionales

Alguna vez, el dinero de los jubilados del país estuvo en manos de organismos administrados por los propios interesados, con autonomía financiera y económica, con participación del Estado

  • lunes, 13/08/2012 | 14:28 hs
Jubilados en espera - Foto Ilustrativa
TUCUMÁN.- En un país como el nuestro, en el que los escándalos se suceden a un ritmo vertiginoso, de tal modo que el segundo tapa al primero, el tercero al segundo y así sucesivamente –como los pliegues de la cebolla-, es preciso, casi necesario, revisar el pasado para no repetir errores.

Además, es preciso ejercitar la memoria, que ante un escenario donde lo que era ayer hoy ya no lo es, y donde la mentira sale a escena vestida de verdad, y viceversa, se vuelve corta y desviada. Un episodio de la historia política moderna argentina, vinculada con el sistema previsional, mantiene su vigencia desde hace décadas, mal que les pese a aquellos que tratan de ocultarlo.
 
Sucedió el 30 de noviembre de 1973, y fue protagonizado nada menos que por el entonces presidente de la Nación y líder del Movimiento Justicialista, general Juan Domingo Perón. Ese día, en un discurso por cadena nacional y acompañado por todos los miembros de su gabinete, Perón dijo que en 1956 el Estado se apoderó del capital de las cajas previsionales en forma ilegal e ilegítima, y destinó $65.000 millones para otros fines que no eran los que habían originado la creación de dichas cajas previsionales. El presidente calificó esta maniobra de robo, asalto y desfalco durante su discurso.

El creador

El que así calificaba a lo que hizo el gobierno que le arrebató el poder en 1955 era nada menos que el creador del sistema de seguridad social, en 1944, desde la Secretaría Trabajo y Previsión Social, cuando “todos nuestros viejos estaban abandonados”.

Perón descartó entonces la idea de poner los fondos previsionales en manos del Estado. Y en su discurso de 1973 calificó de “ineficiente e inseguro” un organismo estatal que administre los fondos de los jubilados y pensionados.

En el sistema ideado por el líder justicialista, los recursos de los jubilados estaban en manos de un organismo público no estatal administrado por ellos mismos, con autonomía financiera y económica, con participación del Estado.
 
El dólar
 
En aquel discurso, ya olvidado por muchos peronistas, el presidente cuenta qué el robo de $65.000 millones se perpetró en 1956 mediante un decreto secreto del régimen golpista que asumió el poder en 1955.
 
A partir de entonces, el jubilado nunca pudo recuperar su salario justo debido a la desvalorización de la moneda nacional. Según Perón, en 1955 el dólar estaba a $14,50, valor que se elevó luego a $1.400, haciendo prácticamente irrecuperables los fondos de las cajas previsionales.
 
El sistema previsional argentino nació con un mecanismo de capitalización. El régimen de 1955 desarmó todo: lo social se convirtió en negocios. Hasta nuestros días El despojo se repitió a partir de 1976 por otro régimen militar golpista, y así llegamos a nuestros días, con el drama de los jubilados cada vez más agudo y terminal.

Ninguna organización peronista defiende lo que dijo el general, mientras el gobierno de turno echa mano al dinero que desde siempre le perteneció a los jubilados. Sólo la Justicia emitió su fallo que, en los hechos, le da la razón al líder justicialista.

Pero, como en el escenario vertiginoso por donde transitamos, la palabra de la Justicia se difuma entre otras más rimbombantes, hasta que el tramoyista efectúe nuevos cambios en el decorado y en los efectos especiales.

Hoy, como durante los dos regímenes militares que azotaron el país, el dinero de los jubilados se destina para cualquier otra cosa, llámese “Fútbol para todos” o circo para todos, menos para el único fin posible, que es el de que los viejos puedan llegar al fin de sus vidas manteniéndose con su propio dinero, sin tener que mendigar como lo vienen haciendo, y como lo harán los que irán ingresando en la triste comunidad de la llamada clase pasiva, convertida por la fuerza en una especie de FMI que alimenta al poder kirchnerista.

Fuente: Semanario de Tucumán, Edición Impresa.

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