TUCUMÁN.- Mientras la prensa tucumana informa escuetamente, cada tanto, sobre nuevas suspensiones en la
fábrica textil Alpargatas, la realidad de los empleados es más compleja, oculta y difícil de dilucidad.
La empresa emblema del sur tucumano, que supo dar trabajo a más de 1.700 familias, anunció en julio la cuarta suspensión en menos de un año. La información oficial de la productora de marcas como Topper, Pampero, Flecha, Rueda, Sospasso, Bull, Speed y Tracy, entre otras, dice que las medidas obedecen a caídas en las ventas y a la acumulación de stock suficiente para enfrentar las entregas. Además, la empresa insiste en que la crisis no obedece a las trabas en las importaciones, aunque se reconoce está íntimamente relacionada con la reducción de ventas a Brasil, principal destinatario de los productos textiles que se confeccionan en Tucumán.
Sin embargo, en una recorrida por el lugar, la situación que se percibe es de mucha tensión entre los empleados. “En los últimos dos años corrieron a unos 500 empleados”, explica a

un obrero recién despedido que prefiere mantener su identidad en reserva. Otro, que aun trabaja en la fábrica, sostiene que, en lo que va del año ya son entre 200 y 300 los despidos.
También pide reserva de su identidad, afirma tener miedo de perder su fuente de trabajo. No se sabe a ciencia cierta cuántos empleados hay en Alpargatas. Según el representante del Sindicato de Empleados Textiles, Luis Salado, son cerca de 1.650. Según un obrero de la planta los empleados llegaron a ser 2.000, pero se desvinculó a mucha gente. Las denuncias hablan de despidos encubiertos. Se aumenta la presión laboral para que el trabajador acepte firmar la renuncia.
A cambio, la empresa ofrece una indemnización mucho menor a la correspondiente. Quienes no están incluidos en este tipo de manejos son los trabajadores con mayor antigüedad: ellos continúan trabajando. “Con una exigencia muy fuerte de aumento de la productividad”, explican. Los rumores que corren en la zona de Aguilares, hablan de un plan de cierre de la fábrica.
La acumulación de stock les permitiría vender la mercadería hasta 2014, pero la empresa no sobreviviría hasta entonces. Ni la empresa ni el Sindicato hablan de despidos. “A mí me despidieron” explica sin embargo un ex obrero de la planta, mientras exhibe el telegrama. En tanto, los medios de comunicación guardan un cerrado silencio ante la situación: Entre noticias de inauguraciones de 2 cuadras de pavimentos o cambios de lamparitas de las calles, parece no haber lugar para una de las crisis que puede herir gravemente la economía de la región.
Fuente: Semanario
de Tucumán, Edición Impresa.