ISLAS MALVINAS
CALLE DE NUESTRA CIUDAD
UBICADA SEGÚN PLANO GUÍA MILENIUM EN PLANO Nº 17 A4-D4
TERCERA PARTE- (final)
La tranquilidad tan ansiada de los habitantes de las islas de pronto se vio sorprendida una vez más, al fondear en puerto la fragata de guerra Clio, perteneciente a la
Armada Británica. Esto ocurría el día 2 de enero de 1833. El Comandante de la
Sarandí de inmediato destacó dos oficiales a fin de informarse acerca de los propósitos de la nave. El Comandante de la misma,
Capitán John Oslow, informó que tan pronto como fondease hablaría con el Comandante argentino. La información aludida era de que debía por orden del Almirantazgo, tomar posesión de las islas y del archipiélago todo, en nombre de su rey. Naturalmente que Pinedo protestó enérgicamente la actitud. Como respuesta a la protesta Oslow, redactó una nota agresiva en la que decía:
“Señor: Comunico a usted que he recibido órdenes de su Excelencia el Comandante en Jefe de los buques de S.M.B. de estación en Sudamérica, en nombre de Su Majestad, de ejecutar derechos de soberanía sobre estas islas. Es mi intención izar mañana por la mañana la bandera nacional de la Gran Bretaña en tierra, por lo que solicito tenga a bien arriar su bandera y retirar sus fuerzas, llevando consigo todos sus propósitos, etc., que pertenezcan a su gobierno”.
De acuerdo a las órdenes recibidas del gobierno argentino, se especificaban las acciones que debían tomarse en cada caso particular. Para abreviar la nota en el punto que estamos tratando, diremos que el
Comandante Pinedo se trasladó a la fragata Clio para protestar nuevamente, pero se encontró con la descomedida respuesta de uno de los tripulantes de la nave, diciéndole que el Comandante Oslow se encontraba descansando, y no podía ser molestado bajo ningún concepto. El punto número diez especificaba que:
“El Comandante de la Sarandí no podrá retirase de las Islas Malvinas, mientra no le fuese dada orden competente para efectuarlo”. En una disposición anterior se le aclaraba que debía defender el territorio sin rendirse, con el mayor valor, autorizándolo a quemar la nave si no pudiese evitar que el enemigo la aprese. Pinedo reunió a sus oficiales y les comunicó que estaba decidido a presentar batalla. Todos apoyaron la decisión, salvo
Mateo Brisbane que se excusó de hacerlo, por ser súbdito inglés, pero que disciplinadamente concurriría a cumplir sus funciones como piloto práctico. En lo que se refiere a la conducta de la oficialidad, hubieron dos versiones:
la del Segundo Comandante Roberto Elliot que aseguró que todos respondieron unánimemente que apoyarían la actitud de su jefe. La otra versión, la de Pinedo, fue, de que siendo todos ingleses, no podrían hacer fuego contra su pabellón.
Pinedo ordenó embarcar la guarnición de tierra, diciéndoles a los colonos que si quisieran abandonar la isla, podrían hacerlo en La Sarandí. Este hecho fue rebatido por Brisbane al saber que el pabellón azul y blanco no sería defendido: “
Yo no puedo batirme contra mi bandera, pero usted colocando la Sarandí…”
Pinedo sin dejarle terminar la frase, le dio la espalda. A las nueve de la mañana del día 3 de enero de 1833, Oslow plantó un mástil en una de las casas de Puerto soledad con la enseña Británica, en medio de atronadores redobles de tambor. A pocos metros aún flameaba la enseña de nuestra patria, en el edificio de la Comandancia. A continuación fue destacado un soldado que lo arrió. A los quince minutos de haberlo hecho Oslow se embarcó en la Clío. La bandera fue entregada al Comandante argentino en La Sarandí, diciendo que
“se había encontrado en el lugar una bandera extranjera”. Al día siguiente Pinedo partió hacia Buenos Aires.
Oslow, de acuerdo a instrucciones recibidas encargó al súbdito inglés más respetable el cuidado de la bandera, misión esta que recayó en el despensero Guillermo Dickson.
El día 26 de agosto de 1833, se cometieron una serie de asesinatos, siendo las víctimas:
Mateo Brisbane, Guillermo Dickson, Juan Simón, Ventura Pasos y Antonio Vehingar
(conocido como Antonio Wagner. También nombraremos a quienes cometieron este atentado. Son ellos:
ANTONIO RIVERO, Juan Brasido, José María Luna, Manuel González, Luciano Flores, Manuel Godoy, Felipe Salazar y M. Latorre. Los tres nombrados primero eran gauchos, mientras que el resto eran indios. Hubo otros personajes secundarios. En total la población de Malvinas había quedado reducida a 26 habitantes.
Del grupo de victimas, los principales fueron Mateo Brisbane y Juan Simón que habían desempeñado funciones importantes dentro de la isla. El primero de ellos se desempeñó como Piloto de los barcos de Vernet, además de su Mayordomo en ausencia. Dickson fue despensero de Vernet hasta su muerte y el tendero de la lista Juan Simón fue capataz, caudillo, comandante político y militar de las islas. Finalmente Antonio Wagner fue asesinado por el solo hecho de encontrase en aquel momento con Dickson, mientras que Ventura Pasos corre igual suerte, a pesar de ser un personaje secundario dentro de las intrigas. Ocurrieron en aquellos tiempos maniobras dolosas en perjuicio de Vernet, según consta en cartas que se encuentran depositadas en el Archivo General de la Nación.
El motín y los asesinatos se habían realizado debido a que los victimarios pretendían que se les pague los trabajos realizados en oro o en plata, y no en papel moneda como se les había ofrecido. Los asesinos fugaron y estuvieron viviendo en tres islas adyacentes durante cuatro meses. Tres buques ingleses pasaron por la zona, pero
estos le proporcionaron poca o ninguna ayuda. A todo esto se acercó el buque Challenger que despachó cuatro suboficiales y 30 solados de marina en busca de los asesinos, sin éxito. Uno de ellos se entregó al
Capitán Seymour, dando testimonio de lo acontecido al rey.
EL GAUCHO RIVERO
Son encontradas las posiciones acerca de este personaje, que liderara como habíamos visto la rebelión de 1833. Algunos le proclaman como héroe, defensor de la soberanía argentina en las islas Malvinas, estando profundamente convencidos, que todo movimiento subversivo tiene su origen en el drama del hombre. Piensan que si bien hubieron móviles puramente económicos, estos pueden haber sido pretextos que ocultaron fines superiores, como ser la expulsión de los extranjeros de las islas. Que los asesinatos cometidos, de acuerdo a la interpretación moderna puedan haber sido
“daños colaterales” como ha dado en llamarse durante los conflictos guerreros de la actualidad. Lo cierto es que la fuerza no sirve si no está acompañada por altos principios basados en la moralidad. Los adictos a esta postura sostienes que
Rivero, liderando unos cuantos gauchos e indios eran los últimos representantes de origen, desde la fundación realizada por
Vernet. La contracara eran los otros asesinados Brisbane, Dickson, y Wagner, que a pesar de haber integrado la planta de Vernet, procuraron congraciarse con la autoridad usurparte. En lo que respecta a Ventura Pasos y a los otros peones fueron considerados por los sostenedores de esta teoría como argentinos sojuzgados, desmoralizados y sin ninguna fuerza de reacción.
Dan a esta gesta del 26 de agosto de 1833 que toma Puerto Luis como una auténtica jerarquía criolla. El Dr. Martiniano Leguizamón Pondal-entrerriano- dice entre otros conceptos
“Antonio Rivero, tu nombre jalona la extensión de nuestra patria, y quedará adherido al suelo de las islas de tenebrosas riberas en que actuaste. Bien está que te recordemos, pues en la historia malvinera es difícil encontrar otro tan ostensivo del bregar argentino por el dominio de nuestro archipiélago”.
Por otra parte la
Academia Nacional de la historia adopta una actitud reflexiva y de prudencia al decir “que el resultado de la investigación histórica siempre está supeditado al descubrimiento de nuevos datos y documentos”.
En su dictamen dice:
“Los documentos conocidos sobre la sublevación de Antonio Rivero y sus siete compañeros el 26 de agosto de 1833, son de origen británico. (…) No se desprende que un móvil patriótico impulsara a estos hombres a dar muerte al delegado y gente enviada por Luis Vernet, luego de la usurpación de las islas Malvinas por la Corbeta Clío. No eran por lo tanto, soldados o marineros británicos, sino empleados del ex comandante político y militar del gobierno de Buenos Aires, enviados para vigilar sus intereses y defender sus derechos ante el nuevo ocupante intruso. Estos hombres no fueron muertos con las armas en la mano, aprestados para una lucha franca, sino cuando estaban ocupados en tareas pacíficas o en solaz del descanso. El capataz Simón, salando cueros; el delegado Brisbane, entregado a la lectura en su casa; Dickson, muerto fríamente con disparo de pistola y a sablazos; Ventura Pasos al intentar huir, también alevosamente.
“El móvil según se desprende de la prevención sumaria abierta, elevada desde el buque Spartiate de estación en Río de Janeiro, al Almirantazgo, el 23 de marzo de 1835, fue que Rivero y los suyos recibían como pago, no dinero británico, sino billetes de papel para uso en el establecimiento de Malvinas en vez de moneda de plata.
“La documentación conocida es indudablemente auténtica, y no obstante su origen nada hace presumir que los hechos relatados no se ajusten a la verdad. “No fue la sublevación encabezada por Rivero la primera producida en las islas Malvinas. Se cuenta con el precedente de la del 30 de Noviembre de 1832, con el asesinato alevoso del Comandante Mestivier. Habría que conocer la participación que le cupo en este episodio a Rivero y sus hombres para poder juzgar la acción violenta, en casos como el de Mestivier (abuso de autoridad) o el de Brisbane (pago en moneda papel en vez de la metálica de plata).
“Antecedentes inmediatos al 26 de agosto de 1833-fecha en que se produjo el alzamiento y las muertes ya mencionadas- y de origen siempre británico, nos muestran a Rivero bajo una faz en la que el patriotismo y el coraje, nada tienen que ver”.
“En unas declaraciones de Rivero, Antonio Wagner, Santiago López y otros, hechas a pedido de Simón, consta casi sin variaciones que al llegar la Lexington “de miedo de ella, dispararon al campo, mas de día venían a pasear a las casas, mas de noche se retiraban al campo por temor de haberlos corrido, una vez que el único hombre que quedó en las casas fue el capataz (Simón), dos peones y un enfermo”. (…)
(…) “Los antecedentes documentales hasta ahora conocidos no son nada favorables para otorgar a Rivero títulos que justifiquen el homenaje que se proyecta, con más buena fe y entusiasmo patriótico que verdad histórica. Es deber y responsabilidad de la Academia Nacional de la Historia, como institución asesora del Poder Ejecutivo, comprobar fehacientemente el hecho y si el mismo reviste carácter de verdad histórica indubitable de la defensa de la heredad patria.”
“Si no se aportan pruebas que el levantamiento se debió al noble propósito patriótico de expulsar a los usurpadores de la soberanía nacional, no corresponde el homenaje proyectado”. (Boletín de la Academia Nacional de la Historia-Volúmenes XXXIX-1966).
La lectura de los documentos planteó a los ingleses un tremendo problema, pues por alguna razón desconocida, en junio de 1835,
C. Wood del almirantazgo ordena a
Hammond repatriar a los acusados tan pronto sea posible. Recordemos que fueron enviados a Inglaterra para ser juzgados, y muy pronto de acuerdo a este dictamen se encuentran en Río de Janeiro a bordo del
Cockatrice. Se produce entonces un nuevo inconveniente, pues el
Contraalmirante Hammond, solicita permiso, a través del Cónsul inglés en Buenos Aires, para desembarcar a los insurrectos de las Malvinas. Finalmente luego de difíciles peripecias, pues nadie quería hacerse cargo, fueron depositados en Montevideo. Lo cierto que es un misterio el porqué a pesar de la documentación, los asesinos no fueron colgados como debió haber ocurrido. Nada está esclarecido,
pero lo cierto es que la bandera británica no volvió a flamear desde aquel 26 de agosto de 1833 hasta el 10 de enero del año 1834.
Don José María Rosa se expresa sobre este asunto de la siguiente manera:
“Rivero había nacido en Entre Ríos, y el destino lo llevó a las Malvinas. Fue pastor y esquilador de ovejas en Puerto Soledad. Presenció impotente el atropello de los norteamericanos de la Lexington, el 28 de diciembre de 1831, y como consiguió ocultarse con algunos compañeros, no fue secuestrado como la mayoría de los colonos. Fueron un puñado, apenas, para mantener la soberanía de las islas, hasta octubre de 1832, en que llegó la
goleta Sarandí, con un nuevo comandante de las islas, el
mayor Mestivier, y una colonia de confinados por delitos comunes.
Era dura la vida en las soledades del Sur, y pesada la mano del mayor Mestivier. Los confinados se sublevaron, aprovechando que el
capitán José María Pinedo se había ido con la Sarandí a alejar a algunos pescadores norteamericanos; Mestivier fue muerto, y se cometieron muchos desmanes. Pero el regreso de Pinedo restableció el orden.
Por poco tiempo. El Almirantazgo británico quiso aprovechar el desamparo que la
Lexington produjo en
Soledad, y ordenó al comandante
J. J. Onslow, de la corbeta Clío, que se apoderase de las Malvinas. El 2 de enero, Onslow se presentó en Soledad, y Pinedo no tuvo un gesto de heroica locura; dejó arriar el pabellón argentino porque
“las instrucciones que tenía –dice en su informe– me prohibían hacer fuego a ningún buque de guerra extranjero, y sí sólo defender mi buque”.
Onslow organizó la nueva colonia británica. El piloto inglés de la Sarandí, Mateo Brisbane, fue hecho “delegado”; otro inglés, Dickson, encargado de izar la Unión Jack; un francés, Jean Simon, capataz de trabajos. No faltaron –era inevitable –algunos argentinos que se plegaron al orden triunfante. Pero también era inevitable que otros no aceptaran el dominio inglés.
Un día –el 26 de agosto de 1833–, los matreros, en número de ocho y encabezados por Rivero, volvieron a Soledad y dieron muerte a Brisbane, a Dickson, a Simon y a algunos más. La academia –nuestra Academia–, en mérito a documentos ingleses, dice que el móvil de Rivero y sus compañeros (“entre los cuales había algunos confinados”, recalca), al desertar primero y caer más tarde en plan de guerra sobre Soledad, era porque Brisbane les pagaba los salarios en billetes de papel, y ellos querían metálico. Me parece una explicación demasiado materialista para una reacción tan excesiva, y no comprendo qué diferencia hacía a los gauchos los billetes o el metálico en las soledades del archipiélago. Preparados para perder la vida, quisieron hacerlo bajo la bandera argentina, y arriaron el pabellón británico.
¿También por metálico?
Hasta enero de 1834 estuvieron las Malvinas bajo el control de los gauchos de Rivero. Las familias de los colonos ingleses fueron confinadas en un islote y alimentadas por los dueños de la situación. En octubre llegaron algunas balleneras inglesas, pero no se atrevieron con los facciosos: debió esperarse a enero de 1834, en que una goleta de guerra consiguió imponerse, y Rivero y los suyos cayeron presos. Se les hizo un proceso en
el buque Spartiate, de la estación naval británica de América del Sur. Tan inicuo, que el almirante inglés no se atrevió a convalidarlo, y prefirió desprenderse del asunto desembarcando a Rivero y los suyos en la República Oriental del Uruguay. El cabecilla fue dado de alta en el ejército argentino por Rosas, para morir, como era su ley, el 20 de noviembre de 1845 peleando contra los ingleses en la Vuelta de Obligado.
Esa fue la vida del gaucho Rivero. Nuestros académicos entienden que
“sus antecedentes no son nada favorables para otorgarle títulos que justifiquen un homenaje”. Basándose en interrogatorios en inglés del curioso proceso, nos aclaran que era un gaucho peleador, tal vez de malos antecedentes, y que se juntaba con antiguos confinados.
Pero también Martín Fierro era un gaucho peleador, de malos antecedentes, y que se juntaba con matreros como él”.
José María Rosa
(José María Rosa, Historia del revisionismo, Buenos Aires, Editorial Merlín, 1968)
Situación en las islas en aquel momento era desesperante, la miseria del gaucho en esos momentos era muy grande. Dickson (Despensero de la Isla) no aceptaba como pago los vales que Vernet (Antiguo Comandante Argentino de la isla) había entregado a los peones para pagarles su trabajo, sino que exigía monedas de plata y ellos no las tenían. Por otra parte Simón (capataz de los peones) les prohibió faenar ganado manso, por lo que tenían que salir a perseguir el ganado cimarrón para conseguir alimento. Es muy evidente que la situación social y económica de esos hombres era angustiante. :
Las actas y documentos escritos que han llegado a nuestros días fueron efectuadas por los mismos británicos, quienes consideran la rebelión de Rivero como
el "amotinamiento de unos delincuentes" tratados peyorativamente y racistamente de "gauchos" e
"indios salvajes", en esas documentaciones apenas sí se traslucen las causas de los hechos (se omite que los gauchos y los charrúas eran argentinos que intentaban mantener la soberanía argentina), apenas se menciona que a los
"gauchos" e "indios" que habían podido quedarse en Malvinas se les usaba como peones en duras tareas, y se les pagaba sólo con
"vales"; también se hace mención de que
Rivero y sus compañeros arriaron la bandera británica y enarbolaron una improvisada bandera argentina.
Nota: También existe otra versión y es la de que el gaucho Rivero murió por causas naturales.
Por Ricardo Federico Mena
para
Currículum abreviado del Dr. Ricardo Federico Mena
El doctor Mena- Martínez Castro es odontólogo y oriundo de la provincia de Tucumán. Ha escrito dentro de su profesión diversos trabajos de investigación clínica, como asimismo libros acerca de variadas materias, Historia, Genealogía, Poesía, Novela, Teatro y Cuento. Dentro de este último tema se encuentran
El Testamento Secreto y El Secreto del Asampay
, entre otros. En poesía tiene publicados dos libros Senderos de
la Memoria y Poemas y Canciones
además de otros que esperan ver la luz. En materia histórica sólo mencionaremos Religiosidad en
el Valle Calchaquí, Historia de la Gobernación de los Andes, en colaboración con Carolina Mena Saravia, Historia de la Iglesia de Santa María,etc
En materia teatral sólo destacamos
Tristeza de Muñecos (Quepete y Madreselva
) junto a otros que también esperan ver la luz.
Ha recibido importantes premios provinciales y nacionales en poesía, cuento y novela durante su quehacer, entre los que se encuentra, el
Primer Premio Provincial
–
año 2000- por su novela La Casa Blanca de Anguinán.
Asimismo en materia folclórica, ha sido galardonado cuatro veces en concursos provinciales y dos en concursos nacionales como autor.
Pertenece a distintas instituciones académicas de la región y de Buenos Aires, entre ellas es
Miembro de Número del Centro de Estudios Históricos y Genealógicos Gens Nostra (Centro de Estudios Hispanoamericanos) con sede en Buenos Aires, Miembro Fundador y de Número del Centro de Investigaciones Genealógicas de Salta, Miembro Correspondiente del Centro de Estudios Genealógicos de Tucumán, Miembro Correspondiente del Centro del Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos, Miembro del Instituto Güemesiano, Belgraniano y Sanmartiniano de Salta
.
Ha recibido de la provincia el Premio al Mérito Artístico
. Dirige actualmente
el Suplemento Cultural del Diario
y tiene también a su cargo la columna Las Calles de Salta y sus Nombres.