Carpe diem es una expresión de raíces latinas que utilizó el poeta romano Horacio. Su traducción literal otorga relevancia a la frase “cosecha el día”, aprovecha el tiempo, no dejes para mañana, cuyo significado intenta alentar el aprovechamiento del tiempo para no malgastarlo.
La frase completa popularizada por Horacio fue “carpe diem quam minimum credula postero”, que en español puede entenderse como el siguiente consejo: “aprovecha cada día, no te fíes del mañana”.
Es una exhortación para que nadie deje pasar el tiempo vanamente; por el otro, puede referirse a disfrutar en tiempo presente cada acto de la vida, sin pensar en el futuro que es un periodo imposible de conocer, aleatorio e imprevisible.
Para los adultos mayores Carpe diem se debería transformar en un paradigma y en una consigna por la que hay que vivir cada día como si fuera el último, sin pensar en lo que traerá un mañana que es totalmente incierto, pues una enfermedad o un accidente o un hecho de corte similar puede cambiar nuestro destino de manera irremediable y rápidamente.
Carpe Diem especialmente para las personas mayores tendría que ser el motor de su vida. Disfrutar de cada momento que se vive, de la familia, de los amigos y de los pequeños placeres de la vida, sin hacer ningún tipo de planes a largo plazo.
Establecer un seguro para que la vida, en los últimos años, sea tranquila y no tenga complicaciones es cosa de jóvenes y las más de las veces no suele ser un criterio absoluto y de cumplimiento efectivo.
El concepto carpe diem fue muy utilizado durante el Barroco y en el Romanticismo, aunque también estuvo muy presente durante el Renacimiento, tres movimientos durante los cuales se lo tomó como base filosófica para la creación de múltiples obras.
Por Leonardo Strejilevich
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