TUCUMÁN.- La
Universidad Nacional de Tucumán es la gran artífice del desarrollo cultural de la región. Pública, gratuita, laica, autónoma: la Casa de Altos Estudios es la que reúne entre sus muros, en sus laboratorios y bibliotecas tanto a hijos de hacendados como a familias de bajos recursos, los mezcla, genera lazos y los lanza a la vida unidos por un vínculo inquebrantable: el amor a la sabiduría.
El camino de su constitución no fue fácil, ni fue corto. Desde que nació, en 1912 pasó por gestas heroicas como la Reforma Universitaria y el Tucumanazo, y conoció las más duras realidades como la intervención, la persecución y desaparición de alumnos y docentes, el cierre compulsivo de carreras, las crisis económicas.
Dio al mundo profesionales reconocidos mundialmente. El arquitecto César Pelli, autor entre otras de Las Torres Petronas, es egresado de sus aulas. Los filósofos Manuel García Morente y Rodolfo Mondolfo, los artistas plásticos Timoteo navarro, Lino Eneas Spilimbergo y Carlos Alonso también son hijos de la UNT. El científico Miguel Lillo, el poeta Ricardo Jaimes Freyre, los juristas Fernando Justo López de Zavalía y Werner Goldschmidt egresaron de sus aulas. De su seno surgió la investigadora Patricia Salinas, que identificó las posible causas del Alzheimer; además del equipo científico que revolucionó la alimentación con la creación de la Leche Bio. Hasta Albert Einstein publicó en la Revista de Matemáticas su Demostración de la No Existencia de Campos Gravitacionales.
Los orígenes
Los comienzos de la Universidad fueron más bien modestos. Ya hacia finales del siglo XIX se dictaban en Tucumán Cursos Libres de Derecho en el Colegio Nacional, que más tarde se convertirían en la Facultad de Jurisprudencia y Ciencias Políticas. Su creación ya anticipaba la intención de fundar una Universidad.
Cuarenta años más tarde, por Ley Provincial del 2 de Julio de 1912 se crea la Universidad Nacional de Tucumán, gracias a las gestiones de los Legisladores Juan B. Terán y José González. Un año más tarde se formó su primer Consejo Superior, presidido por Juan B. Terán.
Sin embargo, recién fue fundada oficialmente. Fue entonces cuando se sentenció la frase que marcaría a fuego su destino: “Pedes in terra ad sidera visus” (Con los pies en la tierra y la mirada en el cielo).
Apenas comenzado a andar, el camino de la Universidad se toparía con un hecho que definiría en adelante: La Reforma Universitaria de 1918. Fue entonces cuando, de la mano de la recién creada Federación Universitaria de Tucumán, el rector Terán solicita su nacionalización. Por ello, se considera a la UNT como la “primera Universidad hija de la Reforma”.
Días difíciles
Ya hacia comienzos de los ’40 la conflictividad en el país repercutía dentro de los claustros universitarios. Docentes y alumnos encabezaban luchas por una mayor democratización, cuando finalmente la Policía decidió poner fin a los reclamos, detuvo a muchos estudiantes de izquierda y funcionarios de la institución, y se “asentó” en sus instalaciones. El Ejecutivo Nacional entonces la intervino.
La situación durante el Gobierno de Perón no mejoró: la universidad, como todas las del país, continuó intervenida y su autonomía se veía cada vez más lejana. Sin embargo, el regionalismo de la institución se fue profundizando, especialmente las tareas de investigación que tenían como principal objeto a la riqueza natural de la zona.
Varios rectores se sucedieron a partir de entonces, en algunos casos con buen presupuesto, en otros con crisis graves, hasta que la oscuridad se hizo profunda con la llegada del Golpe de Estado de 1976.
Los estudiantes ya habían protagonizado luchas históricas junto al movimiento obrero, que tuvieron su coronación en 1970, con el llamado “Tucumanazo”. Los 70 fueron años de profunda politización y la Universidad fue un polo intelectual y de lucha importante.
El 1976 la Universidad es intervenida por el Gobierno Militar, se modificaron los planes de estudio, se cerró la carrera de Psicología y el comedor universitario, hubo cesantías masivas y se militarizaron los edificios. Muchos docentes, no docentes y estudiantes fueron secuestrados y aún continúan desaparecidos: en total son 186. En 1983, con la vuelta a la democracia, la documentación de las aberraciones cometidas fue quemada en una hoguera pública.
Durante los 80 y 90 el compromiso político estudiantil profundizó su defensa de la educación pública y gratuita, frente a los avances del Menemismo por arancelarla e intentar privatizar varias de sus áreas, asfixiándola financieramente.
Hoy, la población universitaria supera los 65 mil alumnos, los 5 mil docentes y más de 1.300 investigadores. Tiene en total más de 174 mil metros cuadrados donde se desarrollan sus 93 carreras de grado y sus 102 de posgrado. Tiene además una reserva ecológica, parte de un canal de televisión, una orquesta y un coro, dos museos y dos centros culturales. Y una historia que recién comienza.
Fuente: Semanario
de Tucumán, Edición Impresa.