TUCUMÁN.- En 1987, cuando la democracia era joven y las
leyes de Obediencia Debida y Punto Final habían reabierto las heridas del
Proceso, el genocida Antonio Domingo Bussi decidió presentarse como candidato constitucional a Gobernador de la misma Provincia que gobernó de facto.
El 27 de agosto de ese año,
Freddy Rojas, joven militante del Partido Comunista, marchaba por las calles de Tafí Viejo en repudio al acto proselitista que Bussi pensaba realizar. El padre de Freddy presintió, o concluyó, que la acción era arriesgada, y se llegó a la columna a pedirle que se vaya. Freddy era joven, y estaba en busca de su identidad política: respondió a su padre que no pensaba retirarse. Era el segundo intento del Partido bandera Blanca, Liderado por
Excequiel Ávila Gallo, de concretar un acto para Bussi en la ciudad ferroviaria: el primero había sido disuelto por una movilización popular.
Por eso, el acto del 27 de agosto debía realizarse sí o sÍ, habrá pensado Bussi o vaya a saber quién, que dio la orden de disparar. Primero, los custodios arrojaron baterías, que simulan el sonido de disparos. Después abrieron fuego. Freddy, Víctor y Daniel cayeron heridos.
Dos meses tardó Freddy en morirse. Víctor y Daniel se recuperaron. Jamás se supo nada de sus asesinos, la causa fue perdiéndose en tribunales en la medida en que el Bussismo comenzaba a pisar fuerte en la Provincia.
La vida de Bussi continuó como siempre, la muerte de Freddy no fue sino una mancha más a un tigre al que todavía le quedaba mucho hilo en el carretel. Perdió en 1987 y en 1991. Pero ganó las elecciones en 1995 y gobernó hasta 2001. Más tarde, fue enjuiciado por crímenes de Lesa Humanidad, fue hallado culpable pero pasó los últimos días de su vida en el country de su hija, y murió rodeado por su familia.
El reconocimiento para Freddy llegó 25 años más tarde: el Concejo Deliberante de Tafí Viejo declaró al 27 de agosto “Día de la Militancia Juvenil”, entregó una placa a sus padres y exhibió un documental con testimonios de la época.
Además de los padres de Freddy, estuvieron presentes en el acto doce de sus compañeros, que estuvieron con él aquella noche. Se sentaron en las bancas de los Ediles y desde allí dedicaron unas palabras al militante asesinado. Pidieron que la causa sea reabierta porque, entre homenaje y homenaje, los autores materiales siguen libres, y el autor intelectual jamás pagó sus culpas.
Fuente: Semanario
de Tucumán, Edición Impresa.