TUCUMÁN.- Los médicos y sus cifras paralelas, desautorizados por sus propias desmentidas. Las dos últimas semanas estuvieron marcadas por una creciente preocupación en la sociedad referida a la
gripe A.
La tan temida enfermedad, que causó pánico a nivel mundial hace tres años, tuvo un brote en Tucumán a fines de agosto, y la actitud de las autoridades e incluso de los médicos sólo provocó más incertidumbre. ¿Qué pasa en Tucumán con la gripe A? Por un lado, está la voz oficial, desde donde se quitó importancia al tema desde que comenzaron a conocerse los primeros casos fatales.
Esta falta de información y quita de importancia fue considerada como una forma de ocultar una situación sanitaria preocupante; pero también podría leerse como una forma de no generar aún más pánico en una sociedad, que llevó, por ejemplo, a que los padres de una escuela en El Cadillal hicieran que se cierre el establecimiento ante la confirmación de cuatro casos entre los estudiantes. Y por el otro, están los médicos de los hospitales, especialmente los afiliados al Sindicato de Trabajadores Autoconvocados de la Salud (SITAS), desde donde se corrigieron continuamente las cifras brindadas por el Estado.
Sin embargo, las declaraciones de los profesionales comenzaron a ser tomadas con pinzas luego de que uno de sus voceros, Julián Nassif, reconociera que se había equivocado al decir que se habían registrado más casos fatales de los que informaba el gobierno. “La fuente que me había informado sobre la muerte de ocho personas estaba equivocada”, fue la explicación que dio Nassif para justificar un gravísimo error, si se tiene en cuenta el efecto que tiene la comunicación de ese tipo de datos en la comunidad.
Según esta voz oficial, hasta mediados de esta semana se habían registrado seis casos fatales, y había todavía alrededor de 60 personas internadas en distintos nosocomios de la provincia. Desde los hospitales se llegó a hablar de 15 muertes hace más de una semana, pero luego esos datos fueron retractados. Las vacunas, el tamiflú y la psicosis Esta semana comenzó con la protesta de los padres de la escuela Ramón Carrillo, de El Cadillal.
Al conocerse que cuatro chicos que concurren al establecimiento estaban infectados, se acercaron a exigir que no se dicten clases. Las autoridades, para evitar problemas, accedieron. Pero luego, tanto el gobernador José Alperovich como el director de Epidemiología del SIPROSA, Rogelio Cali, aseguraron que esa no era una medida efectiva para combatir la enfermedad. "Ni las publicaciones científicas ni las oficiales recomiendan hacerlo, porque eso no garantiza que los niños o adultos dejen de socializar", explicó Cali.
El gobernador, por su parte, aseguró que la gente debía vacunarse (el SIPROSA ingresó 10 mil nuevas dosis, aunque especialistas aseguran que vacunarse a esta altura del año no tiene sentido) y mandó a quienes tengan fiebre a “tomar Tamiflú”.