POR COCO QUINTERO PARA EL INTRANSIGENTE

El colmo de jugar con la salud pública

Como siempre, la desnutrición crónica está asociada con la pobreza, lo que es decir falta de educación formal, exclusión social y hábitos de vida perjudiciales para la salud

  • viernes, 14/09/2012 | 13:53 hs
Juan Manzur, ministro de Salud de la Nación
TUCUMÁN.- Hace menos de tres meses, el ministro de Salud de la Nación, Juan Manzur, salió al cruce de denuncias sobre el grave problema de a desnutrición infantil en su provincia, Tucumán. Y eligió como argumento establecer la diferencia entre el significado de desnutrición aguda y desnutrición crónica.
 
El actual titular de la cartera de Salud nacional, al mismo tiempo vicegobernador de Tucumán en uso de licencia, aseveró que lo que se presenta en nuestra provincia es un problema de desnutrición crónica. La expresión crónica se utiliza para enfermedades que se padecen a lo largo de mucho tiempo, que generalmente no tienen cura aunque, sí, un tratamiento por medio del cual sería posible evitar sus consecuencias, que ñpor o menos son dramáticas.

Vale señalar que, por término medio, toda enfermedad que tenga una duración mayor a seis meses puede considerarse crónica. Como siempre, la desnutrición crónica está asociada con la pobreza, lo que es decir falta de educación formal, exclusión social y hábitos de vida perjudiciales para la salud.
 
Patologías misteriosas

En suma, el ministro optó por un argumento que lo deja en peores condiciones en términos de responsabilidad. Todo por esquivar una realidad existente en su propia provincia, donde según médicos que atienden los centros primarios de la salud son 22.000 chicos los que padecen desnutrición, cifra muy distanciada de los poco menos de 4.000 que registra el ministro provincial de Salud, Pablo Yedlin. Según dijo entonces Manzur para rebatir los informes de los médicos, hay que ser prudentes al analizar “casos puntuales” porque “siempre hay una patología de base asociada”.

No dio mayores precisiones acerca de dichas patologías de base asociadas, ni dijo qué se hace respecto de estas enfermedades que el ministro vincula con el flagelo que viene matando niños tucumanos desde hace años. Vuelta a apagar el fuego Poco después de formular tales declaraciones a la prensa durante una visita a Tucumán, el ministro regresó a Buenos Aires para retomar su función.
 
Pero, menos de tres meses después, se vio obligado a apagar otro fuego que estalló en su tierra natal: el registro de numerosos casos, varios de ellos mortales, de gripe A. Pero, esta vez, sus declaraciones se oyeron desde Santiago del Estero, adonde había viajado para reunirse con el gobernador de esa provincia, Gerardo Zamora. “En Tucumán no hay un brote y mucho menos una epidemia” de gripe A, tronó al referirse a la circulación de los virus de influenza en la provincia.
 
Lo dijo el pasado 31 de agosto, justo cuando el gobierno de José Alperovich ya tenía conocimiento de que para entonces ya se contabilizaban tres víctimas mortales en Tucumán por causa de la gripe A. Asimismo, un informe oficial consignaba que poco mas de una decena de casos sospechosos se hallaban bajo estudio.
 

Tres días después, de acuerdo con reportes del diario El Tribuno de Tucumán, la cifra de muertos ascendía a seis. Y que, en total, eran 15 las personas que presentaban cuadro de Enfermedad Tipo Influenza (ETI) o sospechas de afección que requerían atención especializada.

Parece burla
 

Estos dos incidentes – el de la desnutrición infantil y el de la gripe A en Tucumán- que contaron como protagonista único nada menos que al responsable de la salud pública de la Nación, no tienen justificación alguna.

Lo que es peor, suenan a burla de parte del vicegobernador en uso de licencia. Naturalmente, el ministro recurrió al argumento ya conocido por todos de decir que el problema en Tucumán no es el único en el país ni en la región, y que se trabaja sin pausa para encarar el problema. Argumentos como este ya se han utilizado a nivel ministerial en materia de inseguridad ciudadana. Algo así como decir que inseguridad y desnutrición infantil hay en todas partes, o sea que, por desgracia, no hay nada por hacer. Deplorable por donde se lo vea.


Fuente: Semanario de Tucumán, Edición Impresa.

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