TUCUMÁN.- Acomodada confortablemente entre San
Miguel de Tucumán y el Cerro San Javier, Yerba Buena ocupa 160 kilómetros cuadrados de las tierras más fértiles de la Provincia.
Algo que caracteriza a la Ciudad jardín es su increíble crecimiento poblacional. El censo nacional de 1960 indicó que en la región vivían menos de 5 mil personas. Se duplicó hacia 1970, y se volvió a duplicar en 1980. El censo de 1991 indicó que ya vivían en el lugar casi 35 mil personas. Actualmente su población es de unos 65 mil habitantes, y tiene un crecimiento demográfico descomunal: una tasa de casi el 5 por ciento anual.
Los comienzos
Ya a finales del siglo XVIII numerosos documentos se referían a la porción de tierra llamada “La Aguada de Yerba Buena, como una zona que albergaba un fuerte de custodia del Colegio de San José de Lules. Hacia comienzos del siglo XIX, las tierras, que habían sido adjudicadas a los jesuitas ya se encontraban repartidas, y la familia De Vera, poseedora de grandes extensiones ya las había escriturado. En 1840 finalmente se instala una pequeña capilla, que da cuenta ya de una población importante y estable en el lugar. Ya funcionaba en la zona el obrador del ingenio azucarero San Pablo al norte, y al sur el San José.
Hacia 1860 ya funcionaba un colegio privado, la comisaría, el juzgado de paz y un asiento de la comandancia del regimiento de infantería y caballería de la Guardia Nacional. Las primeras poblaciones, contrariamente a lo que se cree, no se asentaron sobre lo que hoy conocemos como la Avenida Aconquija sino sobre Solano vera, gracias una donación de tierras que permitió el funcionamiento de los primeros edificios institucionales.
El nacimiento de la Villa
A comienzos del siglo XX se abre una especie de avenida de tierra, hoy llamada Aconquija. El camino abierto se llamó entonces Avenida mate de Luna. En 1906 se autoriza la fundación de Villa Marcos Paz. Desde entonces, y hasta avanzada la década del 70, el nombre de la Villa se utilizó para definir a la región que iba desde Camino del Perú hasta Solano Vera, y el de Yerba Buena para el sector oeste, hacia el Cerro San Javier. Los nombres fueron fusionándose pero finalmente Villa Marcos Paz fue cayendo en desuso.
Durante gran parte del siglo pasado, fue sede de importantes fincas de cultivo y casas de veraneo de los sectores más pudientes. Se comunicaba con San Miguel de Tucumán por un tren que ya no circula y recién hacia 1970 comenzó a esbozarse lo que más tarde sería su centro comercial.
La independencia
Recién en 1978 dejó de ser una comuna dependiente del Municipio de Tafí Viejo para pasar a ser departamento. Un año más tarde, se convertiría en Sede Municipal. Hacia la década del 90 los habitantes de la zona comienzan a ganar autonomía, florecen los comercios junto al Shopping, y se multiplican los colegios y las oficinas de servicio que permiten el desarrollo de la vida sin necesidad prácticamente de recurrir a la capital. También aumentan las frecuencias y las líneas de colectivos.
Fue entonces cuando también se multiplicaron los countries y barrios privados, hoy característicos de la zona, y se abre la avenida Presidente Perón. Hacia finales de los 90, Yerba Buena era el centro nocturno tucumano por excelencia, y comenzado ya el Siglo XXI, se establecen campus universitarios y secundarios, dos shoppings y numerosos hoteles boutique que la transforman en uno de los destinos preferidos de los turistas.
Allí se encuentran, además de importantes centros comerciales y residencias lujosas, campus universitarios, un pequeño aeropuerto (el Aeroclub) y uno de los dos canales de televisión de aire. También tiene una reserva natural: el Parque Sierra de San Javier, que contiene el 24 por ciento de todas las especies de aves y mamíferos existentes en el País. La reserva de horco Molle ofrece al público un recorrido por la naturaleza y la preservación de animales en vías de extinción.
Su arquitectura se caracterizó siempre por presentar amplias casas de veraneo, algunas antiguas como el siglo, vistosos jardines y calles de tierra. En los últimos años, la fiebre pavimentadora la ha ido llenando de asfalto y comercios y bancos de dudoso gusto se erigen contrastando la armonía residencial que siempre dominó en el lugar. Aun así, la vida en general continúa apacible y más relajada que en la ciudad.
Fuente: Semanario
de Tucumán, Edición Impresa.