MÉXICO.-El uso de smartphones y sus aplicaciones, la popularización de las redes sociales y el gusto por compartir información a través de estos medios, acarrea múltiples beneficios.
Sin embargo, en el balance no todo es positivo; a la orilla de la senda del avance tecnológico, se encuentra la privacidad y la seguridad de los usuarios.
Para el ingeniero Rubén Aquino, subdirector de Seguridad de la Dirección General de Cómputo y Tecnología de la UNAM, resulta prácticamente imposible verificar el destino del contenido que está en la Red, “ya que a la persona que se dirige el mensaje puede difundirlo por error y en las redes sociales hay contactos que no conocemos y hacer mal uso de esa información”.
El
sexting se cataloga como tal desde el año 2005, cuando se comenzó a identificar el envío de mensajes sexuales.
De acuerdo con el ingeniero Aquino, este fenómeno encuentra su auge a partir de la proliferación de aplicaciones que permiten el intercambio de contenido gratuito, como son Viber o WhatsApp, así como la mensajería de texto tradicional gratuita, además de la disponibilidad de redes abiertas.
“Anteriormente, el hecho de enviar una foto a nuestros contactos implicaba un costo. Ahora resulta gratuito, por lo que es más fácil que la información fluya sin ninguna restricción entre los usuarios, quienes ya no se detienen a reflexionar a qué tipo de persona envían los datos y si realmente valdría la pena el gasto”, señala el experto.
Aunado a esto, existe la oferta de redes abiertas con las que cuenta el usuario, “y sobre todo los adolescentes, que siempre las agregan a sus listas y las utilizan sin considerar que implican un mayor riesgo para su privacidad.
Al ser un sistema de libre tránsito, cualquier persona puede acceder a la información que viaja a través de ella”, afirma al ingeniero.