La ciencia debiera ser una escuela de modestia, de valor intelectual, de tolerancia en que el pensamiento es un proceso
ARGENTINA.- En septiembre de 2010, en Gainesville (EEUU) el pastor radical evangélico estadounidense Terry Jones amenazó con quemar el sábado 11 de septiembre de 2010 el Corán para conmemorar el aniversario de los atentados del 11 de septiembre de 2001.
Los planes de una pequeña iglesia evangélica de Florida de quemar el Corán generaron varias horas de incertidumbre en la que se registraron disturbios y un muerto en Afganistán; varios líderes mundiales y el Vaticano se opusieron a este acto. Este intento verdaderamente inquisitorial pero en nuestra era posmoderna adquirió, con razón, dimensiones inusitadas.
La indignación internacional que incluyó a la Casa Blanca, el Vaticano y organizaciones judías, católicas y musulmanas, no había logrado disuadir a este inefable pastor fundamentalista hasta prácticamente el momento elegido para la consumación del acto anunciado.
En medio de fuertes presiones de líderes internacionales y advertencias sobre una posible ola de ataques suicidas, el controvertido pastor de Florida Terry Jones anunció que estaba "reconsiderando" su decisión y finalmente canceló la quema pública del libro sagrado de los musulmanes.
Los diarios han registrado en estos días un aumento notable de la violencia y el racismo en los EEUU (Diario El Tribuno; 09 de septiembre de 2012).
Los denominados “grupos del odio”, incluidas las milicias armadas, se incrementó en Estados Unidos en un 755 % en los primeros tres años del Gobierno de Barack Obama, de los 149 grupos existentes a finales de 2008 hasta los 1.274 notificados en 2011.
Estos datos provienen del Southern Poverty Law Center (SPLC), institución dedicada al seguimiento de los grupos extremistas en el país, revelan el incremento de los movimientos que proclaman la supremacía de los blancos tras la llegada a la Casa Blanca del primer presidente afroamericano de Estados Unidos.
Los orígenes del actual presidente y candidato a la reelección han incrementado “indudablemente” el afloramiento de este tipo de agrupaciones, que en su mayoría tienen un carácter violento y además suelen respaldar con vehemencia la Segunda Enmienda de la Constitución estadounidense, que reconoce el derecho a portar armas. Estos grupos han recibido cierta credibilidad por parte de los sectores más conservadores del Partido Republicano; estos grupos solían estar marginados por la política, pero con el surgimiento del movimiento Tea Party han obtenido cierto respaldo.
El mensaje del Tea Party no es completamente racista, pero sí lo es de alguna manera. Estados Unidos está viviendo una polarización ideológica. Cuatro ex - soldados planeaban atentar contra Obama generando previamente escenas de caos que les facilitaran la labor. Estos cuatro miembros de la milicia, basados en el Fuerte Stewart de Georgia, operaban bajo el nombre de Forever Enduring Always Ready (Siempre Duraderos Siempre Preparados), cuyo acrónimo es FEAR, “miedo” en inglés. Su objetivo no era otro que Obama, para lo cual habían adquirido la nada desdeñable cifra de 87.000 dólares en armas.
Inquirir es examinar papeles, obras, documentos, testimonios, libros, pensamientos escritos y separar los inútiles, los inconvenientes, los que se opongan o relativicen el orden establecido para quemarlos, destruirlos y si es posible quemar, destruir y hacer desaparecer a sus autores; es consultar, conferir y determinar desde el poder lo que se debe hacer, pensar y expresar.
Giordano Bruno (Filippo Bruno; 1548 – 1600) fue quemado en el año 1600 por haber dicho frases como ésta “creo exaltadamente en la infinitud del universo” porque atacó la cosmología oficial de la Iglesia; más grave fue lo de Galileo porque no se basaba en valoraciones estéticas sino en hechos de observación: las fases de Venus y los satélites de Júpiter.
En opinión de los altos cardenales y de los Tribunales de la Inquisición la suerte corrida por Bruno, Copérnico o Galileo debía tener una saludable influencia para que otras gentes se abstuvieran de delitos de este género. Los terribles padecimientos de estas personas pertenecen a la historia de las persecuciones y a la propia historia de la ciencia. La intolerancia religiosa marcó el siglo XVII en Europa; los grandes muertos de la humanidad como Séneca, Sócrates y Jesucristo ya eran historia.
La Inquisición o el Terror son aspectos equivalentes de un mismo celo dogmatista (José Ingenieros), como asimismo muchas veces la educación formal y oficial involucra el peligro de hacer desaparecer todo atisbo de originalidad poniendo iguales prejuicios en cerebros distintos.
En la construcción de la ciencia el hombre opera con una mezcla de ideas puras, sentimientos y prejuicios; investiga impulsado por ideas de grandeza, por preconceptos éticos o estéticos, por empecinamiento, por el llamado amor a la humanidad.
“El firmamento es eterno, inmutable y sin origen” había decretado el indiscutido gran estagirita Aristóteles hasta que apareció Galileo que se limitó a dar tres conferencias ante mil personas sobre la estrella nueva aparecida en la constelación de la Serpiente, escrutó el cielo con su anteojo y descubrió las fases de Venus afirmando que ésta era la mejor prueba de la validez de la hipótesis copernicana; luego descubrió los satélites de Júpiter y se plantó públicamente en contra de los aristotélicos quienes sostenían que un cuerpo en movimiento no podía ser centro de otro movimiento.
Los matemáticos y astrónomos de aquellos tiempos se reían de los pretendidos acompañantes de Júpiter y decían que el instrumento de Galileo producía los satélites. Galileo ofreció diez mil escudos al que fabricara un anteojo tan bueno como el suyo pero nadie aceptó el reto; todos los aristotélicos se negaron en redondo a mirar por el tubo asegurando que no valía la pena ya que Aristóteles no los había mencionado en ninguno de sus escritos. Lo mismo pasó en la medicina con Galeno hasta la aparición de Andrés Vesalio. Si Aristóteles hubiera vivido hasta el Renacimiento y aceptado la refutación de su teoría ante la experiencia de Galileo en la Torre de Pisa entonces hubiera pasado a la historia como un verdadero hombre de ciencia.
Rectificarse no es nada fácil; la historia de la ciencia está llena de hombres que se aferraron a teorías falsas mucho tiempo después que los hechos las hubieron pulverizado: los peripatéticos contemporáneos de Galileo se negaron a aceptar la existencia de los satélites de Júpiter; Poggendorff encajonó la memoria de Mayer descubridor del principio de la energía; Painlevé se negaba a aceptar la teoría de Einstein…
La ciencia debiera ser una escuela de modestia, de valor intelectual, de tolerancia en que el pensamiento es un proceso, que no hay hombres por más grandes que sean que no se hayan equivocado, que no hay dogma que resista el embate de los hechos.
No siempre lo grandes hombres y entre ellos lo científicos son personas bien educadas y políticamente correctos. Galileo ya antes de ser profesor en la Universidad de Pisa era célebre por sus bromas contra la escuela aristotélica y declaró más de una vez que las teorías de Aristóteles no eran dignas del menor respeto; ridiculizaba el afán académico por la toga; salía a beber con sus alumnos como Sócrates y Platón salían a bromear y bailar con sus alumnos; armaba peleas con los colegas aristotélicos y se divertía en refutar teorías ajenas arrojando piedras desde lo alto de la torre inclinada; en resumen, usó los métodos más eficaces para lograr mala fama en los círculos decentes, serios y académicos de la ciudad de Pisa.
En los siglos XIV y XV los grandes hombres se preocupaban por cuestiones prácticas: Leonardo da Vinci es ingeniero en la corte de los Borgia; Tartaglia y Benedetti aplican las matemáticas a la artillería y la geometría analítica para estudiar el tiro oblicuo; Cellini es técnico militar; Copérnico es médico pero estudia la crisis monetaria de su país y planifica el servicio de aguas para la villa de Frauenburg; Galileo estudia la mecánica de las máquinas simples y el tiro oblicuo; Torricelli descubre el fenómeno de la presión atmosférica estudiando problemas de bombeo en la ciudad de Florencia. Había en aquellos tiempos una atmósfera general de libre examen cuyo origen se debió en parte a los descubrimientos geográficos, la invención de la pólvora y la imprenta.
Galileo vivía en una ciudad italiana del siglo XVI febril, activa, con comerciantes escépticos y militares interesados en resolver sus problemas de fortificación y artillería. La fama y también las persecuciones comenzaron con las investigaciones experimentales. Galileo, siendo un joven de apenas veinte años y pésimo estudiante de medicina ya vivía preocupado por las ideas aristotélicas sobre la caída de los cuerpos y conocía las críticas al respecto de Lucrecio, Leonardo y Tartaglia. Aristóteles afirmaba que un cuerpo pesado debe caer con mayor rapidez que uno liviano. Galileo afirmó que tal idea era incorrecta pero en lugar de argüir académicamente en el ámbito que correspondía resolvió la cuestión arrojando simultáneamente una pesa de una libra y otra de diez desde lo alto de la torre inclinada de Pisa, comprobando todos que tocaban el suelo en el mismo instante. Desde este momento se dedicó a fundar la ciencia de la dinámica y a aplicar sistemáticamente el método científico y estableció el principio de inercia arrojando y haciendo rodar una bolita sobre una superficie plana y horizontal y dándose cuenta que la inducción no podía constituir el método de la ciencia.
La presión del sistema imperante hizo retroceder a Galileo Galilei que dijo ante el Tribunal de la Inquisición: “Yo, Galileo Galilei, hijo del difunto Vincenzo Galilei, de Florencia,…juro que siempre creí y, con la ayuda de Dios, creeré en el futuro, todos los artículos que la Sagrada Iglesia Católica y apostólica de Roma, sostiene, enseña y predica…”
Este y otros hechos históricos plantean la necesidad vivificante de la libertad, de la pluralidad, de la heterodoxia y del compromiso social de combatir las recurrentes inquisiciones que habrán de intentar, siempre, destruir a los nuevos Galileos que pudieren aparecer.
Vale la pena mencionar que la ciencia positiva fue posible gracias a la fusión del concepto teorético-industrial-utilitario-concreto aportado por la cultura occidental y su clase mercantil y artesana y el teorético-abstracto-racional aportado por la Iglesia. La sola técnica no desencadena por sí el proceso de la ciencia tal cual la conocemos, es necesario el postulado metafísico previo de una racionalidad de la realidad, de la existencia de un mundo inteligible, tal como lo ofreció la escolástica.
La censura es una obscenidad inadmisible. La censura, la prohibición de pensar y expresarse libremente, la asfixia de la pluralidad de ideas y miradas señala, como siempre, la pobreza intrínseca de esa monstruosa máquina de impedir que lee poco, que lee mal la realidad, que no sabe historia y que no acepta el carácter inestable de la producción creativa del hombre.
El éxito de la violencia inquisitorial, de la violencia política, de la violencia mafiosa, de todo tipo de violencia que se hace pública radica en los fuertes sentimientos que transmite y promueve, sobre todo a los jóvenes que viven en este período histórico que tiene muchas deficiencias de valores. Estamos en la época del individualismo extremo y extendido, de las pasiones frías, de las ideologías desvinculadas de la gente. Estas violencias que son también culturales se abastecen y comunican disvalores, transmiten saberes erróneos, inculcan modelos falsos de “virilidad”, desprecio por el peligro, estimulan la fascinación por el cinismo en un mundo multipolar donde la única certeza es la incertidumbre y el caos. Todo esto existe y se da en una compleja trama de asuntos psicológicos, sociales, culturales y también delictivos y criminales.
Las prácticas mafiosas, como antaño, están presentes en nuestros días y entre nosotros; desgraciadamente es un término de aplicación generalizada y siempre aluden a grupos y corporaciones que funcionan de modo ilícito, que atienden exclusivamente a sus intereses y conveniencias, permanecen impunes, reinvierten las utilidades del delito en la economía legal y sus miembros tienen un sentimiento de pertenencia personal fundamentalista e irrestricto.
“Mafia” es una de las pocas palabras que trascienden las fronteras, los alfabetos y los idiomas de nuestro sufrido planeta. Algunos dicen que el vocablo mafia proviene del árabe mahya que significa bravuconería; otros afirman que es el acrónimo de Mazzini Autorizza Furti, Incendi, Avvelenamenti (Mazzini autoriza robos, incendios y envenenamientos) en referencia a Giuseppe Mazzini, partisano de la unidad italiana; otros, finalmente, aseguran que es la abreviatura de Morte Alla Francia, Italia Anella! (¡ Muerte a Francia, Italia Anhela!) acuñada como lema de un ejército clandestino de campesinos que resistió a la invasión francesa en Sicilia; de todas maneras allí se acuñó y se exportó (Guido Carelli Lynch-La Camera).
Todavía hay muchos escritores que son encarcelados o perseguidos por sus ideas, sus libros e incluso por la lengua en la que escriben. No hay tampoco respeto absoluto y extendido por la preservación de las minorías culturales y la formulación de políticas públicas para promover su autonomía. Hay una vocación hegemónica en el marco de la globalización o mundialización actual. Algunos vaticinan que con la globalización desaparecerá la mitad de las lenguas del mundo. Nos amenaza un fantasma de uniformidad que pretende convencernos de que el mundo sería más fácil si todos habláramos un solo idioma: el inglés. Cómo haremos para trascender este fantasma de uniformidad?
Las lenguas son las que le dan sentido al universo de cada cultura y son el pensamiento mismo. Nos parece que todo niño tiene el derecho de ser educado en su propia lengua manteniendo, desde luego, un equilibrio con la lengua del Estado, que de cualquier modo se impone, por la fuerza de su hegemonía.
Como en la antigüedad, se quemaron los libros de la Editorial Centro Editor de América Latina en Buenos Aires, sello editorial que fundó Boris Spivacow; un millón y medio de libros y fascículos ardieron en un baldío de Sarandí (26 de junio de 1978).
El 29 de abril de 1976, Luciano Benjamín Menéndez, jefe del III Cuerpo de Ejército con asiento en Córdoba, ordenó una quema colectiva de libros, entre los que se hallaban obras de Proust, García Márquez, Cortázar, Neruda, Vargas Llosa, Saint-Exupéry, Galeano... Dijo que lo hacía "a fin de que no quede ninguna parte de estos libros, folletos, revistas... para que con este material no se siga engañando a nuestros hijos". Y agregó: "De la misma manera que destruimos por el fuego la documentación perniciosa que afecta al intelecto y nuestra manera de ser cristiana, serán destruidos los enemigos del alma argentina". (Diario La Opinión, 30 de abril de 1976).
ALGUNOS APUNTES HISTÓRICOS
Marco Tulio Cicerón, el tribuno de Roma, hizo público un discurso contra Catilina quien, por esa razón, intentó asesinarlo el 7 de diciembre de 43 a. C. El cónsul ordenó su asesinato, así como que su cabeza y sus manos se expusieran en la rostra con una gruesa aguja que atravesaba su lengua. También serían eliminados su hermano - Quinto - y su sobrino, siendo su heredero el único que pudo escapar.
Giordano Bruno: A la edad de 17 años, en 1565, ingresó en la Orden de los Dominicos, donde se dedicó al estudio de la filosofía aristotélica y la teología de Santo Tomás de Aquino (tomismo). Ese mismo año cambió su nombre por el de Giordano. Expresó en escritos y conferencias sus ideas acerca de la pluralidad de los mundos y sistemas solares, el heliocentrismo, la infinitud del espacio y el Universo y el movimiento de los astros, lo cual le traerá una persecución en su contra por parte de la Iglesia católica y la Inquisición, hasta ser encarcelado (1593) durante ocho años, acusado de blasfemia, herejía e inmoralidad, para finalmente ser condenado por herético, impenitente, pertinaz y obstinado, a la hoguera en la que murió el 17 de febrero de 1600 en Campo dei Fiori, Roma. Su muerte tuvo un efecto disuasorio en el avance científico de la civilización, particularmente en las naciones católicas, pero a pesar de esto, sus observaciones científicas continuaron influenciando a otros pensadores, y se lo considera uno de los precursores de la revolución científica. El proceso inquisitorial fue dirigido por el cardenal Roberto Belarmino, quien posteriormente llevaría el similar proceso contra Galileo en 1616.
Miguel Servet: llamado también Miguel de Villanueva, Michel de Villeneuve o, en latín, Michael Servetus (su nombre auténtico era Miguel Serveto y Conesa, alias «Revés») (Villanueva de Sigena, Huesca, 29 de septiembre de 1511 – Ginebra, 27 de octubre de 1553) fue un teólogo y científico español. Sus intereses abarcaron muchas ciencias: astronomía, meteorología, geografía, jurisprudencia, teología y el estudio de la Biblia, matemáticas, anatomía y medicina.
Parte de su fama posterior se debe a su trabajo sobre la circulación pulmonar descrita en su obra Christianismi Restitutio. Participó en la Reforma Protestante y desarrolló una cristología contraria a la Trinidad. Repudiado tanto por los católicos como por los protestantes fue arrestado en Ginebra, sometido a juicio y condenado a morir en la hoguera el 27 de octubre de 1553 por orden del Consejo de la ciudad, cuando en ella predominaba la influencia de Juan Calvino. La sentencia dictada en su contra por el Consejo (Petit Counseil) de Ginebra dice, entre otras cosas: “Por estas y otras razones te condenamos, M. Servet, a que te aten y lleven al lugar de Champel, que allí te sujeten a una estaca y te quemen vivo, junto a tu libro manuscrito e impreso, hasta que tu cuerpo quede reducido a cenizas, y así termines tus días para que quedes como ejemplo para otros que quieran cometer lo mismo”.
Galileo Galilei: (Pisa, 15 de febrero de 1564 - Florencia, 8 de enero de 1642 ), fue astrónomo, filósofo, matemático y físico que estuvo relacionado estrechamente con la revolución científica. Eminente hombre del Renacimiento, mostró interés por casi todas las ciencias y artes (música, literatura, pintura). Sus logros incluyen la mejora del telescopio, gran variedad de observaciones astronómicas, la primera ley del movimiento y un apoyo determinante para el copernicanismo. Ha sido considerado como el «padre de la astronomía moderna», el «padre de la física moderna» y el «padre de la ciencia». Lo atacan sobre el plano religioso y lo acusan de interpretar la Biblia para ponerla de acuerdo con sus teorías. En esta época en efecto, antes de los trabajos exegéticos del siglo XIX, un salmo (Salmo 93:1) da a entender una cosmología geocéntrica (dentro de la línea: «Tú has fijado la Tierra firme e inmóvil»).
El 16 de febrero de 1616, el Santo Oficio para el examen de las proposiciones de censura, condena la teoría copernicana como "una insensatez, un absurdo en filosofía, y formalmente herética". El 25 de febrero y 26 de febrero de 1616, la censura es ratificada por la Inquisición y por el papa Pablo V. El 21 de febrero de 1632, Galileo, protegido por el papa Urbano VIII y el gran duque de Toscana Fernando II de Médicis, publica en Florencia su diálogo de los Massimi sistemi (Diálogo sobre los principales sistemas del mundo) (Dialogo sopra i due massimi sistemi del mondo), donde se burla implícitamente del geocentrismo de Ptolomeo. El Diálogo es a la vez una revolución y un verdadero escándalo. El libro es en efecto abiertamente pro-copernicano, ridiculizando audazmente la interdicción de 1616. El proceso realizado por la Inquisición fue irregular, pues a pesar de que el libro había pasado el filtro de los censores, se le acusaba de introducir doctrinas heréticas. Puesto que esto dejaba en mal lugar a dichos censores, la acusación oficial fue de violar la prohibición de 1616. Se le condena a prisión perpetua, y se le conmina a abjurar de sus ideas, cosa que hace seguidamente. Tras la abjuración el Papa conmuta la prisión por arresto domiciliario de por vida.
Andrés Vesalio o Andreas Vesalius es la forma latinizada del nombre Andries van Wesel (Bruselas, actual Bélgica, 31 de diciembre de 1514 - Zante, actual Grecia, 15 de octubre de 1564), anatomista flamenco, autor de uno de los libros más influyentes sobre anatomía humana, De humani corporis fabrica (Sobre la estructura del cuerpo humano). Basó sus estudios anatómicos en la observación directa, rechazando algunos errores anatómicos presentes en la obra de Galeno, por lo que es considerado el fundador de la anatomía moderna. Es condenado a la hoguera por algunas de sus prácticas, pero Felipe II cambia esta sentencia por una peregrinación a Tierra Santa, la cual emprende en 1564. Se embarcó con la flota veneciana de Giacomo Malatesta, vía Chipre. Cuando llegó a Jerusalén recibió un mensaje del senado de Venecia instándole a aceptar su antiguo puesto en la universidad de Padua, que había quedado vacante a la muerte de su amigo y alumno Falopio. Tras luchar durante varios días con vientos adversos en el Mar Jónico, su barco debió atracar en la isla de Zante. Allí murió poco después, cuando contaba escasamente cincuenta años.
Sócrates de Atenas (470 – 399 a. C) murió a los 70 años de edad, en el año 399 a.C., aceptando serenamente la condena que se le había impuesto y escogiendo la ingestión de la cicuta de entre las opciones que el tribunal que lo juzgó le ofrecía para morir. Se le acusaba de no reconocer a los dioses atenienses y de corromper a la juventud con sus ideas (la "corrupción" consistía en enseñarles a pensar, algo que sin duda siempre incomoda al poder).
Platón, su discípulo, relató así su muerte: "Vino el servidor de los Once y, deteniéndose a su lado, le dijo: -Oh Sócrates, no te censuraré a ti lo que censuro a los demás, el que se irritan contra mí y me maldicen cuando les transmito la orden de beber el veneno que me dan los magistrados. Pero tú, lo he reconocido en otras ocasiones durante todo este tiempo, eres el hombre más noble, de mayor mansedumbre y mejor de los que han llegado aquí, y ahora también sé que no estás enojado conmigo, sino con los que sabes que son los culpables. Así que ahora, puesto que conoces el mensaje que te traigo, salud, e intenta soportar con la mayor resignación lo necesario.”
La tolerancia de los ideales, las creencias y los pensamientos ajenos es la máxima virtud de todos aquellos que piensan bien.
Fueron 50.000 las personas ejecutadas – la mayoría mujeres – bajo la acusación de brujería o herejías graves. Estas ejecuciones eran cosa corriente en la Europa cristiana hasta fines del siglo XVIII.
La Inquisición, Santo Oficio (hasta 1965), Tribunal Supremo de la Santa Inquisición (hasta 1908) existe aún hoy pese a que nació en tiempos medievales; censuraba, prohibía, quemaba pinturas, libros, documentos científicos; desde el Concilio Vaticano II, en 1965, se llama Congregación para la Doctrina de la Fe.
Su misión explicitada y pública es “promover y tutelar la doctrina sobre la fe y las costumbres en todo el orbe católico”.
La Inquisición sirvió para combatir el disenso y anular la libertad de pensamiento. Era una corporación coercitiva e intolerante que torturó y segó la vida de miles de personas en los autos de fe; atormentó, persiguió, torturó, mantuvo en prisión indefinidamente a las personas siempre bajo la acusación de haber cometido herejía.
Célebres fueron, como dijimos, los grandes procesos a Giordano Bruno, Galileo Galilei, Miguel Servet, Andrés Vesalio, Tomás Moro, Dante, Bocaccio, Rousseau, Voltaire; todos ellos fueron procesados, condenados y prohibidos. Después de 1965 fueron procesados también, como si el tiempo no hubiera pasado, varios teólogos progresistas como Hans Küng o Jon Sobrino.
La etapa medieval de la Inquisición tuvo una crueldad extrema; los Papas fomentaron y autorizaron oficialmente los tormentos físicos y la pena de muerte. El 13 de febrero de 1278 en la Arena de Verona doscientos herejes cátaros ardieron entre las llamas del Auto de Fe en la ejecución colectiva más grande de la historia de Italia.
Las inquisiciones española y portuguesa se desarrollaron en el siglo XV con la anuencia del Papa; estuvieron bajo el control directo de sus monarcas y se extendió hasta las posesiones imperiales en la América colonial.
La Congregación de la Sacra Romana y Universal Inquisición nació en 1542 y fue presidida personalmente por el Papa hasta el Concilio Vaticano II.
La Sacra Congregación del Indice fue creada por el Papa Pío V en 1571 (fue abolida en 1917), responsable del Index de libros prohibidos, prohibía en 1616 las obras del polaco Nicolás Copérnico (De Revolutionibus; 1543) autor de las teorías sobre el sistema solar y centenares de obras escritas que los fieles no debían leer para no sufrir turbación o duda. Autores como Ludovico Ariosto, Tommasso Campanella, Miguel de Molinos…fueron prohibidos.
En Roma y en otras ciudades de Italia había guetos destinados a segregar a los judíos (Venecia, Ancona, Ferrara) que preparó el terreno cultural para la Shoá o el holocausto de los judíos por los nazis.
Especialmente la Inquisición española (1478 – 1834) se ensañó especialmente con judíos y conversos.
La documentación sobre los procesos de la Inquisición Romana está prácticamente perdida, Napoleón se llevó casi todo de Roma a París como documentos, obras de arte, objetos; Francia restituyó al Papa lo que fue saqueado menos los papeles que Roma no quería y que acabaron en manos de carniceros, verduleros y drogueros que envolvieron sus mercaderías en aquel París.
Por Leonardo Strejilevich para