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La pantalla, ante un futuro impredecible por Gustavo Noriega

Hasta hace un par de décadas, es decir, hasta la aparición del cable, las formas de entretenimiento hogareño eran limitadas. La televisión de aire era la forma casi excluyente

  • viernes, 28/09/2012 | 12:53 hs
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Hasta hace un par de décadas, es decir, hasta la aparición del cable, las formas de entretenimiento hogareño eran limitadas. La televisión de aire era la forma casi excluyente. Apenas cuatro o cinco canales abastecían el ocio de millones de personas.

La pantalla, ante un futuro impredecible

¿Alguien se acuerda de los televisores de la década del 60? Tenían dos características notables, incomprensibles para quien no haya vivido esa época. Una era que cuando se apagaba el aparato, el aparato no se apagaba. El oscurecimiento de la pantalla al girar la perilla de encendido/apagado era un fenómeno gradual, que iba dejando un centro de luz, cada vez más chico, resumiéndose en un punto que finalmente, luego de un rato, desaparecía. Esa fuga asintótica tenía en los infantes un efecto hipnótico: quedaban (quedábamos) paralizados, frente al vidrio verde oscuro, esperando el final definitivo.

Otra característica era el estabilizador, un aparato con el que contaban las familias pudientes para proteger al televisor de los saltos más bruscos de corriente eléctrica. El estabilizador pesaba una tonelada e impregnaba a la casa de un zumbido suave pero persistente. La tecla de encendido era poderosa y sensual, como el gatillo de un arma. El estabilizador, además, se calentaba como una plancha.

Nadie extraña ni el punto de luz evanescente ni el prepotente estabilizador. De hecho, nadie los recuerda. Son reliquias de un pasado demasiado ajeno.

¿Cuáles son los elementos de la tele del presente que nos resultarán en el futuro cercano tan extraños como esas dos huellas pretéritas? Para extrapolar hacia adelante en el tiempo, analicemos un fenómeno que se ha dado en los últimos veinte años. Comparemos las distintas formas en que se podía consumir un producto televisivo en el pasado reciente y ahora, así como las distintas alternativas de entretenimiento hogareño.

Hasta hace un par de décadas, es decir, hasta la aparición del cable, las formas de entretenimiento hogareño eran limitadas. La televisión de aire era la forma casi excluyente. Apenas cuatro o cinco canales abastecían el ocio de millones de personas. Así, las mediciones de rating registradas para éxitos del pasado dan números astronómicos. Rolando Rivas, taxista, en la década del 70, Polémica en el bar, en los 80 y Grande Pa!! en los 90 superaban los 60 puntos. Hoy, el programa, más visto, Graduados, mide, según Ibope, 25 puntos de promedio. Un poco más abajo aparece "Bailando por un sueño", el ciclo de Tinelli que en otros tiempos parecía monopolizar la atención y la charla de los argentinos. Su promedio es un poco más bajo: 22 puntos. Este descenso numérico de los programas más vistos es un síntoma de una fuga de espectadores hacia otras formas de entretenimiento. Los televisores, antes fuertemente concentrados en unos pocos programas, ahora están en otros canales de aire, en canales de cable, apagados, funcionando como monitor de una consola de juegos, o de un reproductor de DVD, o reproduciendo una película guardada en un pendrive, etc., etcétera.
Ahora consideremos el caso de la serie norteamericana Dr. House. El irritable y brillante médico inspirado en Sherlock Holmes es una celebridad global con una fuerte inserción en la Argentina. Esto es cierto a tal punto de que el actor que lo personifica decidió incursionar en una zona ajena a su especialidad, la música (aunque, hay que reconocer, ese rasgo aparecía en el popular personaje), grabó un disco de blues, salió de gira, recaló en la Argentina y llenó dos veces el Luna Park. Ahora bien, Dr. House nunca fue un éxito de la televisión abierta, solo se emitió una temporada por Canal 13 los sábados a la noche. El enorme grupo de gente que se convirtió en fan de la serie pudo haber accedido a sus capítulos durante la emisión habitual en una gran cantidad de horarios del canal de cable, en un sitio de descargas legales, en un sitio de descargas ilegales, comprando los DVD editados legalmente, comprando los DVD editados ilegalmente o en la trasnoche de Canal 13. Está el que la siguió rigurosamente, en el horario central del cable, el que la bajó o la compró y se vio de a una temporada por semana, el que la ve cuando puede y el que la vio desordenadamente. Para el metódico, el desordenado es una especia de hereje, capaz de enamorarse de Trece antes de hacerlo de Cameron. Para el desordenado, el metódico confunde la realidad con la ficción. Lo que desapareció es la comunión horaria, en la que todos ven lo mismo a la misma hora y comentan al día siguiente en sus trabajos, los mismos episodios. Una conversación entre dos personas que son admiradoras de Mad Men puede incluir una frase como "¿Don sigue con Betty o ya estás en la parte de Megan?".

El siguiente paso, obvio, es el de saltear a las cadenas de cable y a los canales de aire como plataformas para exhibir los programas y lanzarlos directamente en Internet. Ese paso ya fue dado por uno de los comediantes más exitosos de la historia de la televisión, Jerry Seinfeld, con su pequeña y encantadora serie Comedians in Cars Getting Coffee ( http://comediansincarsgettingcoffee.com  ).

De acá a un tiempo, no demasiado largo, vamos a recordar con asombro las épocas en las que uno se ataba a la visión de un programa a un horario determinado y se sometía a sus cortes comerciales de la misma manera en que para los jóvenes, el relato del punto blanco y el estabilizador suenan absurdos. La convergencia digital irá haciendo desaparecer las diferencias entre computadora, monitor, televisor, reproductor y teléfono para dar lugar a aparatos interactivos de alta calidad de imagen en los cuales el espectador tendría un poder de decisión mucho mayor que en el pasado. Esos aparatos van a tener la posibilidad de registrar audiencias de una manera total y no a través de una muestra pequeña. Sabremos cuántos ven cada programa justo cuando ese dato va a dejar de dar números altos: los éxitos tendrán 10 puntos de rating, pero a la larga serán vistos por mucha más gente.

Que esta democratización del consumo vaya a tener consecuencias benéficas en la calidad de lo que se muestra en pantalla es una incógnita que habrá que discutir más adelante. Ahora vamos a un corte. Grande Pa!! medía 60 puntos, Graduados marca 25 puntos. Este descenso numérico de los programas más vistos es síntoma de una fuga de espectadores hacia otras formas de entretenimiento

Por Gustavo Noriega
Fuente: La Nación

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