A
Falcioni siempre le gusta basar sus respuestas en los
resultados obtenidos, en estadísticas, que son fríos e imposibles de responder.
Sus conflictos de vestuario también tienen resultados fríos e imposibles de
responder.
Falcioni desde que llegó planto bandera ante Riquelme y los
que lo seguían a él.
Aunque al que primero atacó, casi como un inexperto fue al
mismo
Riquelme y le salió caro en aquel partido frente a All Boys donde lo dejo
fuera de los concentrados. Volviendo a tema conflicto o la marcada tendencia del
entrenador a mirar de reojo al círculo que pertenecía
Riquelme es frío e
imposible de responder, como sus resultados deportivos.
Discusión con
Clemente Rodriguez por sacarlo del partido,
pelea en el vestuario con
Schiavi en Venezuela, mala relación con
Viatri y
Ledesma. Repentinamente se olvidó de
Leandro Paredes (según Riquelme, su
reemplazante), desapareció
Cristian Erbes, una de las promesas del club y así se podrían sumar también el enojo durante la semana de
Sanchez Miño o la ida de
Sergio Araujo, una de las joyitas del club al que
nunca le dio chances y se fue al Barcelona B de España.
Falcioni intentó armar “su” equipo para hacerle frente a
“los riquelmistas”. Trajo a
Silva, pidió por
Acosta y llamó a
Ustari para
sumarse a lo que ya tenia encolumnado con
Chávez, Erviti y Somoza, que rara vez
salen del equipo.
El entrenador de Boca sabe que este mes se juega su
continuidad, gran parte del plante no lo quiere, el arma su batallón como
puede. Quizás se relajó al sacarse la piedra más grande del camino,
Riquelme, y
no se preocupó por lo que quedaba.
En lo deportivo no se asegura nada,
Crespi
ya dijo que por más que salga campeón, no le renovaría. Falcioni espera
agazapado a los directivos,
Angelici tiene la pelota. ¿Definirá como
Riquelme? (Redacción El Intransingente)