TUCUMÁN.- El Concejo Deliberante de Lules aprobó una ordenanza que autoriza a una empresa privada a
extraer áridos de una cantera del Río Lules, en la localidad de La Bolsa.
Las voces opositoras no tardaron en hacerse oír. El Concejal Darío Cafiore señaló la gravedad de encomendar “en concesión un recurso natural a una empresa que no participó en licitación alguna y cuyos antecedentes no fueron puestos a la vista”
El Edil denunció que “resulta preocupante también que las supuestas regalías hacia la Municipalidad se refieren a ’1 metro cúbico de base estabilizada por cada 7 metros cúbicos de ripio en bruto extraído’ o ’1 metro cúbico de ripio grillado por cada 5 metros cúbicos de ripio en bruto extraído’ o alquiler, a la Municipalidad, de cargador frontal o motoniveladora por cada 36 o 40 metros cúbicos de ripio en bruto extraído, respectivamente. ¿Sí la Municipalidad posee maquinarias y mano de obra por qué no explota ella nuestros áridos para beneficio de nuestra comunidad?”
Por último, como un anexo al problema central sobre quién se llevará las jugosas ganancias del suelo, Cafiore añadió el problema ambiental “todos conocemos que el accionar de empresas que explotaron el ripio del Río Lules, durante la intendencia de Dip, dejaron los soportes del puente carretero severamente expuesto según lo denunció la prensa. ¿Ahora pasará lo mismo en un lugar que ya sufre inundaciones?”. Y agregó: “también brilló por su ausencia el estudio ambiental que este tipo de obra debe llevar y el intendente Dip no puede desconocer esto”
Lejos de ruborizarse, desde el oficialismo respondieron enérgicamente. Ernesto Lugones y José Delgado señalaron que “hay que averiguar antes de acusar y generar dudas que sólo perjudican el crecimiento de nuestra ciudad, alejando a empresas que invierten y generan dinero”.
“Cafiore debería ver las cuadras de pavimento, los bacheos y las mejoras que se están realizando en el ejido municipal, a través del convenio por la venta de áridos”, agregaron.
La explotación del suelo
La extracción de áridos es la obtención de piedras y otros elementos sólidos que se encuentran en los cauces de los ríos, para dedicarlos a la construcción. Los ríos ofrecen, naturalmente, abundante material muy codiciado para la construcción, concretamente para el relleno de terrenos y la elaboración del hormigón.
La extracción de áridos de las cuencas es una actividad humana necesaria, pero delicada. Por ello, está claramente regimentada por el Código de Minería de la Nación y el “Reglamento para la explotación de canteras de áridos y remoción de suelos” de la Administración Nacional de Parques Nacionales. Debe ser controlada por el Estado, se debe realizar sólo en determinadas zonas y en determinada época del año, y se debe limitar la cantidad extraída.
Pero sobre todo, la actividad debe ser rigurosamente monitoreada por las Direcciones de Minería y la de Agua. Ocurre que cuando un río pierde áridos en exceso, entre otros efectos, pierde su capacidad de reposición. Por ello, tiende a sacar material de otro lado, y en el caso del Río Lules, esto implica un peligro grave.
El problema consiste en que el puente carretero que lo atraviesa ha visto socavada sus estructuras bajas, y el resguardo de la protección de los cimientos ha perdido una altura de unos tres metros. Si bien no es seguro que el puente corra riesgo de caerse, las tareas de refacción deben realizarse de manera urgente.
Por ello, en 2008 se licitó un proyecto de “Construcción de defensas en obras de artes mayores en puente sobre el Río Lules” con fondos de la Nación. Todo el problema consiste en que, cuatro años más tarde, esos fondos todavía no llegaron. El puente, ya cumplió los cuarenta.
La experiencia de Yerba Buena
El problema de la extracción no controlada de áridos es más evidente en la zona del pedemonte de Yerba Buena. Allí se pueden observar dos paisajes:
Donde todavía las palas y excavadoras no llegaron, los arroyos exhiben una fisonomía naturalmente cerrada y un suelo regado de piedras de diferentes tamaños que le otorgan porosidad al suelo y contienen la fuerza de la corriente del agua. El nivel del suelo es relativamente alto, lo que permite a la naturaleza la absorción del caudal y lo hacen perder fuerza antes de llegar a las zonas urbanizadas, además de impedir desbordes e inundaciones.
Pero es imposible observar el espectáculo de la ingeniería natural de la zona sin escuchar las máquinas que, a pocos kilómetros, de día y de noche, trabajan extrayendo minerales.
En las zonas de trabajo se observa un cauce completamente distinto. Son lechos anchos y profundos, ya sin presencia de piedras, y que muestran un suelo sólido e impermeable. Son las zonas donde las máquinas trabajan sin descanso extrayendo mineral del suelo para la construcción, en complicidad con las fincas de limones linderas, que posibilitan su paso.
En estas regiones ambos arroyos han perdido su capacidad de absorción, ya que las palas extraen todo el material posible del suelo y sólo se detienen cuando llegan a un nivel en que la dureza hace imposible seguir cavando. En algunos trayectos, el suelo duro se encuentra a mucha profundidad, lo cual habla a las claras de la enorme capacidad de absorción del lecho. La excavación del cauce en algunos tramos ha provocado hondos pozos, que llegan incluso a más de 5 metros de profundidad.
Fuente: Semanario
de Tucumán, Edición Impresa