BUENOS AIRES.- El 13 de octubre de 1972, el vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya, que viajaba con 40 pasajeros y cinco tripulantes, se estrelló en la cordillera de
Los Andes de Mendoza. En ese vuelo viajaba
Carlitos Miguel Páez Vilaró, de 18 años, junto a sus compañeros del colegio uruguayo Stella Maris.
Hoy, Páez asegura que no sería la misma persona sin ese episodio que le cambió la vida; en ese sentido contó que era un chico que desayunaba en la cama y tenía hasta niñera. En una extensa entrevista en el programa “Perros de la Calle” que conduce Andy kusnetzoff por Radio Metro, el uruguayo contó detalles de los 72 días que vivieron en Los Andes.
Páez habló con respeto del tema, pero también humor, y hasta los chistes negros tuvieron lugar en el relato. Esa misma jocosidad fue la que también los ayudó a sobrevivir, según él mismo contó, y resaltó que fue lo grupal lo que los sostuvo, el poder compartir con alguien el dolor. Remarcó que es una experiencia que no se puede superar en soledad, y que como en la vida misma, las alegrías son más felices y los dolores menos pesados cuando se pueden compartir con otro, “Cada uno tiene su propia cordillera”, dijo.
Carlitos relató sus pensamientos en el momento en que se dio cuenta que el avión se caía, y comentó que lo primero que recordó fue un viaje que había hecho a Brasil con su padre y las instrucciones que en ese momento había escuchado para casos de emergencias, luego una seguidilla de imágenes con su familia, amigos y hasta con su perro pasó por su cabeza, y lo último que pensó fue en que tenía que arreglar cuentas con Dios.
Es curioso lo que se puede cruzar por la mente humana en esos segundos que pueden ser los finales; el uruguayo contó que empezó a rezar el “Padre Nuestro”, pero se dio cuenta que no tendría tiempo de finalizar la oración, entonces comenzó a recitar el “Gloria”, pero le pareció demasiado corto, fue entonces que se decidió por el “Ave María, “y ahí quedaba bien con la Virgen y con Dios”, relató entre risas. Cuando terminó de rezar el avión se detuvo.
Con humor y respeto trataron el tema de la antropofagia y el momento en el que toman la difícil decisión. Fue en el día 10, cuando escucharon que habían dejado de buscarlos, entonces estaban en la cola del avión en busca de baterías con las que creían que podían establecer una comunicación, cuando alguien arrojó por primera vez la idea. Páez contó que él lo estaba pensando, y que fue una idea que estaba presente en todos; cuando uno de sus compañeros le señaló que les quedaba el piloto, él se lo contó a otros dos, y le confesaron que habían previsto lo mismo.
Fue un momento intenso en el que todos hicieron un pacto de donar sus restos a los compañeros, y con un ejemplo, dio cuenta de cómo el instinto de supervivencia y el humor esquivaron al tabú. Páez ofreció su cola que era gorda y rica. Luego decidieron que serían los estudiantes de medicina de primer año los que se encargarían. Y cuando llegó el momento de comer, otra vez el humor de Páez salvó la situación cuando les dijo a sus compañeros que el trozo que tenía en la mano parecía un jamón de San Fernando.
Una de sus declaraciones más impactantes fue que daría todo lo que tiene por volver a vivir una noche en la cordillera. Contó que cuando en el medio de la noche y el frío tenía que alejarse a hacer sus necesidades, en ese momento de desgracia y miseria absoluta, sentía la presencia de Dios como nunca más pudo volver a hacerlo. Relató que la desgracia era tan intensa como la imponencia y la conexión, y que daría todo por volver a sentir lo mismo.
El momento más emotivo de la entrevista fue cuando reprodujeron el audio del momento en que se leyó la lista de sobrevivientes. Fue el propio padre de Carlitos quién tuvo que hacerlo, ya que era un famoso artista, mentor de Casapueblo de Punta Ballena y una reconocida personalidad de Uruguay. Tomás Fridman, que fue el periodista que luego dio los nombres de los muertos le contó a Páez que su padre leyó la lista tapándola con un papel blanco, que iba bajando de nombre en nombre. El hombre que en ese momento tenía 49 años, leía los nombres repitiéndolo dos veces, hasta que dijo: “Carlitos Miguel Páez, mi hijo”, también dos veces.
Antes de despedirse el uruguayo contó algunas anécdotas graciosas, entre ellas una referida a las repercusiones mediáticas sobre el tema, y especialmente en Argentina. El uruguayo dijo que es increíble la capacidad que tenemos los argentinos de espectacularizar el drama, “Si esto pasa hoy, mañana me llama Tinelli para Bailando por un Sueño”, ironizó.
Recordó específicamente una larga entrevista telefónica de una hora, que Pipo Mancera mantuvo con uno de los sobrevivientes, Gustavo Cervino, en el legendario programa “Sábados Circulares”. La última pregunta de Pipo fue sino sabían que estaban en territorio argentino y a 10 km. de un hotel, a lo que Cervino, según relata Carlitos, le respondió: “Sï, sabíamos, pero nos caen más simpáticos los chilenos y preferimos caminar 70 km.”
Fuente:
El Aconquija