ANTONIO GONZÁLEZ BALCARCE
Antonio González de Balcarce fue un militar argentino nacido en Buenos Aires el 24 de junio de 1774 y fallecido también en Buenos Aires el 5 de agosto de 1819. Participó destacadamente en la Guerra de la Independencia de nuestro país habiendo ocupado también cargos como el de Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Fue el cuarto Director Supremo. Recordemos que El Directorio fue la forma de gobierno establecida por la Asamblea del año XIII, teniendo este cargo ejecutivo una duración de dos años, aunque a pesar de ser unipersonal, y no corporativo como los anteriores, no se trataba específicamente de un sistema presidencial. Fue el primero de ellos
don Gervasio Antonio de Posadas, el segundo
don Carlos María de Alvear, el tercero
don Ignacio Álvarez Thomas, el cuarto el ya nombrado González Balcarce, el quinto don Juan Martín de Pueyrredón, el sexto
don José Rondeau, y el séptimo
don Juan Pedro Aguirre. Debido a la renuncia de Rondeau debido a su derrota en la batalla de Cepeda, el gobierno fue asumido por el Cabildo de Buenos Aires.
Contaba con apenas trece años cuado se incorpora al Cuerpo de Blandengues, que comandaba su padre don Francisco González Balcarce.
Durante las invasiones inglesas, participó en la defensa de Montevideo y en 1807 fue tomado prisionero y llevado preso a Londres. Ulteriormente fue liberado en Europa, y luego ascendido al grado de Teniente Coronel, pues en 1801, ya había sido ascendido al grado de Capitán.
La familia dedicada a la patria se completaba con otros tres militares de destacada actuación, apellidados Balcarce, siendo ellos:
Juan Ramón Balcarce, Marcos Balcarce, Diego Balcarce, Francisco Balcarce, Y finalmente José Balcarce. En España combatió contra los ejércitos napoleónicos al lado del General San Martín.
Cuando regresó a su patria, ingresó en la Logia Lautaro, y participó del movimiento revolucionario de 1810.
El gobierno le envió en carácter de Segundo Jefe al Alto Perú, detrás de
Francisco Ortíz de Ocampo, a quién luego lo reemplazara en la conducción de ejército. En la provincia de Córdoba, estuvo en todos los acontecimientos que llevaron indefectiblemente al apresamiento de Liniers, por lo cual La Junta lo distinguió como Jefe de la mencionada expedición y con ella se dirigió hasta
Cotagaita.
Las fuerzas leales al rey contaban con 1300 hombres, al mando del Comandante
Indalecio González de Socasa. Fue el primer enfrentamiento entre las fuerzas de la patria y las fuerzas leales al Rey. Antonio González Balcarce en tal oportunidad, exigió a sus oponentes prestar reconocimiento a la junta de Buenos Aires, el que fue negado. Entonces comenzó el combate a las diez de la mañana, para concluir a las dos de la tarde. No se pudo expulsar durante la batalla, a los realistas de sus trincheras, y habiendo González Balcarce agotado las municiones de sus cañones, hubo de emprender la retirada. No fue perseguido por sus oponentes. Vendría luego la acción de
Suipacha, que resultó ser la primera victoria de las armas de la patria durante la Guerra por la independencia. Esta batalla tuvo lugar el 7 de noviembre de 1810 y se produjo a 25 kilómetros de
Tupiza en la población del mismo nombre a orillas del
Río Suipacha en la entonces Intendencia de Potosí.
Habíamos comentado anteriormente que, durante el combate de Cotagaita, desfavorable para los nuestros ocurrido el 27 de octubre, las fuerzas de
González Balcarce se retiraron en dirección de Tupiza, sin ser perseguidas por los realistas que no se encontraban en condiciones de hacerlo. Luego de estas circunstancias, el ejército adversario recibió un refuerzo por parte del
General Nieto de 100 plazas veteranas de Los Granaderos Provinciales de la Plata que venían de Chuquisaca. También se incorporaron 350 soldados de las milicias de
Puno y de Arequipa.
Al desalojar la localidad antes mencionada, fue ocupada por un contingente de 1200 hombres de la corona española, pero durante la noche, las fuerzas patriotas acantonadas en
Nazareno, sobre el río Suipacha recibieron un refuerzo proveniente de Jujuy de 200 hombres, municiones, dos piezas de artillería y dos cañones. Los realistas recibieron informes falsos acerca de la moral de las tropas de la patria, por lo que pensaron que sería sumamente fácil derrotarlos y provocar su dispersión.
La inferioridad numérica del Ejército de Norte no fue un impedimento para bajar la moral de nuestras tropas, a pesar de enfrentarse a fuerzas veteranas del
Real Borbón y del Cuerpo de Voluntarios del Rey comandados por el Capitán José Fernando de Fontaneda.
Cuando el 17 de noviembre la vanguardia realista tomó contacto visual con las tropas de Balcarce, éste había ocultado gran parte de su infantería y artillería entre los cerros y quebradas vecinas.
Estuvieron por espacio de varias horas sin atacarse hasta que Balcarce impaciente ya, con dos cañones inició el fuego. La estrategia empleada por el Comandante patriota, tuvo resultados favorables, al punto que, la batalla solamente duró media hora. Los realistas se dispersaron en fuga al contemplar que desde los cerros aparecieron indígenas, que se estacionaron para observar la batalla. El General Córdoba pensó que se trataba de refuerzos por lo que abandonó el campo, dejando banderas, municiones, artillería y 150 prisioneros.
Los combatientes nacionales estuvieron compuestos aparte de las tropas provenientes de Buenos Aires por contingentes salteños, jujeños, oranenses, tarijeños, cinteños, junto a la caballería de Tupiza, al mando del
Coronel Pedro Arraya.
Se produjo después de la batalla una desavenencia entre
Castelli, y Güemes por lo cual el héroe gaucho fue despojado de su rango, devuelto a Salta, pasando sus tropas a engrosar el Ejército del Norte. Castelli, en represalia no lo nombra en su parte de batalla.
El gobierno de Buenos Aires, dio orden de ejecutar a los jefes vencidos
Córdoba, Rojas, Nieto y Francisco de Paula, en represalia por los castigos infligidos a los líderes de las rebeliones de Chuquisaca y La Paz. González Balcarce consiguió los galones de
Brigadier y la confianza de poder avanzar hasta los límites del Virreinato establecido en
el Río Desaguadero.
Posteriormente estuvo en la
derrota de Huaqui, por lo cual se vio sometido a proceso por su actuación durante la batalla, proceso éste del cual salió exonerado de culpa. Esta batalla se perdió debido a que, a pesar de que el ejército de González Balcarce fue reforzado con contingentes altoperuanos, pero estando en ocupación de Potosí, se convino con el Jefe español, un armisticio, pero el
General Goyeneche, violando el acuerdo, tacó a las tropas nacionales infligiéndoles una contundente derrota.
Otros cargos políticos además del ya enunciado cargo de
Director supremo de las Provincias Unidas, fue el de Gobernador Intendente de Buenos Aires, pero no podemos perder de vista la
Revolución de los Orilleros Porteños, producida los días 5 y 6 de abril del año 1811. Tras la incorporación de los diputados del interior, ocurrido en diciembre de 1810, fue creciendo en Buenos aires un disgusto por el gobierno ejercido por provincianos, permitiendo
Saavedra al Deán Funes ganar el papel de conductor. Se estaba gestando una conspiración de los morenistas en contra de Cornelio Saavedra y los Provincianos de la Junta. Corrían rumores de que éste junto al Deán estaban confabulados con la Infanta Carlota Joaquina, para hacerse cargo del gobierno. Pero en la noche del 5 y 6 de abril se produjeron sucesos que frustraron la conspiración otorgando a la Revolución un carácter popular que en sus inicios no tenía. Espontáneamente fueron congregándose desde los arrabales gente de a caballo, desde Palermo, Miserere y San Telmo, fueron convergiendo hasta la Plaza de la Victoria que pronto apareció desbordada por aquella multitud. Ante aquella pueblada, nada pudieron hacer los morenistas ni los jóvenes de la Sociedad Patriótica, como tampoco los miembros de la gente principal. A la cabeza de la manifestación estaban
Tomás Grigera, Alcalde de Las Quintas y Joaquín Campana, un abogado bien conocido entre las gentes de la orillas. Los morenistas llaman a Grigera a explicar esta situación, pero éste les replica que sólo ante los Regidores dará la explicación pedida. El petitorio en esencia exigía el traspaso del mando a Cornelio Saavedra, ya que estimaban que el mando entre muchas personas era contraproducente. Se llegó a una transacción en la que Saavedra quedaría al frente del gobierno con La Junta, y se desplazaría a los morenistas que serían reemplazados por Grigera y Campana. Se ordenaba el enjuiciamiento de Belgrano por su actuación en el Paraguay.
También se exigía que el grado de Brigadier sólo podían ostentarlo Saavedra y González Balcarce, debiendo estar sometidos los futuros, a la aceptación el Congreso General.
Al ser destinado a la campaña del Ejército de Los Andes, ocupó el cargo de Segundo Jefe del General San Martín, y en su calidad de tal participó de las batallas
de Cancha Rayada y Maipú. Fue asimismo Jefe Del Ejército Libertador en ausencia del General San Martín al comandar la Segunda Campaña al Sur de Chile, habiendo triunfado en
la Batalla del Bío-Bío en el año 1819.
Al contraer una enfermedad, debió regresar a Buenos Aires, lugar éste donde fue nombrado en reconocimiento a sus méritos, nuevamente como Jefe del Estado Mayor. Poco tiempo después falleció y sus restos descansan en la Basílica de Nuestra Señora del Rosario en el Convento de Santo Domingo, junto a los restos de
Manuel Belgrano en la ciudad de Buenos Aires. Uno de sus hijos
Mariano, fue casado con
Mercedes de San Martín, hija del General.
Antonio González Balcarce
Ejército del Norte
Por Ricardo Federico Mena
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