POR CAROLINA MENA SARAVIA PARA EL INTRANSIGENTE

Sitios emblemáticos de Tucumán: Iglesia Catedral “Encarnación de María”

Su fachada es de estilo neoclásico. En ambos costados, magníficas cúpulas bizantinas se alzan erguidas y orgullosas, remitiéndonos por un instante, a las imponentes iglesias y palacios rusos

  • sábado, 05/01/2013 | 10:24 hs
Foto Gentileza Diego Nuñez
TUCUMÁN.-Atrás quedó la antigua Iglesia matriz, una sencilla construcción colonial que se levantaba sobre la Plaza Mayor y cuyos cimientos se remontan a la época en que se llevara a cabo el traslado de Ibatín, la primera fundación de la ciudad –hasta el actual emplazamiento en el sitio denominado La Toma-, ocurrido en el año 1.685.

Efectivamente se trataba de un humilde edificio de adobe con techo a dos aguas. Poseía tejas “musleras”, aquellas cuya forma estaba dada por los muslos de quienes, con paciencia y dedicación torneaban el barro, técnica ancestral transmitida por los jesuitas a los indios en sus misiones. En el interior de esta sencilla construcción se vislumbraba una decoración austera con marcados tintes de estilo barroco colonial hispanoamericano.



Imagen de la Virgen del Carmen

A mediados del siglo XIX, la modernidad comenzaba a abrirse paso en la vida de la ciudad y en sus construcciones, llevándose consigo los soplos de aire hispánico que flotaban desconcertados en medio de grandes cambios. Fue así como en el año 1.845, el gobernador de Tucumán, el general Celedonio Gutiérrez, encomendó las refacciones del edificio al ingeniero vasco francés Pierre Delgare Etcheverry, el técnico más prestigioso de la época. Nueve años demoró su construcción y fue inaugurada en el año 1.856 con un discurso ofrecido por Fray Mamerto Esquiú. El interior de la misma fue decorado por el pintor francés Féliz Revol, adjudicándosele el nombre de Catedral de la Encarnación de María.
 
Su fachada es de estilo neoclásico. En ambos costados, magníficas cúpulas bizantinas se alzan erguidas y orgullosas, remitiéndonos por un instante, a las imponentes iglesias y palacios rusos. Su piso inferior es dórico, jónica la parte del medio y en la superior prevalecen los detalles corintios. Causa admiración el estilo arquitectónico y junto a las catedrales de las ciudades de Córdoba y Buenos Aires, ostenta el privilegio de ser una de las más antiguas del país.



Cristo crucificado-talla en madera-de gran devoción popular. Hace tres décadas se le atribuyó un milagro

Su diseño en forma de cruz latina, permite divisar la nave en toda su plenitud, cuyo techo a dos aguas cobra importancia a medida que se ingresa, para dar paso a las antiguas imágenes de San Judas y San Simón, vice patronos de la ciudad. Relata la tradición oral que ambos apóstoles de Jesús-compañeros en el martirio y posterior muerte a manos de idólatras en la gran ciudad de la antigua Persia llamada Suamyr- salvaron al pueblo de Ibatín, cuando en el año 1.578, un devastador ataque indígena despertó de su letargo a la recién fundada ciudad y ayudada por fuerzas de la vecina Santiago del Estero y por la intervención de ambos apóstoles, pudo sobrevivir.

No existe altar mayor. Al fondo, un óleo de grandes dimensiones- réplica de “La Anunciación “de El Greco, uno de los grandes maestros de la pintura occidental -, hace su aparición para concentrar completamente la atención en él y vernos sumergidos en ese indescriptible misterio; sublime momento en la historia de la humanidad, cuando el Verbo de Dios se haría carne en el mar de dulzura y pureza de su madre, la Virgen María.
 


Fachada Iglesia Catedral por Marcelo Sola

El gran arco previo al coro está decorado con frescos que recrean la creación del mundo y destaca en el sector izquierdo, la gran imagen de San Miguel Arcángel- patrono de la ciudad- emergiendo desde un altar de grandes dimensiones, blandiendo su espada en actitud defensiva.

Sobre la pared del frente, se observa la Cruz Fundacional de la ciudad de Ibatín, de considerable altura, realizada en madera. Un fresco con la representación de ese momento, actúa como marco ideal a esta importante reliquia, que data del año 1.565, fecha en que fuera fundada al sur de la provincia.

En el sector derecho, hacia el fondo del pasillo se encuentra la imagen de la Virgen del Carmen, con sus magníficas vestiduras y la Capilla de Adoración al Santísimo Sacramento, invita al recogimiento y a la oración.

Entre los tesoros que guarda, podemos encontrar un piano traído desde París en el año 1.800. En el interior de la Catedral, descansan los restos del doctor Alejandro Heredia, gobernador de Tucumán; de los sacerdotes José Eusebio Colombres (1.778-1.850) - padre de la industria azucarera de la provincia-, José Ignacio Aráoz (1.823-1.883) y Estratón Colombres, sobrino del obispo Colombres. Descansa también el general Gregorio Aráoz de Lamadrid- héroe del Ejército del Norte-(1.795-1.857), monseñor Agustín Barrere (1.865-1.962) y monseñor Blas Victorio Conrero (1.923-1.982). En el atrio y hacia la derecha se encuentra el Cristo Crucificado, tallado en madera y de gran devoción popular. Todavía recuerdan los fieles el prodigio sucedido hace tres décadas, cuando por sus mejillas se deslizaban constantemente, lagrimas que recorrían su cuerpo.



Foto Gentileza Diego Nuñez

Fue declarada Monumento Histórico Nacional el 12 de julio de 1.941 conjuntamente con el Museo de Arte Sacro, apéndice de ella, fundado en 1.903. Contiene en su interior valiosos ornamentos, testimonios de la Iglesia Matriz, además de arte religioso, platería, libros antiguos, misales, pinturas cuzqueñas, entre otros atractivos objetos. Va cayendo la tarde y desde la plaza Independencia se observa claramente el frente. Hacia el lado izquierdo sobresale el reloj que se encontraba en el antiguo edificio del Cabildo, traído en barco desde Londres.

En lo alto del frontis de la entrada, la Virgen de Lourdes se eleva sobre un bajo relieve que representa el éxodo del pueblo judío, donde Moisés descansa a la sombra de un árbol mientras los israelitas le alcanzan enormes racimos de uva, símbolo de la prosperidad y fecundidad de esta maravillosa tierra. La ciudad, orgullosa, contempla su hermosura desde un ángulo de la plaza. Este símbolo de un Tucumán que empezaba a crecer, da fe de ello. En su interior, un piadoso grupo de oración, desgrana las cuentas del rosario, a la espera de la próxima misa.

Por Carolina Mena Saravia
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