Cuando el usuario lo requiere puede dar una
tonalidad transparente, intermedia o totalmente oscura para que no pasen los rayos solares.
Así lo explica
Eduardo Larraín, quien comenzó a trabajar en esto sobre una escultura. “No pude llegar nunca, probé con un sinfín de cosas y gasté muchísimo dinero. Me alegré mucho cuando pude polarizar con el cuarzo líquido, pero no logre transparencia, fundamental para la escultura. Comencé en el 2004 y recién en 2010 doy con los elementos químicos, se hizo un primer prototipo que funcionó al 30% y ahora estamos uno funcionando en su totalidad”.
Luego, indicó: “Casi 600 años después, se metió la química que jugó un papel vital para ayudarme a crear este sistema de polarización, que si bien ya estaba en el Renacimiento, se llamaban a sí mismos alquimistas. Ahora nos llaman artistas plásticos, pero yo escultor y soy pintor. Los pintores necesitan tener desarrollados varios sentidos para poder plasmar el arte en la pintura. Uno debe saber cómo apunta la luz en ese momento, si el sol está en tal posición, de dónde va a salir la sombra”.
Así, Larraín inventó un
polarizador automático con el que se puede regular la tonalidad de los vidrios a gusto de cada uno.
Lógicamente, la industria automotriz es una de las principales interesadas en este desarrollo.
¿Cómo funciona? Según reproducen, se trata de una reacción eléctrica a una fórmula química –de la que no se puede develar la fórmula por estar en proceso de patentamiento- que polariza cualquier tipo de vidrio o afín. Ese material hace que la electricidad se transporte parejamente a los vidrios en un amperaje muy bajo, un voltaje de entre 12 y 18 y así cambie la tonalidad. Todo esto comandado simplemente desde un dimmer.
Larraín está trabajando para que el dimmer sea inteligente y pueda accionar la polarización automática, reaccionando al reflejo de los rayos solares. (Redacción

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