DIVIDIDOS POR UN PUENTE

La grieta llegó al Riachuelo

Es que la grieta no solo se percibe en los discursos de los candidatos, sino que pudo evidenciarse en un curioso acto
jueves, 28 de septiembre de 2017 · 11:26:00 p.m.

BUENOS AIRES (Redacción) - Hoy se reinauguró del Transbordador Nicolás Avellaneda de La Boca, tras 60 años sin funcionar. Sin embargo, mientras que de un lado de la orilla del Riachuelo se encontraba el jefe de Gobierno de la Ciudad, Horacio Rodríguez Larreta, y el Vice, Diego Santilli, del otro estaba el intendente de Avellaneda, Jorge Ferraresi. De todas maneras, no fue la sincronicidad el detalle más significativo, sino el cruce trunco, ya que se quedó a mitad de camino.

En este sentido, mientras en una orilla se veía un escenario montado con andamios grises, una pantalla gigante, una bandera argentina, muchos hombres, muchas mujeres, nenes de jardín y el intendente kirchnerista; en la otra había muchas mujeres, muchos hombres, más cámaras, menos nenes de jardín, ningún escenario, un corralito hecho con cintas y adentro los dos funcionarios macristas.

Es que la grieta no solo se percibe en los discursos de los candidatos, sino que pudo evidenciarse en este curioso acto. Es que el puente centenario no pudo cumplir con el propósito para el que fue restaurado en los últimos seis años, ya que no unió La Boca con la Isla Maciel porque la barquilla, una especie de canasta en la que viajan los pasajeros, recorrió sólo la mitad del trayecto por temor a que se produjeran conflictos si llegaban a la isla, en Avellaneda, según fuentes oficiales. 

Durante seis días, más de 7.000 vecinos se anotaron para subir al Transbordador. Quince personas -con un acompañante- quedaron seleccionadas a través de un sorteo que encabezó el Gobierno de la Ciudad. La dinámica fue la misma que se usó para elegir a los vecinos que subieron a la cima del Obelisco y para los que participaron de los viajes en los vagones La Brugeoise del subte A. Esos elegidos llegaron con antelación al pie del transbordador, del lado de La Boca.

Los seleccionados llevaban pulseras verdes fluorescentes para diferenciarse de tantos otros que se acercaron al ver los móviles de televisión y el despliegue de gente en el cruce de Pedro de Mendoza y Almirante Brown. Después de las 15 se los hizo pasar a un corralito hecho con cintas. “No pueden salir tienen que quedarse parados ahí porque ya empieza el acto”, dijeron desde la organización.

En el evento, Larreta habló durante 40 segundos y salió apurado porque integrantes de 30 familias que quedaron en la calle después de un incendio en un conventillo a pocas cuadras del transbordador se le vinieron encima y lo siguieron hasta su auto. Así el acto porteño se cerró de golpe, las cámaras de televisión apuntaron a las familias que decían estar sin respuesta desde hace dos meses y los vecinos elegidos por sorteo pasaron a la barquilla.

Pero fue recién cuando el escenario en Isla Maciel empezaba a ser desmontado que ocurrió el segundo viaje. Ése sí completo, de margen a margen. Con 25 extranjeros integrantes de un consorcio que agrupa los ocho transbordadores que quedan en el mundo: Puente colgante de Vizcaya (España), Puente de Rochefort-Martrou (Francia), Osten-Hemmoor (Alemania), Rendsburg (Alemania), Newport Gales (Inglaterra), Middlesbrough (Inglaterra), Warrington Transporter Bridge (Inglaterra) y Transbordador Nicolás Avellaneda (único en América). La barquilla volvió a La Boca y los pocos vecinos que todavía quedaban aplaudieron, algunos corearon "SÍ, se puede". La Argentina segmentada con un Riachuelo podrido de por medio.

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