SALTA

María Livia genera un milagro de fe en Salta

Se extiende el culto a la Virgen de Tres Cerritos

Dicen que la fe mueve montañas. La fe se puede ver en el modo de mirar de los peregrinos. En los ojos entrecerrados de los fieles que rezan. En las lágrimas que brotan de sus ojos. En las manos que se unen para agradecer o implorar perdón, intercesión o fuerzas. La fe, incluso, se puede oler. Y eso pasa en Salta, en el barrio Tres Cerritos.

Son las once de la mañana. El cielo está turquesa y los rayos del sol de medio día no dan tregua. Los más de 50 mil peregrinos que llegaron desde todas partes del país para ser parte de la Peregrinación y Vigilia de la Juventud caminan por un sendero angosto, de tierra y piedras, entre oraciones y rosarios.

La fila apenas avanza. No se puede comer ni fumar ni reir. Sólo meditar, caminar, beber agua y estar en paz. Así transcurren unas cinco horas, hasta que se logra llegar a la "ermita", en donde María Livia Galliano, la mujer salteña que supuestamente recibe mensajes de la Virgen María desde 1990, otorga lo que se conoce como "oración de intercesión".

Los "servidores", a quienes se identifica por los pañuelos celestes que llevan atados en el cuello, son los encargados de organizar a los fieles. Así, van llamando de a grupos para ubicarlos en largas hileras hasta que les toque el turno de recibir esa oración. En ese momento, dicen, cuando esta mujer de rostro pálido apoya su mano en el hombro de la persona, son Jesús y la Virgen quienes "interceden" para bendecirla. Y allí sucede lo que tantos llaman el "milagro": ocho de cada diez peregrinos caen desplomados en el suelo terroso, algunos entre lágrimas y llantos; otros como desmayados y con los ojos cerrados.

Nadie los molesta. Los servidores (que se colocan uno atrás de cada persona) simplemente los sostienen para que no se golpeen al caer. Y allí se quedan hasta que se levantan solos, generalmente después de unos pocos minutos. "Sentí algo indescriptible. Una paz interior que no había sentido nunca", declara con los ojos vidriosos Marta López (51), que fue a Tres Cerritos a pedir por una nieta que padece una cardiopatía. "¿Cómo pueden preguntarse si esto es real? Acá está Jesús, es innegable", agrega Berta Salinas (48), que fue a agradecerle a la Virgen del Cerro porque su marido se curó de una enfermedad. "Me tocó y sentí que caía para atrás, que no podía contener las ganas de estar acostada. Y no pude parar de llorar", asegura Mario Britos (27).

Cada sábado en Tres Cerritos, se repite la postal. El fin de semana que se organizó la Vigilia de los Jóvenes, unos 60 mil peregrinos viajaron a Salta en busca de paz, oraciones y, muchos de ellos, por la curiosidad que despierta este fenómeno que cada vez se hace más conocido, aunque aún la Iglesia Católica no haya dado su apoyo oficial, según lo informa la periodista Lourdes Casanova.

Según estiman los organizadores, hubo unas cuatro millones de visitas desde 2002 y en los últimos años, muchos aseguraron haber superado enfermedades después de visitar a la Virgen de Tres Cerritos. El templo donde permanece la imagen, en una de las cimas del norte de la ciudad, se construyó como respuesta al supuesto pedido de la Virgen María.

"Es ver para creer. Yo no creo que sea sugestión si la mayor parte de la gente se cae. Son cosas de fe que escapan a la razón", declara Ana Inés Padua, una porteña de 18 años que viajó hasta Salta con un grupo misionero de amigos. "Empecé a ver como luces de colores cuando me caí. Sentí realmente que la Virgen María me tenía en sus brazos", agrega Guadalupe Páez, una joven de 19 años que viajó especialmente desde Uruguay.

A las siete de la tarde, algunos peregrinos comienzan a bajar el cerro otra vez; el sol ya no quema tanto y se filtra entre los árboles mientras los más de 50 mil fieles regresan rezando. "No importa creer o no creer. Es una experiencia que merece ser vivida. Va más allá de la fe. Porque hace bien", concluye Juan José Flores (33).

El olor en el sendero sigue siendo el mismo. Llega la noche a Tres Cerritos. María Livia continúa tocando los hombros de los fieles que se caen cual efecto dominó. Y el aire huele igual. A fe. A fe ciega y sin preguntas. María Livia transmite sencillez. Nada en ella es ostentoso. Lleva el pelo recogido en una cola de caballo, la cara sin una gota de maquillaje y viste camisa blanca y pollera gris. Ante una multitud que espera las palabras de esta mujer que asegura ser intermediaria entre María y los hombres, arranca su relato de las apariciones. Después de escucharla, pareciera que el camino más certero para cambiar el mundo es rezar.

Fue en 1990 cuando esta mujer (ama de casa, esposa de Carlos Obeis y mamá de tres hijos) recibió la primera aparición de la Virgen María. "Mi vida entonces era muy tranquila. Un día mientras rezaba sentí una voz que habitaba en mi corazón, era hermosa y sobrenatural. Comenzó a pedirme cosas, me dijo que quería entrar en mi casa y yo le dije que sí. A partir de ese día, la Virgen estuvo enseñándome cómo llevar a cabo sus planes. La vi como una luz hermosa y brillante que bajaba del cielo, no me encandilaba. La Virgen se me aparecía como una jovencita de 14 años, vestida de blanco y apoyada sobre una nube. Tenía los brazos extendidos y me miraba. Estaba feliz", señala "Contexto".

La mujer sostiene que se vio obligada a adaptar su vida a lo sobrenatural y convivir con eso; con la voz de la Virgen diciéndole cosas y haciéndole pedidos. Según relata, la madre de Jesús le aseguró en una de las apariciones que la humanidad sufrirá una enorme purificación pero será luego de que atraviese una época signada por el materialismo y el ateísmo. "El demonio está preparando cosas muy feas pero no debemos temer si tenemos a Dios en nuestros corazones. El alma debe alimentarse. La Virgen también me dijo que hay que rezar y escuchar su mensaje para que se produzca una conversión", destaca.

¿Qué pide la Virgen a los fieles? Esa fue la pregunta que más resonó en la sala en donde María Livia brindó la conferencia. La respuesta fue directa: "la Virgen pide oración, pide que se rece el Rosario, que se armen grupos de oración, que los católicos vayan a misa y sobre todo, que se confiesen. Si ustedes la aman y le son fieles, ella va a entrar en sus corazones. La oración es el vínculo entre Dios y los hombres y hay que practicarla".

Algunos dudan de los motivos por los cuales 8 de cada 10 personas se caen cuando María Livia les apoya la mano en el hombro y consideran que se trata de una predisposición mental. Pero la mujer salteña que cada año consigue llevar más gente a Salta afirma que en ese momento, hay una presencia de la Virgen en cuerpo y alma. "Mientras se reza el Rosario, Ella desciende del cielo y en el momento en que toco a los fieles, es Ella quien los bendice, no yo. Luego ruega a Jesús que descienda y él lo hace y abraza a cada fiel. Yo soy solamente una cara visible, un medio. Pero siento un infinito amor en ese momento. Muchas veces, Dios me permite ver el alma de los peregrinos", concluye María Livia. La sala se llena de largos aplausos y caras que asienten conformes. Nadie plantea dudas. Y es que es muy cierto: la fe y la razón jamás podrán ir de la mano.

150
20
Comentarios

Diario On-line, República Argentina. © Copyright 2014 | Todos los derechos reservados.

CMS Peridicos