BIOHACKING

Cómo es vivir con varios chips bajo la piel

Enterate cuál es el futuro de la combinación del hardware con el cuerpo humano en esta nota
lunes, 12 de junio de 2017 · 10:45:00 a.m.
BUENOS AIRES (Redacción) – Janine Medina tiene 35 años, es de Brooklyn y tiene un Master en la Universidad de Illinois de Chicago en biomedicina e informática de la salud. La semana pasada visitó nuestro país e implantó 25 chips bajo la piel a personas que fueron a la conferencia Andsec. Cada uno, tenía un valor de US$ 25 y los turnos se agotaron rápidamente. El kit para insertarlo incluía la jeringa con el chip adentro, guantes, curita, gasas, alcohol y una tela para evitar que el brazo tenga contacto con otra superficie durante la instalación.

 

Según pudo saber el diario La Nación, el interés de Janine Medina por el biohacking (que incluye entre otras cosas la implantación de chips y que ayuda ampliar las capacidades físicas y mentales del ser humano) empezó hace 12 años, cuando trabajaba en el Ejército estadounidense. Medina hoy trabaja en sistemas únicos informáticos que llevan el historial de las personas. Datos, por supuesto, muy sensibles. "El objetivo es más adelante que puedas llevar tu historia clínica a donde sea que vayas", explica. "Si yo ahora me desmayo no sabés más que mi nombre, no podés saber información útil que puede, quizás, salvarme la vida", explica.


Soy Robot: Llevar hardware en el cuerpo

Medina ya hizo pruebas en eso de "llevar tu historia clínica a todos lados". Su tesis la hizo en base a la implantación de chips en personas que tienen algún tipo de asistencia social. Quiere ayudarlos a que puedan ser identificados de manera más rápida, "para poder ofrecerles ayuda inmediata".

Las primeras pruebas empezaron en 2016. El dispositivo llevaría algunos datos médicos como antecedentes o tipo de sangre. Medina se animó a un chip en el brazo derecho que, por problemas cutáneos, no se pudo adaptar y hoy solo le queda la cicatriz.

En el izquierdo, cerca del húmero, realizó otro intento de manera diferente: le armaron una especie de bolsillo en la piel para alojarlo. Tampoco funcionó: el chip se rompió, esta vez porque el "espacio era demasiado pequeño". Medina decidió igualmente dejar el testigo adentro para experimentar "cómo cicatriza" y sumar más pruebas a su laboratorio.

Los que sí funcionan están en sus manos. En la derecha lleva un chip RFID. Mide aproximadamente 12 milímetros de largo y dos de ancho. Lo utiliza para suspender la computadora si es que se aleja a más de 60 centímetros, algo que la ayuda a proteger los datos sensibles con historiales médicos que tiene en su computadora.

En la otra mano posee un chip NFC (como el que usa la SUBE al pagar el pasaje), hoy en desuso. La utilizaba para entrar a su lugar de trabajo en Seattle. "Para ir a abrir la puerta, no necesitaba que alguien lo hiciera. Acercaba la mano y listo. Próximamente lo voy a programar para otra cosa", adelanta. Estos tres chips que hoy tiene en su cuerpo le impiden realizarse resonancias magnéticas.

El Biohacking en el mundo

El fenómeno del biohacking no es nuevo. Amal Graafstra se puso un chip RFID en la mano en 2005 para abrir la puerta de su casa sin llaves. Hace más de una década se usaba en Estados Unidos para identificar empleados. En América latina algunos ejecutivos los utilizan para ser localizados constantemente. 

En 2016 el Club Atlético Tigre hizo una campaña para insertar chips en la mano de sus socios para facilitar su identificación al entrar en la cancha. Una investigación de 2014 realizada por la consultora D'Alessio IROL en el país revelaba que 7 de cada 10 personas evaluarían la posibilidad de colocarles chips a sus hijos si fueran útiles para cuidar la salud. Según algunas estimaciones ya hay 5 mil personas en los Estados Unidos que utilizan estos chips para desbloquear puertas, abrir autos, entrar a trabajos, sin necesidad de portar tarjetas de acceso. 
 
Un fenómeno que asusta
 
Según Medina "el biohacking no debería ser atemorizante. La imaginación de la gente lo convirtió en eso. Cuando aparecieron los implantes, las prótesis, nadie le tenía miedo. Porque te permitían sufrir menos, porque hacían que volvieras a caminar. Pero son pedazos de metal adheridos a tu cuerpo; eso también es biohacking. El mayor problema, creo, es la información que circula".

En el caso del robo de esta información médica resulta peligroso para la persona que "con eso vos podrías hacerte pasar por otra persona". Medina explica que la mayor parte de su trabajo tiene que ver con evitar que otras personas puedan acceder a esa información. "Por eso es clave el software. Alguien, por ejemplo, podría vender tu información médica y hacerse pasar por vos, es una realidad. Pero será una decisión personal cuánta información quieras poner en el chip, como así también los modos en que cuidás la información que tenés en el teléfono", asegura.

"Biohacking es también trabajar mucho en infraestructura y seguridad; no es solo ponerse chips. Hay que ponerle capas de seguridad. Mi mayor objetivo en la vida también es que la información médica de los pacientes no vaya a donde no tiene que ir", aclara Medina. 

 
Janine Medina es una de las organizadoras voluntarias de DefCon, una de las conferencias más importantes de esta temática, que se realiza a fines de julio en Las Vegas. Sus tópicos de rutina tienen que ver con este tema. La mayoría de sus amigos tiene implantados chips. "Podés hacer tu vida normal, no tenés que tener ningún cuidado en especial", asegura. "De hecho, el otro día me golpée la mano y no me pasó nada. En muchos momentos me olvido completamente que lo tengo puesto", asegura.

 

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