TUCUMÁN

Abortos en Tucumán: Una cuestión de dinero

"Los ricos defienden el aborto ilegal para mantenerlo en secreto y no pasar vergüenza.” La frase de René Favaloro, más vigente que nunca

Abortos en Tucumán: Una cuestión de dinero

Aborto (Foto tomada de InfoBae.com)

TUCUMÁN. Hace unos días, organizaciones sociales cercanas a la Iglesia protestaron contra un curso de capacitación para personal médico de la Maternidad. En el evento, se pensaba instruir al personal del nosocomio para que sepa cómo actuar ante la eventualidad de recibir a una mujer violada.

Las mujeres que llegan a la Maternidad son las de menos recursos de la Provincia, allí nacen y se curan los pobres, los que ni si quiera se atreven a soñar con una consulta médica privada.

Cuando una mujer es violada, de acuerdo las directivas enviadas por la Corte Suprema de Justicia de la Nación a las Provincias, y a las que Tucumán adhirió, tiene derecho a atención médica que incluya la interrupción del embarazo producto del abuso. Para ello, se elaboró un protocolo, y el curso en el MUNT para personal de la Maternidad pretendía enseñar a los médicos cómo aplicarlo, cuándo y bajo qué condiciones.

No pudo ser. Ante la protesta de las organizaciones contra el curso de capacitación, el curso fue suspendido. El personal de la Maternidad continúa sin tener conocimiento sobre cómo actuar cuando una mujer pobre es violada.

Con las mujeres de buen pasar económico no ocurre lo mismo. Practicarse un aborto en Tucumán no resulta difícil si se tienen algunos pesos ahorrados. Muchos médicos ginecólogos lo realizan, previo pago al contado, en las condiciones de asepsia requeridas, con anestesia, medicamentos y controles posteriores y, por supuesto, en la más absoluta de las discreciones. Abortar en la clase media alta no significa mayor trámite, e incluso las mujeres que lo hacen pueden luego costear ayuda psicológica para poder sobrellevar el trauma que para cualquiera significa un aborto.

Las perjudicadas con la suspensión del curso de atención de abortos no punibles fueron las mujeres pobres. Están, a diferencia de las más pudientes, condenadas a llevar en su vientre a un niño producto de una violación, condenadas a la falta de atención psicológica, condenadas a dejar de trabajar y mantener a su familia por el embarazo. Las más jóvenes, muchas veces, están condenadas a muerte por no poder sus pequeños cuerpos de 11 y 12 años soportar un embarazo. O condenadas a practicarse abortos no en las clínicas donde las mujeres de dinero lo hacen, sino en manos de curanderas. Frecuentemente, quedan estériles y en muchos casos mueren a causa de las infecciones que los abortos clandestinos les producen.

Ni las organizaciones que protestaron contra el aborto no punible en caso de violación en la Maternidad, ni el Ministro de Salud, Pablo Yedlin, que suspendió el curso, dijeron una sola palabra sobre la práctica de abortos en pleno Barrio Norte, realizados por reconocidos ginecólogos del medio.

El aborto, “bajo poncho”, está permitido en las clases sociales altas. Las más bajas quedan condenadas a representar la tradición católica que las señoras de la Catedral insisten en proyectar.

En el País, según datos de la Maternidad del Hospital Álvarez, se producen entre 450 y 500 mil abortos clandestinos por año. Es decir, que casi el 40 por ciento de los embarazos son abortados.

Los abortos clandestinos constituyen la primera causa de muerte materna en el País: el 38% de las embarazadas que mueren, mueren por la clandestinidad de estas prácticas.

Sin embargo, clínicamente, el aborto es una operación relativamente sencilla, que no debería implicar ningún riesgo de muerte. Psicológicamente es compleja, dramática y traumática, por lo que debería ir siempre acompañada de ayuda profesional. Todo esto se cumple entre las muchachas pudientes, quienes continúan estudiando y trabajando luego de someterse a intervenciones en consultorios ginecológicos.

Ya lo dijo el fallecido Doctor René Favaloro en 1998: "Los ricos defienden el aborto ilegal para mantenerlo en secreto y no pasar vergüenza. Estoy harto de que se nos mueran chicas pobres para que las ricas aborten en secreto. Se nos mueren nenas en las villas y en Sanatorios hacen fortunas sacándoles la vergüenza del vientre a las ricas. Con el divorcio decían que era el fin de la familia, y sólo fue el fin de la vergüenza de los separados ilegales. Con el aborto legal no habrá más ni menos abortos, habrá menos madres muertas. El resto es educar, no legislar"



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