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Daniel Parise: “La venta de películas truchas financia delitos más graves"

El Intransigente le consultó a Daniel Parise, presidente de la Unión Argentina de Videoeditores, quién explicó las graves consecuencias del comercio ilegal
martes, 06 de diciembre de 2011 · 08:22
ARGENTINA.- La mítica calle Florida es uno de los íconos más visitado por los turistas y más transitado por los porteños.

Pero su paseo peatonal ya no es lo que era, y en varios tramos de su recorrido, se encuentra invadido por cientos de vendedores ambulantes que ofrecen desde artesanías, pasando por DVD hasta ropa de marca adulteradas. Pero la ciudad de Buenos Aires no es exclusiva en este fenómeno.

Por esa razón, El Intransigente le consultó a Daniel Parise, presidente de la Unión Argentina de Videoeditores, quién explicó las graves consecuencias que el comercio ilegal genera en esta actividad.

El Intransigente: El debate por el uso de la vía pública y la confrontación entre los vendedores ambulantes y los comerciantes establecidos se ha disparado por el caso de la Calle Florida. Pero más allá del caso, ¿Cómo es la situación del negocio del Video a nivel nacional?

Daniel Parise: “Hoy en día, sólo un 20% del negocio del video es legal. El 80% restante es totalmente ilegal. Y esto nos afecta muchísimo. Por ejemplo, en la buena época del video teníamos un distribuidor en Salta. Pero al haber ido perdiendo posiciones en manos de la piratería, el vendedor recorría las provincias del norte, caminaba cientos de kilómetros y no lograba vender sus productos porque se encontraba con películas truchas que ingresaban de países limítrofes o venían directamente de Buenos Aires. Entonces, tuvimos que suprimir la tarea del vendedor”.

El Intransigente: “¿Cuánto tiempo llevó para que el negocio ilegal captara el 80% de la actividad?”

Daniel Parise: El gasto del consumidor argentino –es decir, todo lo que gastan los argentinos comprando o alquilando videos- era de $ 400 millones en 2007, en el negocio legal, y $ 500 millones el ilegal. En 2011 ya estamos en menos de $ 200 millones en el legal y más de $ 1000 millones el ilegal. 

El Intransigente:  ¿La producción de copias ilegales es un negocio organizado o una actividad artesanal y de subsistencia?

Daniel Parise: “Es una actividad organizada. Aquí hay bandas claramente identificables que se dedican a importar material virgen y rápidamente se lo venden a otras bandas que compran cientos de miles de discos por mes, quienes graban de forma casera pero industrial importantes cantidades de películas. Unos meses atrás se allanó un galpón en Ingeniero Budge (Provincia de Buenos Aires) donde se replicaban DVD truchos. Con la cantidad de máquinas que tenía esta organización se podían replicar 15 millones de discos al año. Se trataba de una banda que, además de los DVD, se manejaban en el negocio de la adulteración de ropa de marca y venta de droga”. 

El Intransigente: Uno de los problemas a los que ustedes apuntan es a la inacción de las fuerzas de seguridad. Pero también es algo común ver familias comprando discos truchos en la vía pública sin ningún tipo de replanteo moral. ¿Cómo combaten esa cultura del consumismo de lo ilegal?

Daniel Parise: “Eso tiene que ver con la doble moral que tenemos los argentinos. Nos quejamos de la falta de seguridad, de hospitales en mal estado y de educación deficiente. Pero eso se consigue pagando impuestos, y el comercio ilegal no lo hace. Lamentablemente, en Argentina todos queremos tener una ventaja, queremos ver la película primero, pagar más barato, y si eso conlleva a un “pequeño” delito, la sociedad piensa que quizá no sea tan grave. Pero la gente no sabe que, detrás de ese “pequeño delito”, hay financiamiento para delitos más graves. El dinero simple y fácil que se consigue en la calle, de a $10 por película, termina pasando al circuito ilegal y financiando otro tipo de delitos. Pero a la vez sostengo que no se puede generalizar. No todos los manteros son delincuentes. Hay muchos que lo hacen para subsistir, pero también existen las bandas organizadas con importante logística”.

El Intransigente: El sitio web Cuevana (donde se pueden ver películas online gratis) afronta demandas de dos grandes cadenas internacionales. ¿Los videoeditores darán batalla también en ese espacio?

Daniel Parise: “Esta semana le haremos una demanda penal a Cuevana, porque también nos afecta. Creo que va a haber una catarata de demandas contra Cuevana. Hoy hablamos de Cuevana porque es un sitio hecho por verdaderos profesionales, que ha ganado notoriedad y simpatía hasta en la prensa. Me sorprende que algunos periodistas hablen simplemente de un sitio que está “flojo de papeles”.

El Intransigente: ¿Y qué ocurre en el caso donde uno decide compartir información, música o películas?

Daniel Parise: “Me parece fantástico que la gente quiera compartir. Es más, si un director de cine o un artista deciden compartir sus películas, que lo haga. Pero tiene que ser su decisión. Porque quién es el tenedor de los derechos es quien tiene que decidir qué hacer con ese material. Pero no se puede compartir lo que no es de uno. Robín Hood no existe, y no se puede compartir lo que no es de uno. Entonces, si el dueño de Cuevana vende el sitio en 10 millones de dólares, ¿compartirá las ganancias? No lo creo”. 

El Intransigente: Además de la pérdida económica, ¿hay una pérdida en lo cultural con el cierre de las empresas editoras y distribuidoras de video?

Daniel Parise: “De las empresas más importantes que había, estaban LK TEL –que distribuía el sello Columbia y material de cine independiente- y Gativideo –que distribuía el sello Fox- cerraron. El 70% del material que esas empresas distribuían se perdió. Argentina tenía el orgullo de ser en toda América el país donde más diversidad de cine había. Se encontraban productos de todos los países de Europa y muchos de Asia. Y también afectó a la industria del cine, porque el video era un soporte de recupero económico en el negocio del cine. El video le aportaba una regalía al distribuidor de cine que le permitía afrontar la inversión de llevar esa película a las salas. Hoy el video aporta muy poco. Entonces, hay menos oferta de producto y mucho menos variedad. El daño es doble: económico y cultural.