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Jorge García Cuerva: “No sé en qué mundo viven los que niegan esta realidad”

El Intransigente entrevistó al padre Jorge García Cuerva, párroco de La Cava, una de las villas más conocidas del conurbano
Jorge García Cuerva: “No sé en qué mundo viven los que niegan esta realidad”
Jorge García Cuerva
Jorge García Cuerva: “No sé en qué mundo viven los que niegan esta realidad”
Jorge García Cuerva
domingo, 25 de mayo de 2014 · 23:17
ARGENTINA.- La semana pasada la Iglesia presentó un documento en el que se alertó acerca de los altos niveles de violencia que sufre el país. El gobierno nacional respondió y funcionarios, legisladores y hasta la misma Presidenta salieron al cruce minimizando los alcances y las críticas del documento de los obispos. El Intransigente entrevistó al padre Jorge García Cuerva, párroco de La Cava, una de las villas más conocidas del conurbano que se sitúa en medio de San Isidro, un clásico barrio de clase media alta bonaerense. García Cuerva nos cuenta cómo se vive -y se sufre- esa violencia de la que hablan los obispos en los barrios más carenciados del país.
 
El Intransigente: ¿Cómo se vive en los barrios carenciados la violencia de la que habla la Iglesia en el último documento?
 
Jorge García Cuerva: Me parece que se vive en distintos niveles. Uno es el ámbito más privado, particular y familiar. Entonces, la gente está como muy irascible y se trata mal. De hecho, los obispos hablan que claramente la familia tiene que ser una escuela por la paz. La mayor parte de los delitos cometidos en relación a la violencia familiar -llámese abusos, maltrato infantil, violencia de género- ha ido aumentando en este tiempo. Y después se vive la violencia diaria. Para nosotros es violencia saber que no te alcanza la guita para llegar a fin de mes por la inflación. El narcotráfico y la venta de drogas es algo brutal que está en aumento en estos últimos años. De hecho, los pibes que consumen hoy son mucho más chicos de los que empezaban a consumir hace unos años. Entonces, ahí experimentamos altos niveles de violencia. Por otra parte, está la discriminación. La Cava es una villa que está situada en el medio de San Isidro y estar en una Villa en medio de San Isidro es sufrir una discriminación terrible, y eso también es violencia, porque la gente no puede decir donde vive ni de donde es. Y el otro punto, son las armas. Yo no sé si hay más o menos que antes, pero nos impacta que siempre hay armas dando vueltas y eso no se fabrica en la villa. Entonces, lo que se desprende de ahí es que existe un tráfico de armas muy groso que está muy ligado al narcotráfico. 

El Intransigente: Existe un prejuicio muchas veces generalizado que sostiene que la violencia se genera en los barrios carenciados o las villas. ¿Es así?
 

Jorge García Cuerva: Las primeras víctimas de la violencia son las personas que viven en los barrios carenciados, porque son los que tienen menos recursos para poder protegerse. En otros sectores de la sociedad, uno puede poner rejas, contratar una seguridad privada o llamar a la policía, nada de eso sucede en los barrios carenciados. Los pobres son las primeras víctimas de la violencia. Por otra parte, en las villas hay una absoluta ausencia de calles, no existe un loteo organizado, y eso genera lugares de escondite para los que hacen las cosas mal. Esto es real. Yo no digo que no haya delincuentes que vivan en la villa, pero también hay muchos que se esconden, porque no cualquiera puede recorrer los laberintos que forman esos pasillos. Del mismo modo, que hay barrios privados o countries que aparentan ser lugares santos pero hospedan a narcotraficantes.
 
El Intransigente:  ¿Qué le pasa a una persona como vos, que trabaja a diario con los más necesitados, cuando escucha a funcionarios que desconcoen esa realidad?

Jorge García Cuerva: A mí me da bronca,no podemos esconder el sol con las manos. Los obispos se hacen eco de una situación que vive cualquiera de nosotros. Con tan sólo manejar un auto un rato es suficiente para darse cuenta lo mal que nos tratamos. Y esto no significa hacer responsable a alguien en particular, es más, creo que todos tenemos que hacernos responsables de buscar una solución. Y quizá cada uno tenga que buscar primero cuáles son las actitudes violentas que tiene. Los obispos han hecho una constatación de una realidad objetiva. Vivimos en un momento violento. ¿Cuántas familias hay que ya no pueden hablar de política porque se han enemistado definitivamente? Eso también es violencia. Yo no sé en qué mundo viven los que niegan esta realidad, y eso me enoja.

El Intransigente: Te fuiste de La Cava en 2005 y volviste unos meses atrás. ¿Cómo encontraste el barrio después de nueve años?

Jorge García Cuerva: Claramente, hay un alto nivel de consumo de drogas que es bestial. A mí me duele en el alma ver que se consume más y que se consume desde más chiquitos. Una de las cosas que me impactó es el estado general del barrio; está destruido, las napas de agua suben, se inunda cada vez más seguido, las casas están muy venidas abajo. Encontré también gente con mayores posibilidades económicas, en el sentido que tenían mayor ingreso de dinero, pero también veo que eso se lo come rápidamente la inflación. Siento que hay un tema de pobreza estructural que sigue siendo una deuda pendiente.
 
El Intransigente: ¿Y cómo encontraste las estructuras familiares en La Cava, nueve años después?

Jorge García Cuerva: Las familias viven en un hacinamiento cada vez mayor, porque lo que no se puede controlar es el crecimiento vegetativo. Crecieron las familias pero no crecieron los espacios para que esas familias vivan. Se vive mal. Los políticos te miran cuando le planteas eso, porque para ellos funciona el “ojos que no ven, corazón que no siente”, porque cuando no ven y no sienten de cerca lo que le pasa a la gente, siguen pensando en políticas a largo plazo, pero son a largo plazo no por tratarse de políticas de Estado, sino que los resultados no los vamos a ver nunca.

El Intransigente:  ¿Cuál es la percepción de la vida que tienen los chicos del barrio?

Jorge García Cuerva: Algunos, los que están más comprometidos con la droga, ven una vida con muy poca expectativa. Alguna vez me ha tocado escuchar a alguno de ellos decir que el año que viene van a estar muertos. Hay otros que tienen ganas de pelearla, y por eso van al colegio y le ponen garras para salir adelante. Pero a veces, también con muy poca resistencia a la frustración, porque las dificultades son tantas que bajan los brazos rápidamente.

El Intransigente:  ¿Para pelearla tienen que salir sí o sí del barrio?

Jorge García Cuerva: Las posibilidades en el barrio podrían ser enormes si nos dieran una mano y la calidad de vida mejorara. El lunes inauguramos en el colegio de La Cava una biblioteca para egresados. El objetivo es brindarles un lugar donde puedan estudiar aquellos que tienen ganas de seguir estudiando algo. Y esto lo hicimos porque sabemos que en sus casas es imposible estudiar, porque en sus casas se come, se duerme y se estudia sobre la misma cama, y no hay espacio para una mesa familiar.

Por Guido Baistrocchi
para El Intransigente


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