¿Habrá ley de telecomunicaciones?

Macri, el acceso a la información y un negocio que se regula por decreto

La Casa Rosada anuncia el cuádruple play para todos como una 'garantía' de más oferta para la gente. Pero concibe a los medios como un negocio rentable y librado al mercado, al igual que gobiernos anteriores
Macri, el acceso a la información y un negocio que se regula por decreto
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martes, 06 de marzo de 2018 · 18:57

Por Mariano Confalonieri

El acceso a la información está contemplado en los principales tratados internacionales y figura consagrado como un derecho humano. Pero está en riesgo, desde hace tiempo, en varios países de América Latina, incluido el nuestro. Lo alertó hace poco la Unesco en un revelador documento sobre la concentración en el mundo de la comunicación.

En Estados Unidos, Canadá y en la Unión Europea existen leyes que impiden los oligopolios o las posiciones dominantes en materia de comunicación. Y es el Estado, en esos casos, el que se ocupa de controlar que las normas se cumplan. Pero en América Latina la situación es diferente. Hay algunas reglas, pero no se aplican, o se cambian a gusto y placer de los interesados.  

En Argentina, la concentración en pocas manos del “negocio” de la información no fue generada por el macrismo, viene desde hace décadas. La apropiación indebida del mercado es producto de democracias jóvenes y débiles. Todos los gobiernos, incluso (especialmente) los de facto, buscaron que los jugadores masivos de la comunicación estuvieran de su lado. Y realizaron concesiones a algunos, muy pocos, propietarios de medios.

En la historia reciente, el kirchnerismo tuvo a Clarín de su lado en los primeros cuatro años de gestión. Cuando se enfrentaron, la administración de Cristina promovió, de manera directa e indirecta, la creación de nuevos medios. Pero se aseguró de que estuvieran en sintonía con sus intereses políticos.

En este corto período de gobierno de Cambiemos muchos de esos medios desaparecieron por culpa de sus propios dueños y de una solidez económica artificial. Los más fuertes, en cambio, crecieron. En el medio, voces opositoras perdieron lugares importantes en canales y diarios de gran llegada.

Uno de los canales de cable más críticos del macrismo, C5N, atraviesa una grave crisis financiera y su futuro es incierto. Las razones, que en algunos casos tienen que ver con cuestiones delictivas, son parte de otra discusión. 

Se propagó, por acción de la Casa Rosada y con raras excepciones, la uniformidad de voces. Es decir que, con distintos métodos, el macrismo se parece al kirchnerismo y a gobiernos anteriores que buscaron dominar el discurso público.

En este contexto, el presidente Mauricio Macri anunció en la asamblea legislativa el envío de una nueva ley de telecomunicaciones para generar más oferta a la demanda de los usuarios. Lo hizo tras las críticas, incluso de empresas internacionales que buscan meterse en el negocio, por el guiño a la fusión entre Clarín-Cablevisión y Telecom.

Lo primero que hay que observar es el anuncio en sí mismo. Cambiemos derogó artículos de la Ley de Medios promulgada por el kirchnerismo. Aunque algunos ex funcionarios admitieron que la norma buscaba, en líneas generales, dañar a Clarín, también tenía cantidad de aspectos positivos que tendían a aportar a una potencial pluralidad de voces.

Pero la intervención del macrismo en la materia fue para generar el efecto contrario y darle mayor solidez a uno de los principales jugadores de la comunicación. Si Defensa de la Competencia termina aprobando la fusión que, de hecho, ya se hizo, Clarín/Telecom será una de las compañías más grandes en comunicación en América. 

Tendrá uno de los diarios y páginas web más visitadas, servicio de TV paga con posición dominante, canal de aire y de cable con audiencia importante, radio más escuchada en el país, diarios muy dominantes en el interior de Argentina, más telefonía fija y móvil. 

Para Martín Becerra, investigador del Conicet y especialista en medios, esta concentración es una amenaza grande al ecosistema de medios y es “inédita en América Latina”, porque ni siquiera “O Globo en Brasil o Televisa en México son dominantes en más de un sector de los medios de comunicación”, precisó.

Tanto O Globo, como Televisa o Claro, de Carlos Slim, facturan más que Clarín, pero no tienen el poder dominante en tantas áreas de la comunicación como el grupo argentino (en televisión, gráfica, web, radio, tv paga y telefonía, ahora, con la fusión).

Becerra aporta otro dato: Macri y sus funcionarios prometieron varias veces una nueva ley de telecomunicaciones desde que asumieron en 2015, pero nunca la mandaron. Eligieron, en cambio, regular el sistema a decretos, pasando por encima del Congreso.

Macri prometió a los principales rivales de Telecom, que son Slim y Telefónica de España, que les permitirá meterse en el negocio de la TV paga. En rigor, el Gobierno autorizó a esos grupos a operar en TV por cable, pero ninguna de las dos empresas tiene la red para poder competir (por responsabilidad propia). 

Lo que esperan es un aval para dar TV satelital, como Direct TV. Tanto Telefónica como Claro tienen sus satélites apuntados a la región porque de hecho prestan el servicio en países limítrofes como Chile.

Aún si el Gobierno diera a otro gigante como Telefónica o Claro la posibilidad de meterse en el “cuádruple play”, la información en la Argentina seguirá en manos de pocos y poderosos jugadores. La historia se repite con cada gobierno: la comunicación es siempre un negocio redituable. Para las empresas, por dinero y poder. Y para los presidentes, porque se dejan envolver por un “toma y daca” que, suponen, los beneficiará en las urnas.