El regreso del FMI

La pésima costumbre de mirar la paja en el ojo ajeno

¿Qué pasa con nosotros, que no reaccionamos ante promesas incumplidas pero sí cuando nos tocan el bolsillo?
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viernes, 11 de mayo de 2018 · 18:31

Mauricio Macri atraviesa una crisis de credibilidad. Y no por la larga lista de cosas que prometió en campaña y no cumplió cuando llegó al poder.

Repasemos. Macri dijo antes de asumir que no tocaría las tarifas, que los trabajadores dejarían de pagar ganancias, que controlaría sin problemas la inflación, que en cuatro años Argentina tendría pobreza cero. 

Al poco tiempo de estar en el sillón de Rivadavia, el Presidente inició un proceso de aumento “gradual” de tarifas, no eliminó el impuesto a las ganancias, no logró dominar la inflación y minimizó el eslogan “pobreza cero”.

Sin embargo, Macri no perdió la credibilidad por haber hecho lo contrario a lo que dijo que iba a hacer. La perdió en el mundo financiero por no haber hecho otras cosas. El malestar de ese mundo es el que provoca ahora una corrida cambiaria que lleva muchos días y precipita la asistencia del FMI.

La falta de credibilidad de empresarios e inversionistas -que no terminan de mirar con buenos ojos al Presidente- es la que al mismo tiempo le puede generar un dolor de cabeza con su electorado. 

En octubre, cuando Cambiemos ganó las elecciones de medio término con comodidad, había dos cosas que ahora son diferentes. La primera, que a la mayoría de los votantes les llegaba el discurso anticorrupción y el temor a un regreso del kirchnerismo.

La segunda, que tiene que ver con la primera: el dólar cotizaba en 18 pesos y había cierta tranquilidad en los mercados. Post elección, Macri lanzó, para algunos de manera apresurada, su campaña por un segundo mandato. Y buena parte de los analistas descontaban la permanencia en el poder de Cambiemos después de 2019.

Ahora son pocos los que firman un resultado favorable para el macrismo dentro de un año y medio. Y eso que no está claro que alguien en la oposición pueda capitalizar una caída en la imagen de la gestión PRO.

El anuncio de la vuelta al FMI no sólo es un golpe por lo que significa simbólicamente para los argentinos esa sigla. Sino porque implica que se apela a un recurso extremo, porque lo que tenía en mente el Presidente no dio el resultado esperado. Es el Plan B, o el C, quién sabe.

Pero además implica que habrá que hacer ajustes, algo no demasiado rentable en tiempos pre electorales. La reducción anunciada en la obra pública impactará negativamente en el empleo, en el consumo y por tanto, en los votos.

La gobernadora, que sintió la caída de la imagen de Macri en carne propia, bajó el perfil. ¿La están cuidando?

Por cierto, ¿dónde está Vidal? Hizo dos apariciones esta semana, pero bajó bastante el perfil mediático. ¿La están preservando? Los peronistas del Conurbano, siempre atentos a las encuestas, ya avisaron que la gobernadora, la dirigente con mejor imagen entre los políticos, empezó a sentir los efectos de una economía que no despega.

Es más, algunos se entusiasman con un repunte de Cristina Kirchner que, con su silencio, crece más que cuando da discursos, algo que también le ocurría en el pasado.

Intendentes del PJ se preguntan cuánto tiempo tardarán aquellos que votaron al PRO en las últimas dos elecciones en empezar a mirar con otros ojos al peronismo, y sobre todo al kirchnerismo. Porque, se sabe, con el bolsillo de la clase media no se jode si se quiere ganar una elección. El humor social de ese estrato inclina balanzas. Las tarifas y el dólar, que no tienen grieta, son el talón de Aquiles de cualquier Gobierno.

Ahí no hay Jaime Durán Barba que valga. La crisis cambiaria produce otro efecto preocupante para el macrismo: ahora, todos “se le animan” al gobierno. 

Claro ejemplo de ello: Un operador judicial que fatiga los pasillos de Comodoro Py dijo a este medio que se cansó de implorar, esta última semana, cosas que antes ni siquiera tenía que pedir.

Otro: Un grupo nutrido de empresarios de primer nivel se reunieron sin demasiado secreto en plena disparada del dólar y anuncio del FMI de por medio con el presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, en el salón del Jockey Club. 

Lorenzetti no puede garantizar el voto de otros miembros de la Corte en causas que preocupan a estos empresarios, pero sí está en la línea de sucesión ante una crisis institucional.

El Presidente de la Corte, que se reunió en plena corrida del dólar con empresarios de primer nivel, está en la línea de sucesión ante una crisis institucional. ¿Los empresarios creen que se viene una crisis democrática? ¿Y Lorenzetti?

 

De esa posición de Lorenzetti se agarraba Carrió en el pasado reciente para pedirle un jury al juez: “Es un desestabilizador de la democracia”. La pregunta es ¿Los empresarios también creen que una corrida cambiaria como ésta termina en una crisis institucional? Si es que lo creen, ¿no tienen tapujos en enviar el mensaje a la Casa Rosada? A la que le llegó el mensaje, sin dudas, es a Carrió, que difícilmente se quede de brazos cruzados. Sólo uno de los empresarios que estuvo en esa mesa junto a Lorenzetti fue invitado después por Macri a Olivos, Cristiano Rattazzi, el CEO de Fiat. 

El empresario pidió, en directo por la CNN, un dólar a 26 pesos. El viernes cerró en casi 24 pesos. 

¿Cómo terminará el conflicto docente, y otras paritarias, en medio de esta corrida cambiaria y la irrupción del FMI? Hay opositores que agitan discursivamente una salida precipitada de Macri que a nadie, ni siquiera a ellos, les haría bien. Es algo imposible, esto no es 2001, no hay convertibilidad 1 a 1, ni el mismo nivel de deuda, ni las mismas condiciones políticas.

¿Por qué la credibilidad de un presidente en Argentina depende más de los factores externos que de su relación con el electorado? ¿Por qué no es la misma gente la que exige a un gobierno que cumpla con lo que prometió en campaña? ¿Por qué cuando la economía doméstica anda bien, o más o menos bien, todos se preocupan por la corrupción y cuando las papas queman esa preocupación pasa casi al último escalón? (La última encuesta de Management and Fit ubica muy abajo en la escala de prioridades de la gente las irregularidades en el manejo de la cosa pública) Y sobre todo, ¿por qué los argentinos siempre esperamos a que nos toquen el bolsillo para reaccionar?

La gente no reacciona ante las promesas incumplidas, reacciona cuando le tocan el bolsillo. Eso debería cambiar.

 

Este último dato es el que provoca que, al menos en la Argentina, la historia siempre se repita. Se necesita un cambio cultural de fondo. Todavía no hay indicios ni siquiera de que hayamos comenzado a transitar por ese camino. Los vaivenes de la Argentina son responsabilidad primaria de una sociedad que nunca se hace cargo de nada. Y por lo visto no planea hacerlo. La crisis de credibilidad no es sólo de Macri, ni de los medios, ni de los empresarios. Es de todos. Pero nunca es fácil revisar los errores propios. Siempre es más cómodo mirar la paja en el ojo ajeno.