EDITORIAL

Macri debe gobernar, Marcos Peña renunciar

Esta es una presidencia virtual, depositada de facto en las manos de Marcos Peña, con la dirección técnica de Jaime Durán Barba
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lunes, 14 de mayo de 2018 · 18:16

Por Federico Mena Saravia.- En la historia argentina ningún proceso económico, político o social es nuevo o casual. Todo forma parte de una inacabada cadena de sucesos que informan que incluso las crisis son siempre la expresión final de ese momento. 

La economía, que ha tomado un lugar hegemónico en el poder, lleva a que los jefes de Estado terminen delegando su función natural de gobernar en manos de tecnócratas o “gurús”, que podrán saber de variables económicas o estrategias de marketing político, pero que no están capacitados para tomar decisiones políticas. 

La de Macri es una presidencia virtual, depositada de facto en las manos de Marcos Peña y con la “dirección técnica” de Jaime Durán Barba, cuyas decisiones no coinciden con la realidad, mientras se fue despojando de aquellos economistas que le advertían los errores como Alfonso Prat Gay, Martín Lousteau o distanciando de políticos como Emilio Monzó, que le cuestionaban el camino elegido (dicen que, empujado por las circunstancias y para socializar el costo político, lo volvió a sentar a su mesa al diputado). 

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Un gobierno, en un país como la Argentina, no puede transitar solamente sobre variables económicas, descuidando la cuestión social, que en el en caso de Mauricio Macri se ha convertido en su Talón de Aquiles.

Sabido es que no fue el más lúcido de los integrantes del grupo familiar, no obstante, no es un improvisado en cuestiones económicas pero su educación elitista alejada de las realidades de la vida común lo han cubierto con una pátina de insensibilidad que ahora le está pasando una abultada factura. 

Por si fuera poco el desinterés social, en este gobierno sus principales ministros han admitido tener su dinero depositado en cuentas en el exterior demostrando no sólo nula confianza en su propio sistema sino que serían los primeros beneficiados con una devaluación en lo que constituiría un atentado al concepto de soberanía que llevaría a Macri a transitar los tribunales. 

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Es imposible pensar en aplicar incrementos tarifarios de hasta un 500%  en servicios básicos como la luz o el gas aunque vinieran desfinanciados por errores de políticas anteriores. La lógica más elemental aconseja un programa gradual a cinco o diez años, excepto que la intención haya sido provocar una descomunal transferencia de fondos a los grupos empresarios propios y cercanos. 

Si bien existe una gran diferencia entre un político de formación humanista y uno que viene del mundo de la empresa, Macri ha cometido errores impensables al delegar el gobierno en técnicos y burócratas como Marcos Peña, defender a un Luis Caputo o permitir el blanqueo de capitales de sus familiares. 

No existen en este país mecanismos judiciales que garanticen la idoneidad para ejercer el cargo de Presidente de modo que ante la incapacidad manifiesta pueda ser removido. Siempre los costos de los malos gobiernos los paga la clase media, porque las clases más bajas no cambian en mucho su realidad y las élites se enriquecen todavía más. Hoy la sociedad le reclama actos claros de gobierno como un cambio de gabinete urgente donde la renuncia de Marcos Peña sea la primera señal para evitar una debacle económica.

La promesa electoral de un gobierno decente se ha diluido y la transparencia está bajo sospecha. La salida a la crisis ha sido un retorno a la vieja fórmula de pedir un préstamo al Fondo Monetario Internacional a desprecio de la crisis social que ello devengue, sin indagar siquiera en otras alternativas como la línea de créditos “Swaps” cuando la liquidez se estrecha y que permitió solucionar crisis como la de México o Corea. 

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La Administración Macri vuelve a cometer el error pretender iniciar todo de nuevo sin considerar lo bueno que se pudiera haber hecho. Tampoco ha contribuido a cerrar la grieta sino que la profundizó a través de una política mediática basada en detenciones cinematográficas mientras se maquilla la situación con campañas en las Redes sociales. 

Si ficticia es la realidad que muestran, también lo es la que ellos mismos viven porque todos los funcionarios pertenecen a una élite que nunca ha tenido necesidades y piensan la política desde un escritorio, retroalimentándose con la misma ficción que ellos producen. 

A esta altura habría que revisar la conveniencia de unificar los mandatos para que se vote cada cuatro años a fin de pensar un sistema republicano y verdaderamente demócrata ya que la actividad electoral cada dos años promueve que un gobierno deje de trabajar para pensar en las elecciones. 

Tampoco debería permitirse la vuelta de expresidentes como el caso de Cristina Fernández, que piensa en su retorno. En los países desarrollados los ex presidentes dan conferencias, en este caso, CFK es un obstáculo para la continuidad democrática. 

No sólo redes sociales han contribuido al diseño ficticio de un gobierno ineficaz sino también los grandes medios de comunicación que continúan manteniendo en las pantallas a los mismos periodistas que siempre fueron funcionales a los procesos anteriores ocultando la crisis. Así como la política precisa de un recambio generacional, los medios de comunicación también para recuperar en lo que se pueda lo doctrinario de la profesión frente a los formadores de opinión que terminan siendo mercenarios rentados.

Si en las clases marginales se roba a mano armada pero desde los gobiernos se malversa con asimetría de información, un procedimiento penado en los Estados Unidos.

 El futuro inmediato exige la búsqueda de puntos comunes, de acuerdos políticos que protagonicen figuras con experiencia de gobierno y con un pensamiento superador, y los hay, como el caso de Sergio Mauricio Uñac de San Juan, Alfredo Cornejo de Mendoza, Juan Schiaretti o José Manuel De la Sota que en Córdoba o Juan Manuel Urtubey en Salta, que supieron alternar hábilmente el poder manteniendo la tranquilidad institucional y el sustentabilidad social.

 


 

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