Nota de opinión

Sociedad patriarcal y proxeneta

En estas épocas neoliberales la distancia entre las definiciones y la realidad es bien notoria y, en estos días, es un lujo tener trabajo. Trabajo ¿es cualquier actividad que reproduzca la vida humana?
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lunes, 14 de mayo de 2018 · 19:11

Por Camila Ríos Fernández.- Dicen que el trabajo dignifica. Dicen que dicen... ¡Dicen cada cosa! Si buscamos en Google que todo lo dice y todo lo sabe, encontramos que el derecho al trabajo es un derecho fundamental humano. En la Argentina, la Constitución establece que el trabajo en sus diversas formas gozará de la protección de las leyes y que todas las personas tenemos derecho a la libre elección del mismo, a hacerlo en condiciones dignas y equitativas, a la jornada limitada, al salario justo, al descanso y vacaciones pagas y a la protección contra el despido arbitrario.

En estas épocas neoliberales la distancia entre las definiciones y la realidad es bien notoria y, en estos días, es un lujo tener trabajo. Trabajo es cualquier actividad que reproduzca la vida humana.  

La clase obrera no elige trabajar, no le queda otro remedio. Y la mayoría de las veces tampoco elige el trabajo que hace, es simplemente el que hay. Lo que tenemos que cuestionar justamente es que vivir del trabajo y la idea de que trabajar por necesidad dignifica. Tener que trabajar en actividades terribles o desagradables (desde la cosecha de algodón a destapar cloacas) para que los otros obtengan sus ganancias, no es digno.

La pregunta que tenemos que hacernos con relación a la prostitución (que sí es un trabajo porque permite que mucha gente sobreviva o viva) es si resulta socialmente aceptable. Vale decir, si una sociedad puede o debe aceptar que sea una actividad reglamentada. Entonces, a partir de ese parámetro de la aceptabilidad social, se abren dos campos: uno que no es aceptable porque vulnera el deseo, el cuerpo, la salud, en suma, los derechos de (la mayoría) mujeres (travas, trans). La otra, es la cuestión de la reglamentación. ¿Hay que reglamentarla? ¿A quién favorece la reglamentación?

Claramente, la reglamentación de esta actividad equivale a blanquear y favorecer al proxenetismo, porque tanto clientes como proxenetas de manera legal lucrarán con los cuerpos, las vidas, la salud y el deseo de cada persona (particularmente pobre) que por necesidad tenga que recurrir a eso.

Glosario de términos

Cuando hablamos de prostitución es preciso entender mínimamente estas tres posturas:

Prohibicionismo: Criminaliza a la mujer en situación de prostitución pero no al proxeneta.

Regulacionismo: Busca regular, reglamentar la actividad sosteniendo que con derechos laborales las mujeres enfrentarían menos problemas y podrían ejercer libremente la prostitución.

Abolicionismo: Desde estos posicionamientos se busca cambiar las condiciones materiales para que no se tenga que recurrir a la prostitución como única salida. Se castiga a los prostituyentes y se reconoce como víctima a la persona prostituida.

Algunos interrogantes me acompañan hace algún tiempo:

¿Una persona elige libremente ser prostituida, cuanta autonomía realmente subyace en quienes dicen optar por esta elección? ¿Hay prostitución voluntaria? ¿Qué correlación existe entre la entrada en la prostitución y la violencia sufrida durante la primera infancia? ¿Qué cuestiones aparecen en torno a abusos, malos tratos, naturalización de las violencias?

¿Por decisión propia llega una persona a pararse en una esquina toda la noche soportando frío, lluvias apoyada en una pared para ser sujeto de consumo de varones? Porque la prostitución aparece nuevamente como otro privilegio de los varones, que pagan por abusar sexualmente de cuerpos ajenos y aquí se sienten con la potestad de exigir cosas que en ninguna relación consentida podrían, ¿Por qué? Simplemente porque pagaron por ello.

¿De verdad se puede argumentar seriamente que es trabajo, la explotación sexual que padece una mujer en un boliche donde de lo que genera sólo se llevará el 20 % de lo recaudado? ¿Elige? ¿Es una elección?

¿Qué condiciones sociales, económicas hay detrás de una persona en situación de prostitución? Para comprender a las personas hay que pensarlas en su contexto, atravesadas por sus historias y mandatos. Oportunidades desiguales o quizás sin oportunidad para acceder a la educación elemental, sin mencionar el acceso a la Educación Sexual Integral (que fue considerada en varias de mis columnas) condiciones que implican quedar fuera de una posterior formación en oficios o profesiones.

Detrás de esto se esconde la pseudo libertad de elección de muchas identidades que siquiera sin saberlo son presos/as de redes de trata o de fiolos explotadores que no están solos. Porque esos tipos negocian con el estado a través del pago de coimas, o arreglos con la policía.

Podríamos agregar también con todas las letras que existe un estado prostituyente cómplice, aunque se suscribe Abolicionista.

Donde hay prostitución, sin lugar a dudas, hay complicidad política y policial. ¿Las tienen agarradas de grilletes en una cama? Muchas veces no, pero no siempre hacen falta. Ya las quebraron a través  mecanismos de violencia y de control muy eficaces. El sistema prostituyente utiliza estas desigualdades y estos traumatismos, condiciones naturalizadas en su propia utilidad.

Algunas personas, a favor de esa idea de la prostitución como trabajo sexual argumentan planteando que cada quien es dueño de su cuerpo y así como el albañil pone sus manos en su trabajo, otros/as usan los genitales como fuerza de trabajo.

La prostitución incluye más que la decisión sobre el propio cuerpo. Es el pasaje de sujeto a objeto. Objeto que se puede golpear, penetrar, ensuciar, denigrar, fragmentar “como quien quiere la cosa”.

Uso la palabra Puta y no prostitución ni ninguna otra palabra que enmascare minimice o maquille la realidad. La prostitución implica sometimiento, estigmatización social, involucra la violencia física, cultural, social, emocional. Rompe con la idea de sujeto de derechos  para convertirlas en objetos comprables, intercambiables por dinero.

Al interior del movimiento feminista existen dos posturas sobre la temática. Por un lado, las "regulacionistas" que son las que entienden la prostitución como un trabajo, cuestionan la "criminalización" y defienden el derecho a ejercer libremente el "trabajo sexual".

Por otro las "abolicionistas”, entre las que me incluyo, que entendemos que la prostitución es una violación a los derechos de las mujeres y las identidades travesti/trans y que ninguna persona voluntariamente elige ser prostituta, que no es una decisión tomada en libertad, sino que es producto de la desigualdad de oportunidades y de violencias padecidas anteriormente.

La prostitución es el privilegio del varón sobre una persona en necesidad y vulnerada en sus derechos. ¡Minimizado claro! ¡Si es el oficio más antiguo del mundo! ¡Claro! ¡Clarísimo! Es  un privilegio patriarcal ancestral. Y ya es hora que se acaben los privilegios.

Para quienes estén interesados en seguir pensando estas cuestiones en Buenos Aires, 17, 18 y 19 de mayo de 2018. Centro Cultural General San Martín, Sarmiento 1551, salas C y D se llevará a cabo el primer Congreso Abolicionista Internacional: Hacia un abolicionismo real.