Disputas en Cambiemos

La "locura" de Carrió

Muchos exabruptos, fuego amigo que obliga a Macri a contener a sus aliados. ¿Qué busca Lilita? El antecedente de la reforma jubilatoria, las tarifas, Maldonado y el aborto
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jueves, 12 de julio de 2018 · 18:20

“Al final, los radicales tienen que reconocer que están con una exmiembro que los maneja desde afuera... ¡es divino!”...

El fuego amigo de la diputada Elisa Carrió le cuesta trabajo a Mauricio Macri. Cada dardo de Lilita obliga a una cena con la cúpula radical, a un reto de Marcos Peña, a algún llamado telefónico, o a algún reproche.

El primer impulso de oficialistas y opositores ante sus ataques, furcios, chicanas y exabruptos es realizar un diagnóstico médico, “está loca”.

Pero no está loca. Juega su juego. Es inviable ofrecer una visión médica desde esta columna. Pero sus actos son premeditados y tienen un objetivo. Se podrán reprobar o no, pero están pensados en frío.

Su flamante cruce de chicanas con Alfredo Cornejo es un caso testigo. Ella le recordó su pasado K, él la llamó mesiánica y egoísta. Y si bien es cierto que la diputada abusa de conceptos más ligados al misticismo y a la religión, y que muchas veces carece de diplomacia, el disparo a Cornejo tiene por objetivo final a otro radical, el mendocino Ernesto Sanz.

Lilita le disputa a Sanz la ascendencia sobre Macri, la influencia en la toma de decisiones. El mendocino fue el artífice del pacto UCR-PRO que depositó a Macri en la Casa Rosada. Y es, hoy, uno de los más escuchados por el Presidente.

Ella no sólo quiere dominar la interna en Cambiemos, también pretende influir en la radical, partido al que perteneció y al que renunció poco antes de que la misma Alianza que ella había formado explotara por el aire en 2001.

La distancia entre Carrió y Sanz también tiene otro tercero en discordia: el presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti, con quién la legisladora entabla una batalla sin cuartel. Y en cambio Sanz mantiene buena relación.

¿Cómo empezó este último round con los radicales? Con la frase que se cita al principio de esta nota, sobre el control y el aporte que ella hace dentro de la coalición de gobierno: “los radicales harán lo que nosotros digamos”, agregó. 

Estaba en una charla abierta, delante de cámaras de TV. Sabía que iba a generar reacciones. En el fondo ¿Es mentira lo que dijo? Son los mismos radicales los que se quejan de la falta de incidencia en la mesa chica de Cambiemos. Muchos de ellos reconocen que se enteran de medidas trascendentales por los medios. Carrió también. Pero ella aprovechó ese complejo que tienen dentro de la UCR para hacerlos reaccionar. Y lo logró. De paso, desacreditó por K nada menos que al jefe formal del Partido y una de las voces más críticas dentro del oficialismo. Sin embargo, no es un dato menor que Lilita había ido a Paraná, Entre Ríos, a esa charla, a apoyar a un radical.

Y de hecho su pelea no es con todo el radicalismo. En su afán por ganar poder se abraza con Mario Negri, su amigo, pero la alianza al menos de su parte es por conveniencia. Negri es un peso pesado en la UCR y también en Cambiemos: lidera el interbloque de Diputados.

Negri, inclusive, intentó suavizar los ataques de Carrió y le reconoció el pedido de disculpas. Ella sabe que el diputado no tiene la misma visión acerca de cómo liderar el partido radical que Sanz. 

Y le pasa fuera de su pelea con la UCR. Ataca a Angelici pero defiende a Rodríguez Larreta. Lilita no tiene “buena onda” con María Eugenia Vidal, que la alejó de su candidatura bonaerense, pero por ahora hace que la respalda. 

Carrió llama la atención de sus socios cuando considera que no es escuchada, o que no se toma en cuenta su opinión para una decisión. Amenazó con dar quorum el día que la oposición quería imponerse con las tarifas, envió mensajes desafiantes al macrismo desde tuiter más de una vez, y amagó con “romper” Cambiemos -aunque en el fondo no es lo que busca- por la votación del aborto.

Casualmente la votación sobre el aborto la distanció de algunos de los miembros de la Coalición Cívica que ella conduce. Su actividad parlamentaria es bastante escasa. Y de hecho, hasta que Fernando Sánchez aceptó un cargo en el gobierno nacional, ella delegaba en él la mayor parte de las cosas.

Intentó reemplazarlo con Juan Manuel López, abogado, legislador y uno de los que lleva adelante muchas de las denuncias de Lilita. Pero el joven López votó a favor del aborto. Y ella se vio en la necesidad de involucrarse más. 

Carrió hizo amagues de ruptura también con la reforma jubilatoria, y se mostró como la "garante" de que la tercera edad, en teoría, no perdiera poder adquisitivo por un bono compensatorio. Pero en las medidas más espinosas, hasta ahora, Lilita defiende a Macri sin dudar.

¿O no quiso hacerlo cuando declaró, cruelmente y sin compasión, que era posible que Santiago Maldonado estuviera en Chile "en un 20 por ciento"? Pareció y parece hoy una locura, pero lo que ella dijo lo pensaba buena parte de la sociedad, que sigue abonando que, lo que finalmente se supo fue ahogamiento, fue accidental y no consecuencia de un accionar represivo de la Gendarmería.

¿O no quiso defender a Macri cuando, para algunos de manera torpe, declaró que Macri habilitó la discusión del aborto porque le aseguraron que no iba a ser aprobada la despenalización? Para algunos analistas, Carrió dejó mal parado a Macri, como alguien desinformado.

Pero se puede mirar de otra forma. Ella quiso calmar la grieta. Algunos sectores antiabortistas, que confían en la honestidad de Carrió, que son de clase media alta, más tirando a la tercera edad, creyeron que el Presidente fue engañado por su propia tropa y no que habilitó la discusión aún sabiendo que podía avanzar con éxito.

El gran dilema de Macri es qué hacer con Carrió. La diputada no tiene estructura partidaria ni territorio, pero aún conserva buena imagen (de hecho tuvo récord con la millonada de votos que obtuvo en Capital) y, quizás lo más importante, le entregó el certificado de honestidad al Gobierno, cuál escribana. 

Es cierto que la corrupción no está en agenda como cuando Macri llegó al poder. Pero también lo es que una pelea pública o privada del Presidente con la legisladora podría derivar en algunas acusaciones o críticas que Carrió se guarda en pos de preservar la coalición de gobierno, y su poder dentro de ella.