Editorial

El armado silencioso de Juan Manuel Urtubey

Con la oposición desconcertada, el gobernador peronista recorre el país y suma elogios entre sus colegas, inclusive extrapartidarios.
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lunes, 02 de julio de 2018 · 21:53


En medio de un desconcierto generalizado de la oposición, el gobernador peronista Juan Manuel Urtubey teje, con paciencia, un armado territorial nacional con la mira puesta en 2019.

Sin ir más lejos, la semana pasada, estuvo con el neuquino Omar Gutiérrez y con el rionegrino Alberto Weretilneck. Antes había hecho lo propio con el santafesino Miguel Lifschtiz y con varios de sus colegas peronistas.

El salteño, que culmina los tres períodos que le permite la constitución provincial, fatiga el norte, el centro y el sur del país; mantiene reuniones, y levanta su perfil.

Urtubey cosecha elogios entre varios gobernadores, incluso más allá del peronismo: la lista incluye a los socialistas de Santa Fe, al Movimiento Popular Neuquino y al frente Juntos Somos Río Negro de Weretilneck.

El salteño, que no oculta sus intenciones de llegar a la Casa Rosada, y de ponerle fin a la grieta entre los argentinos, tiene muy buen vínculo con gobernadores de peso en el interior.

Los lazos del mandatario provincial se extienden al cordobés Juan Schiaretti, al chaqueño Domingo Peppo, el entrerriano Gustavo Bordet, la fueguina Rosana Bertone y el sanjuanino Sergio Uñac, entre otros.

Urtubey representa al ala “dialoguista” del peronismo, pero si bien ha mostrado racionalidad a la hora de acompañar en algunos proyectos al macrismo, no oculta sus críticas al rumbo económico.

De buena relación también con el grueso del PJ del Senado y con varios puentes en la Cámara de Diputados, el mandatario prefiere mantenerse ajeno al Conurbano bonaerense, bastión todavía del kirchnerismo, precisamente porque considera que lo mete en una discusión vieja que fomenta esa grieta a la que él quiere ponerle fin.

De los gobernadores peronistas está claro que el del norte es la figura que hoy se encamina a cosechar la mayor cantidad de apoyos peronistas y provinciales en todo lo que no sea la provincia de Buenos Aires, donde siempre los intendentes se definen a último momento.

La ventaja del salteño frente a un candidato que esté por fuera del peronismo, inclusive de un potencial delfín kirchnerista, es que la mayoría de los gobernadores que no comulgan con el macrismo fueron los grandes desplazados durante la era K.

No olvidan esos gobernadores -o sus sucesores- que tenían que rogar y aceptar imposiciones electorales, políticas y económicas cuando Cristina detentaba el poder. 

Y esos gobernadores, a diferencia de algunos intendentes del Conurbano bonaerense, no tienen ninguna necesidad de aliarse al kirchnerismo. Menos aún porque ellos adelantarán en todos los casos su elección: llegarán a la definición presidencial sin compromiso territorial.

Pero tendrán la posibilidad de un armado más plural (y de más bancas en el Congreso) con Urtubey que con cualquier dirigente del kirchnerismo. 

Hay dos variables que ni el salteño ni el resto de la oposición controla y que pueden modificar el escenario. Cómo sigue la economía el año que viene es una de ellas. Si Cristina Kirchner se presenta a la elección o no, es la otra. Porque la ex presidenta contribuye a una polarización que deja poco espacio a las posiciones intermedias. Es amor, odio. No hay allí racionalidad. Y en ese caso, muchos dirigentes, tal vez, opten por preservarse para más adelante.